La señal que Dios prometió fue impactante: una virgen daría a luz a Emanuel, “Dios con nosotros.” Dios —no distante, no apartado— vino a estar aquí, presente, respirando nuestro mismo aire.
El Adviento es el tiempo en el que recordamos que Dios no solo envió un mensaje: Él vino personalmente. Jesús entró en lo ordinario para mostrarnos que nunca estamos solos.
Él siempre está con nosotros. Está contigo ahora mismo, plenamente presente en cada latido de tus alegrías y tus pruebas. ¡Nunca estamos sin esperanza!