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Un cuento sobre personajes históricos inspiradores para niños.

En un rincón mágico del mundo, donde los ríos cantaban nanas suaves y los árboles susurraban secretos al viento, nació una niña llamada Marie. Era un tiempo lejano, en una casita de madera rodeada de campos verdes que olían a flores silvestres y tierra húmeda después de la lluvia. Marie era pequeñita, con ojos grandes y curiosos como los de un gatito que explora el jardín por primera vez, y su cabello rubio brillaba bajo el sol como hilos de oro hilados por hadas. Desde que era muy chiquitita, Marie no jugaba solo con muñecas o piedras del camino; ella soñaba con preguntas grandes, como "¿Por qué brilla el sol tan fuerte?" o "¿Qué hay escondido dentro de las flores que las hace tan bonitas?". Su mamá, con voz cálida como una manta de lana, le decía: "Marie, mi amor, el mundo está lleno de misterios esperando por ti". Y Marie, acurrucada en su regazo, sentía en su corazoncito un cosquilleo mágico, como si estrellas diminutas bailaran dentro de ella, susurrándole que un día descubriría tesoros invisibles[1][2].Los días pasaban lentos y dulces en esa aldea polaca, donde el aire traía el aroma de pan recién horneado y manzanas maduras cayendo de los árboles. Marie crecía correteando por los prados, recogiendo piedritas lisas del río que brillaban al sol, imaginando que eran joyas de reinos lejanos. Pero un día, mientras jugaba con su hermanita, Marie miró al cielo y vio una estrella fugaz trazando un arco plateado. "¡Quiero saber qué son esas luces mágicas!", exclamó con los brazos abiertos, como si pudiera abrazar el firmamento entero. Su papá, un hombre gentil con bigote que parecía nubes suaves, sonrió y le contó historias de sabios antiguos que miraban las estrellas con ojos de cristal. "Pero Marie, las niñas como tú deben aprender a coser y cocinar", le decían los vecinos con voces amables pero firmes. Marie no se enojaba; en cambio, cerraba los ojos y soñaba con laboratorios encantados llenos de frascos que burbujeaban como pociones de brujas buenas, y libros que flotaban solos abriéndose en páginas de colores[2]....

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