Si la sed que sientes no se quita con metas ni con ruido, tal vez necesitas volver a la fuente. Abrimos el año con una oración honesta y un llamado claro: vestirse de la armadura de Dios, abrazar su Palabra como guía viva y caminar con una paz que transforma ambientes. No hablamos de fórmulas, hablamos de un encuentro que confronta y sana, de promesas que Dios cumple y de una misión que da sentido cuando el calendario deja de inspirar.
Recorremos pieza por pieza la armadura: el cinturón de la verdad que libera de la mentira, la coraza de la justicia que guarda el corazón, el escudo de la fe que apaga el miedo y la duda, la espada del Espíritu que corta la confusión, y el calzado del evangelio que nos lleva a sembrar paz. Desde allí, miramos a Jesús frente a la tentación y junto a la mujer samaritana, para aprender cómo la Escritura se usa con mansedumbre y fuerza, y cómo el hambre verdadera es por almas, no por logros. La gracia, recibida por fe, quita el peso de “merecer” y nos habilita a obedecer con alegría en medio de luchas reales, finanzas tensas y preguntas íntimas.
Cerramos con un mapa simple y profundo para vivir la Gran Comisión: alcanzar con un mensaje claro, afirmar con seguimiento y cariño, discipular con paciencia práctica y lanzar para multiplicar esperanza. Te invitamos a hacer inventario del alma, a elegir hábitos que alimenten el espíritu y a dejar paz donde pises. Si este año tiene que ser distinto, que lo sea porque Dios marca el paso y su Palabra dirige el rumbo. Suscríbete, comparte este episodio con alguien que lo necesite y cuéntanos: ¿qué pieza de la armadura te pones primero hoy?
Paz...