Nos encantaria Saber de ti y tu experiencia con palabras de Bendicion, envianos un mensaje de texto
Hoy , mientras tú escuchas este podcast,
hay familias que no saben qué van a comer mañana.
Hay madres que se acuestan con el corazón más vacío que la despensa.
Hay niños que aprendieron demasiado pronto lo que significa la palabra carencia.
No porque falte amor…
sino porque falta todo lo demás.
Y en medio de esa realidad silenciosa,
Jesús sigue mirando, sigue esperando…
esperando que alguien decida ser Sus manos.
Vivimos en un mundo donde muchas veces pasamos de largo.
Vemos la necesidad, pero seguimos caminando.
Vemos al hambriento, al necesitado, al olvidado…
y pensamos que alguien más se hará cargo.
Pero Jesús nunca pasó de largo.
Él se detenía. Miraba. Tocaba. Restauraba.
“A Jehová presta el que da al pobre,
y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.”
— Proverbios 19:17
Este versículo nos revela una verdad poderosa:
Dios se identifica tanto con el necesitado, que considera nuestra ayuda como un préstamo hecho a Él mismo.
Ayudar al pobre no es solo un acto social.
Es un acto espiritual.
Cuando damos con amor:
Jesús mismo se hizo pobre para enriquecernos con su gracia.
Él alimentó al hambriento, sanó al enfermo, defendió al rechazado
y nos dejó un ejemplo claro:
el amor se demuestra con acciones.
Hay familias que no tienen una mesa donde sentarse.
No porque no quieran trabajar,
sino porque la vida los golpeó más fuerte de lo que podían resistir.
Hay padres que salen cada día sin saber si regresarán con algo en las manos.
Hay niños que no piden juguetes,
piden comida.
Piden una oportunidad.
Piden no ser olvidados.
Y Jesús está ahí.
En cada casa sin luz.
En cada plato vacío.
En cada niño que se duerme con hambre.
La pregunta no es si la necesidad existe.
La pregunta es: ¿qué haremos nosotros?
Jesús no ayudó desde la distancia.
Él se acercó.
Se ensució las manos.
Lloró con los que lloraban.
Cuando ayudas:
No se trata de cuánto das,
sino de cuánto amor hay en lo que das.
Tal vez piensas: “yo no puedo cambiar el mundo”.
Y es cierto…
pero puedes cambiar el mundo de una familia.
Un solo acto de amor puede devolver la dignidad.
Una ayuda puede devolver la esperanza.
Y Dios promete que nada de lo que se da con amor queda sin recompensa.
Señor,
permítenos ver el dolor que otros no quieren ver.
Que el llanto del necesitado no nos sea indiferente.
Rompe nuestro egoísmo,
despierta nuestra compasión,
y haznos reflejo vivo de Tu Hijo.
Que nuestras manos alimenten,
que nuestras palabras consuelen
y que nuestras acciones prediquen Tu amor.
En el nombre de Jesús, amén.
Palabras de Bendicion