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2 Timoteo 2017 (2)
Palabra/ 2 Timoteo 2: 1-26
Versículo clave./ 2 Timoteo 2: 3,4

Un buen soldado de Jesucristo

“Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.”
En la palabra que vamos a escuchar hoy Pablo le enseña a Timoteo ‘qué identidad tienen los creyentes de Cristo Jesús’. Los que son salvos y llamados por el Señor son ‘soldados de Jesucristo’ y ‘obreros de Dios’. Pero, hay buenos soldados, y también soldados inútiles. Y hay obreros aprobados, y también obreros problemáticos. Y ¿cómo podríamos ser buenos soldados de Jesucristo, y obreros aprobados por Dios? Oro para que oigamos bien esta palabra y la obedezcamos, y podamos agradar al Señor quien nos llamó, y estemos dispuestos para toda buena obra del Señor. Amén.

I. Un buen soldado de Jesucristo (1-13)

Vamos a ver el versículo 1. “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” Aquí la palabra ‘esforzarse’ significa ‘ser fuerte y valiente’ (Josué 1:6). En la palabra que estudiamos la semana pasada vimos que Timoteo derramaba muchas lágrimas. Pero a él le hizo recordar Pablo que Dios lo salvó y llamó no conforme a sus obras, sino según la voluntad suya y la gracia dada en Cristo Jesús (1:8). Nos dio Jesús la gracia de salvación y de llamado. Nosotros fuimos salvos no por algo que hiciéramos para merecer la salvación, sino por el amor de Dios, su misericordia y gracia. Y nuestro Señor Jesús se responsabiliza de cada uno de nosotros hasta que él nos resucite aquel día y nos dé la vida eterna en el reino de Dios (1:12). También fuimos llamados a servir la obra del evangelio no porque fuéramos útiles, sino según la voluntad de Dios y por su misericordia y gracia. Y no nosotros, sino el Señor mismo está con nosotros, cumpliendo la obra de salvación por medio de nosotros (Marcos 16:20). Cada momento necesitamos acordarnos de esta gracia que es en Cristo Jesús. Entonces podemos ser fuertes y valientes para guardar nuestra fe, y para cumplir la obra de Dios.

Y miren el versículo 2. “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” En esta palabra podemos ver ‘el diagrama de flujo del evangelio’. Pablo le enseñó a Timoteo el evangelio. Y ahora le ordena que encargue el evangelio a hombres fieles. Entonces ellos lo enseñarán a otros. De esta manera el evangelio debe fluir de uno a otro, de nosotros a otros. Esto es fundamental en la obra de salvación, porque el hombre puede ser salvo por oír el evangelio y creer en Jesucristo (Marcos 16:15,16).
Y en esta palabra nos llama la atención que Pablo le ordena a Timoteo que encargue el evangelio no ‘a hombres con muchos conocimientos, o con gran capacidad de hablar, o con poder económico’, sino ‘a hombres fieles’. La palabra ‘fiel’ significa ‘firme y constante’. Los hombres fieles son firmes y constantes en el Señor sin ser influenciados por las situaciones que cambian. Por eso son confiables. El Señor encarga su evangelio a estos hombres fieles. Y esta cualidad es de corazón, no de condiciones humanas. Aunque no tenemos grandes capacidades humanas, podemos ser hombres fieles. Entonces el Señor nos utiliza preciosamente en su obra de salvación.

En lo anterior Pablo le exhortó a Timoteo a ser fuerte y valiente en la gracia de Cristo Jesús para guardar su fe y para servir la obra de Dios. Específicamente le ordenó que encargara el evangelio a hombres fieles. Ahora Pablo le enseña a Timoteo que los creyentes y siervos del Señor deben ser ‘buenos soldados de Jesucristo’ y ‘obreros aprobados por Dios’.
Vamos a ver los versículos 3 y 4. “Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.” En esta palabra primero podemos aprender que los creyentes de Jesús son ‘soldados’. En el mundo la gente se ríe, contando chistes de ‘un buen cristiano’. Esto es la idea que tiene la gente acerca de los cristianos. Pero en 1 Timoteo 6:12 dice: “Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna.” También en Efesios 6:12 dice: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” ¿Qué somos nosotros creyentes y siervos del Señor? Somos soldados de Jesucristo, que peleamos para guardar nuestra fe y alcanzar la vida eterna, y que luchamos contra Satanás y sus huestes por salvar a las ovejas.
Y en esta batalla espiritual debemos ser ‘buenos’ soldados de Jesucristo. Si no lo somos, en la batalla contra nuestros enemigos podemos perder nuestra vida espiritual, y seremos inútiles para salvar a las ovejas. Entonces, ¿cómo podemos ser buenos soldados de Jesucristo?

