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Juan David Betancur Fernandez
elnarradororal@gmail.com
Había una vez un muchacho llamado Lucas que desde muy pequeño le había llamado la atención la magia blanca. Aquella magia que se hace con cartas y otros artículos que aparecen, se transformas o desaparecen. Ya en sus 16 anos Lucas ya dominaba algunos trucos de magia Lucas siempre había presumido de ser el gracioso del grupo, el que sabía trucos de cartas y leía curiosidades para impresionar. Pero con Elena era diferente. Elena le ponía nervioso.
Era una tarde lluviosa de domingo y estaban sentados en la alfombra de la sala, rodeados de libros viejos y tazas de té. Lucas encontró un pequeño tomo de magia y, queriendo hacerse el misterioso, leyó en voz alta sobre la hipnosis. Aquel libro tenía una capitulo entero en como hipnotizar a alguien. Y comenzaba con un pequeño instructivo de hipnotismo.
—Seguro que no funciona —dijo Elena, sonriendo de lado, con esa expresión escéptica que a Lucas le encantaba.
—¿Ah no? —retó él, dejando el libro a un lado y acercándose un poco más—. Según lo que he encontrado en este capitulo estoy seguro de que yo podría hacerlo. Es más te Apuesto a que puedo hipnotizarte en menos de un minuto. Solo tienes que seguir mis comandos y mirarme fijamente a los ojos.
Elena soltó una risita suave, dejó su taza en la mesa y se cruzó de piernas frente a él. —Adelante, gran mago. Haz tu mejor intento. Dijo con esa sonrisa picara que solo una joven puede tener.
Lucas carraspeó, adoptando una postura solemne, aunque por dentro el corazón le latía a mil por hora. —La voy a hipnotizar —pensó, convenciéndose de su papel.
Levantó un dedo, pero luego lo bajó. Su mano realmente temblaba un poco y su respiración se hacia cada vez más rápida, su corazón era ahora una maquina. Perturbado y temeroso de que Elena lo notara Decidió que la conexión directa seria mejor. —Mírame —susurró—. No parpadees.
Y con absoluta resolución decidio mirarla a los ojos, los ojos de ella se cruzaron directamente con los de el.
Al principio, Lucas estaba concentrado en su "técnica", buscando si en aquel rostro hermoso de aquella donsella había señales de sueño que el pudiera identificar. Estaba básicamente, esperando que en algún moementos sus párpados se notaran un poco pesados, que sus ojos pudieran presentar un pequeño vacilar hacia el sueno. Pero entonces, la luz tenue de la lámpara iluminó la mirada de Elena y el tiempo pareció detenerse.
Lucas nunca se había fijado con tanto detalle en aquellos ojos. Los ojos de Elena eran unos ojos de mar, de un color azul que cambiaba constantemente con cada pensamiento, Su mirada realmente transmitía calma y profundidad No eran solo azules o verdes; tenían ese color indescifrable de las olas cuando están tranquilas, una mezcla de turquesa y misterio.
El plan de Lucas se desmoronó. Se olvidó de contar hacia atrás, se olvidó de decirle que sus párpados comenzaba a sentirse pesados, como lo explicaba aquel capitulo del libro. Simplemente, se quedó allí, flotando en esa mirada. Lucas que siempre pensaba que tenía el control de todas las situaciones se fue perdiendo en las profundidades de aquellos ojos, y su alma fue tomando una paz absoluta, como si estuviera sumergido bajo el agua, donde el ruido del mundo no llega. Se sentía flotar en un mar de paz y tranquilidad
Pasaron los segundos, quizás minutos. Nadie hablaba. Solo se escuchaba la lluvia golpeando la ventana.
De repente, Elena parpadeó y rompió el silencio con voz suave: —Lucas... ¿Crees que si vas a poder hipnotizarme? Porque no me siento diferente
Lucas parpadeó también, volviendo a la realidad, pero sintiéndose completamente distinto. Sonrió, derrotado pero fel