Lunes 28 de septiembre de 2026
Hebreos 13: 1
Que el amor fraternal permanezca en ustedes.
…UNA CLASE EXTRAÑA DE AMOR…
Jesús había amado a sus discípulos durante los tres años que estuvo con ellos. Ahora que su muerte estaba cerca, Jesús les mostró cuánto los amaba: se levantó, se quitó el manto, se ató una toalla a la cintura y les lavó los pies.
Se agachó y limpió la mugre de entre los dedos de los pies de sus discípulos. Uno por uno les lavó los pies: los pies del que estaba a punto de traicionarlo, del que lo negaría, del que dudaría de él, de un escéptico, de un cobrador de impuestos, de dos hermanos que buscaban gloria, de un zelote.
A los discípulos les pareció extraño. Lavar los pies era un trabajo sucio que solía encargárseles a los siervos. Pero allí estaba su maestro, mostrándoles lo que es el amor por medio del servicio: un amor que se da. Y estaban a punto de ver un amor aún más extraño: lo verían entregar su cabeza a las espinas, sus manos a los clavos, su costado a una lanza, su vida por la nuestra.
Es una clase extraña de amor. El amor de Jesús es ajeno a este mundo; no se parece a nada de lo que genera el corazón humano. El suyo no es un amor que actúa solo si obtiene de nosotros lo que quiere: a él le encanta ayudar sin esperar ni exigir nada a cambio.
Cuando nos da su ayuda, nos da nada menos que su amor. Y como el amor es lo que él es, nos da nada menos que a sí mismo. Cuando lo tenemos a él, tenemos su ayuda, tenemos su amor, tenemos todo lo que necesitamos para amar como él nos ha amado.
Eso es lo que el escritor de la carta a los Hebreos nos anima a hacer en la lectura bíblica de hoy: amarnos unos a otros como Jesús nos ha amado. Amar con acciones: sirviendo, compartiendo, ayudando. Busca hoy oportunidades para hacerlo.
Oremos:
Dios de paz, equípame con todo lo bueno para hacer tu voluntad, y obra en mí lo que es agradable delante de ti. Amén.