Primero, necesitamos sufrir penalidades (3). Cada país tiene las fuerzas especiales del ejército, cuyos soldados son mejores que otros. Y ¿cómo llegan a ser tan buenos soldados? Ellos sufren penalidades, recibiendo entrenamientos para tener óptimas condiciones físicas, para conseguir destreza en técnicas de combate, para supervivencia en condiciones extremas y para realizar misiones especiales. Sin sufrir penalidades de entrenamientos uno no puede ser buen soldado.
De la misma manera necesitamos sufrir penalidades, siendo entrenados espiritualmente. Todo entrenamiento es difícil y doloroso. Pero tenemos que aguantar y sufrir esas penalidades de entrenamientos. Necesitamos sufrir penalidades para aprender humildad delante de Dios, fe, obediencia y espíritu de desafío. También tenemos que ser entrenados para ser excelentes maestros de la Biblia, pastores de las ovejas y hacedores de discípulos. Y estos entrenamientos espirituales no son de un curso de tiempo limitado, sino de por vida. Pero a través de sufrir penalidades de estos entrenamientos podemos ser buenos soldados de Jesucristo para alcanzar la vida eterna y para ser útiles en la obra de salvación del Señor. ¿Estamos sufriendo penalidades de algún entrenamiento? Entonces debemos darle gracias a Dios porque quiere hacer de nosotros buenos soldados de Jesucristo.

Segundo, no debemos enredarnos en los negocios de la vida (4). Cuando uno entra en el militar, tiene que dejar atrás todos sus negocios de la vida: su familia, su novia o novio, su estudio, su trabajo, sus amigos, su afición, etc. Si un soldado sigue enredado en sus negocios de la vida, no puede ser buen soldado, tampoco puede agradar al que lo tomó por soldado. Si su corazón y mente están ocupados por los negocios de la vida, ¿cómo podría recibir bien sus entrenamientos, y realizar bien su trabajo?
Así mismo para ser buenos soldados de Jesucristo no debemos enredarnos en los negocios de la vida. Tenemos que dejar atrás todas las cosas de la vida, y buscar primeramente el reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33). Acerca de esto en Lucas 9:62 dijo Jesús: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” También en Mateo 10:37 y 38 dijo: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.” Los buenos soldados de Jesucristo son aquellos que aman a Jesús más que cualquier otra cosa, y buscan primeramente el reino de Dios y su justicia. Sólo ellos pueden agradar al Señor.

Y esto es la ley no sólo en la vida espiritual, sino universal. Miren el versículo 5. “Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.” Un deportista que lucha legítimamente sufre penalidades, sometiéndose a entrenamientos. Y participa en competencias de manera justa. Él puede ser coronado. Pero aquellos que no luchan legítimamente se inyectan esteroides o hacen trampas en competencias en lugar de sufrir penalidades de entrenamientos. Ellos no pueden ser coronados, al ser descubierta su ilegalidad. En febrero del año que viene tendrán lugar los juegos olímpicos de invierno en Corea. Y Rusia no puede participar en esos juegos, porque la mayoría de sus deportistas fueron hallados con sustancias prohibidas en la prueba de antidoping. Para ser coronado un deportista tiene que luchar legítimamente, sufriendo penalidades.
También miren el versículo 6. “El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.” Un campesino primero tiene que sufrir penalidades, preparando la tierra, sembrando, regando, cuidando su sembrado de los animales y los pájaros, etc. El labrador que primero sufre estas penalidades puede participar de los frutos. Pero el que no quiere sufrir penalidades, sino anda borracho y ocioso, no puede obtener frutos.

