17 de octubre de 2026
Lucas 18:1.
Además, Jesús les contó una parábola en cuanto a la necesidad de orar siempre y de no desanimarse.
ORA SIEMPRE…
¿Cuánta oración es demasiada oración? Si Jesús es nuestra medida, ninguno de nosotros corre el peligro de orar demasiado.
Lucas nos dice en su Evangelio que «Jesús se retiraba a lugares apartados para orar» (Lucas 5:16). Lucas enfatiza, más que cualquier otro evangelista, cuánto tiempo pasaba nuestro Salvador en oración. Es él, por ejemplo, quien describe con más fuerza la intensidad de las oraciones de Jesús a su Padre celestial la noche antes de morir. Se nos dice que, «lleno de angustia, oraba con más intensidad. Y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra» (Lucas 22:44). En pocas palabras: Jesús oraba con frecuencia y con gran fervor.
Lucas también nos cuenta que, en cierta ocasión, cuando Jesús estaba orando en un lugar, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar» (Lucas 11:1). No era que los discípulos de Jesús no supieran orar. Ciertamente conocían el proceso. Sin duda habían crecido, en su mayoría, en familias judías fieles, y habían aprendido de sus padres y madres a orar. Como Jesús, tenían la costumbre de ir a la sinagoga cada sábado para escuchar la palabra de Dios y practicar la comunión de la oración con sus hermanos judíos.
Entonces, si sabían orar, ¿qué le estaban pidiendo a Jesús que les enseñara? ¡Querían saber orar como su Salvador! Cuando comparaban su vida de oración con la del Salvador, reconocían al instante que la suya palidecía en comparación. Era evidente que Jesús sabía y entendía algo de la oración que ellos no sabían, y querían conocer su secreto.
Y cuando Jesús les enseñó, a ellos y a nosotros, acerca de la oración, ¿qué punto enfatizó más que ningún otro? ¡La perseverancia! No te des por vencido tan fácil ni tan rápido cuando no recibas de inmediato la respuesta que quieres. ¡Una vida de oración perseverante, aun sin respuestas visibles, es en sí misma un beneficio y una bendición!
¿Con qué frecuencia debemos orar? La respuesta de Jesús es sencilla y profunda a la vez: nos anima a orar siempre.
Oremos:
Jesús, concédeme por tu Espíritu una fe abundante, y guíame a orar continuamente por todo lo bueno que viene de ti. Amén.