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22 de octubre de 2026 

Génesis 32: 24 al 28.

De modo que Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta la salida del sol. Pero cuando ese hombre vio que no podía vencerlo, lo golpeó en la coyuntura de su muslo, y en la lucha el muslo de Jacob se descoyuntó. El hombre dijo: Déjame ir, porque ya está saliendo el sol. Pero Jacob le respondió: No te dejaré ir, si no me bendices. Aquel hombre le dijo:¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el hombre dijo: Tu nombre ya no será Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

LUCHAR CON DIOS…

Dios no siempre nos da lo que queremos, al menos no de inmediato. ¿Lo has notado? Oras y oras y oras por algo, pero parece que no hay respuesta. A veces nos desanimamos o nos enojamos con Dios porque pareciera que no escucha. ¡Hasta podríamos concluir que Dios no nos ama!

Acusar a Dios de no amarnos es un pecado gravísimo. Dios es amor. Él mostró ese amor cuando envió a su Hijo a morir en una cruz como pago por nuestros pecados. El amor de Dios por nosotros es más grande que cualquier otro amor que podamos imaginar.

Entonces, ¿por qué Dios no nos da lo que queremos cuando lo queremos? A veces nos da la oportunidad de ejercitar la fe siendo perseverantes en la oración. Luchar con Dios en oración es una manera de demostrar que confiamos en que él hará lo mejor para nosotros, a su tiempo y a su manera.

Nosotros no lucharemos físicamente con Dios como lo hizo Jacob en esta historia tan singular de la Biblia. Pero sí luchamos espiritualmente con Dios en nuestras oraciones. Como Jacob, sé valiente y persistente al pedir la bendición de Dios. Y luego confía en que el Dios de amor responderá de la manera que sea mejor para ti.

Oremos:

Padre celestial, dame fe para confiar plenamente en ti. Dame un espíritu de oración perseverante, que sabe que tú harás lo que sea mejor para mí. Amén.