Además, miren el versículo 8. “Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio.” Nuestro Señor Jesucristo mismo nos dio el ejemplo. Siendo el Rey eterno, Jesús primero padeció mucho y murió en la cruz. Jesús sufrió esas penalidades. Pero a través de su padecimiento Jesús cumplió la voluntad de Dios, y nos salvó a nosotros de pecados y la muerte. Y al tercer día resucitó de los muertos, entrando en su gloria. Acerca de esto en Lucas 24:26 dice Jesús: “¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?”
Y en el versículo 9 podemos ver el ejemplo de Pablo. Dice: “en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa.” En aquel mismo momento Pablo estaba sufriendo penalidades de prisiones. Y si vemos 2 Corintios 11:24-28, él había sufrido penalidades de azotes, apedreado, naufragio, muchos y diversos peligros, trabajo y fatiga, muchos desvelos, hambre y sed, frío, desnudez y preocupaciones por todas las iglesias. Y porque Pablo sufrió tantas y grandes penalidades sin enredarse en sus negocios de la vida, él pudo ser utilizado grande y preciosamente en la obra del evangelio, y agradar al Señor. Y si vemos los versículos 11-13, él tenía la convicción de la vida eterna y gloria en la fidelidad del Señor.

¿Qué somos nosotros? Somos soldados de Jesucristo, que luchamos por alcanzar la vida eterna y por salvar a las ovejas de nuestros enemigos. Oro que suframos penalidades y no nos enredemos en los negocios de la vida para que seamos buenos soldados de Jesucristo, y podamos agradar al Señor quien nos tomó por soldados. Amén.

II. Un obrero aprobado por Dios (14-26)

Ahora en los versículos 14-26 el apóstol Pablo dice que los creyentes y siervos de Jesucristo son obreros de Dios. Y ¿quiénes son ‘obreros aprobados’ por Dios?

Primero, son los que usan bien la palabra de Dios. Si vemos los versículos 14 y 16, le dice Pablo a Timoteo que a los creyentes de la iglesia les recuerde y les exhorte delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, y que eviten profanas y vanas palabrerías. También en el versículo 23 dice que desechen las cuestiones necias e insensatas. ¿A qué se refiere esto? En los versículos 17 y 18 dice Pablo que Himeneo y Fileto se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó. Según ellos, Jesús ya había venido al mundo por segunda vez, y los muertos en Cristo ya habían resucitado. Entonces, ¿qué hay de los creyentes que no se dieron cuenta de eso? Ellos no serían salvos, y no podrían entrar en el reino de Dios. Pero nuestro Señor Jesús dijo que cuando venga él, todo el mundo lo verá, como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente (Mateo 24:26,27). Entonces, las palabras de Himeneo y Fileto no eran la verdad, y para nada aprovechaban, sino eran para perdición de los oyentes. Sus profanas y vanas palabrerías trastornaban la fe de otros, y causaban sólo contiendas. Por eso le dice Pablo a Timoteo que evite esas contiendas y cuestiones necias e insensatas.
Hoy en día nosotros también podemos caer en este tipo de contiendas y profanas y vanas palabrerías. Algunos no entienden nuestra fe en cuanto al matrimonio, sino se aferran al método que se ha hecho en nuestra iglesia. Y causan contiendas con sus profanas y vanas palabrerías. Sus palabras no fortalecen la fe de otros. Al contrario, trastornan la fe de los oyentes. También algunos no han aprendido los valores principales espirituales de nuestros padres de fe. Y mirando sólo las tradiciones que se han hecho, dicen que debemos cambiar algunas tradiciones, porque el tiempo ha cambiado. Sus palabras también provocan contiendas y trastorno de la fe de algunos. Por esta razón debemos evitar profanas y vanas palabrerías y cuestiones necias e insensatas.

Y, evitando profanas y vanas palabrerías, ¿qué es lo que debemos hacer? Miren el versículo 15. “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” Un obrero aprobado por Dios es el que usa bien la palabra de verdad. ¿Cómo podríamos usar bien la palabra de verdad? En Mateo 13:52 dice Jesús: “Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” Un padre de familia sabe bien dónde están sus tesoros nuevos y tesoros viejos. Hasta con los ojos cerrados puede encontrarlos. De esta manera para usar bien la palabra de verdad necesitamos conocer bien las palabras del Antiguo Testamento y las del Nuevo testamento. Por esta razón tenemos que leer la Biblia entera una y otra vez, y estudiar la palabra de Dios profunda y ampliamente.
Pero, conocer bien la Biblia no es suficiente para usar bien la palabra de verdad. Muchos saben bien la Biblia, y la utilizan para saciar su codicia y guiar a otros a la perdición. Para usar bien la palabra de verdad y ser obreros aprobados por Dios debemos ‘ser humildes delante de Dios’. Nosotros no predicamos nuestras palabras, sino la palabra de Dios. Por lo tanto, debemos orar y luchar por ver y oír lo que quiere decir Dios en su palabra. En Juan 12:49 y 50 dice Jesús: “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho.” Aun Jesús, siendo el Hijo de Dios, no hablaba por su propia cuenta, sino oía lo que le decía Dios, y lo hablaba. Nosotros debemos tener esta humildad delante de Dios. Entonces podemos usar bien la palabra de verdad.

Segundo, son los que se limpian. En el versículo 20 dice que en una casa grande hay utensilios de oro y de plata, y también de madera y de barro. Esto quiere decir que en la iglesia del Señor hay siervos con grandes capacidades humanas, y también los que son menos dotados.
Y ¿quiénes son los siervos aprobados y utilizados por el Señor? Miren el versículo 21. El que se limpia de estas cosas, es decir, de soberbia, codicia, contienda y profanas y vanas palabrerías, será útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra. Los obreros que tienen grandes capacidades humanas con mayor facilidad pueden caer en soberbia, y ser reprobados por Dios. Pero, aunque tenemos pocas capacidades, si somos humildes y limpios, seremos útiles al Señor.
También en el versículo 22 le dice Pablo a Timoteo que huya de las pasiones juveniles. Los jóvenes tienen el deseo fuerte de tener novia o novio. Pero si un obrero de Dios cae en las pasiones juveniles, su corazón, mente y vida son ocupados por su novia o novio, y no pueden ser útiles al Señor. Por eso le ordena Pablo a Timoteo que huya de las pasiones juveniles.
Así que los obreros utilizados por el Señor no son los que tienen grandes capacidades humanas, sino los que se limpian, y son santificados.

Tercero, son los amables y mansos. Vamos a ver los versículos 24-26. “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.” Ser contencioso significa enfrentar, contradecir, discutir, etc. El siervo del Señor no debe ser contencioso. Más bien tiene que ser amable, sufrido, paciente y manso. ¿Por qué tiene que ser así? Si el siervo del Señor es contencioso, quizá puede ganar en discusión, y demostrar que él tiene la razón. Pero, ¿qué podría conseguir con eso? Podrá satisfacer su orgullo. Pero los que se oponen pueden cerrar más su corazón a la palabra de Dios. Así pierde su alma. Pero si el siervo del Señor es amable, sufrido y manso, la gente puede abrir su corazón, y aceptar la palabra de Dios. Entonces puede ganar su alma. Por esta razón el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable, paciente y manso.

Conclusión: Nosotros fuimos salvos y llamados por la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Y tenemos la lucha por alcanzar la vida eterna, y por salvar a los universitarios y encargarles el evangelio. Por eso necesitamos ser buenos soldados de Jesucristo. Y para ser buenos soldados de Jesucristo tenemos que sufrir penalidades de ser entrenados, y no enredarnos en los negocios de la vida, sino buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. También necesitamos ser obreros aprobados por Dios. Y para ser obreros aprobados por Dios debemos usar bien la palabra de verdad, y limpiarnos de todo lo que le estorba a Dios para usarnos en su obra, y ser amables y mansos. Oro para que obedezcamos esta palabra de manera específica y absoluta, y crezcamos como buenos soldados y obreros aprobados por Dios para agradar al Señor y para ser útiles a él. Amén.