Listen

Description

Juan 2018 (15)
Palabra/ Juan 10:1-18
V.C./ Juan 10:11

Jesús, el buen pastor

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.”

Hoy nos habla Jesús la parábola ‘el pastor y las ovejas’. A través de esta parábola nos hace ver Jesús ‘cómo nos ama él’, y ‘cómo debemos seguirle a él’.
También dice: “Yo soy la puerta”, y “Yo soy el buen pastor.” ¿Qué significa esta palabra? ¿Qué hizo Jesús por nosotros, y qué nos ha dado? Oro que a través de esta palabra conozcamos la gracia de nuestro Señor Jesucristo más profundamente, y le sigamos con profunda confianza y amor. Y oro que aceptemos el corazón de Jesús, que dice: “aquellas también debo traer”, y nosotros vayamos a traer las ovejas de Jesús a su redil. Amén.

I. La parábola del pastor y las ovejas (1-6)

Vamos a ver los versículos 1 y 2. “De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.” Aquí habla Jesús de ‘cómo entran en el redil de las ovejas ladrón y salteador, y el pastor respectivamente’. En esta parábola las ovejas se refieren a los hombres. El pastor es Jesús. Y ladrón y salteador son todos aquellos que se les acercan a las ovejas con mala intención. En aquel tiempo los líderes religiosos oprimían a la gente con la ley, buscando su propio beneficio, poder y alabanza de los hombres. Hoy en día falsos profetas y falsos Cristos se le acercan a la gente para sacarle dinero o saciar su codicia, aprovechándose de ella. Todos estos son ladrones y salteadores. Y ellos se les acercan a las ovejas de manera indebida, es decir, por medio de mentiras, engaños e hipocresía. Algunos ladrones le enseñan a la gente, diciendo: “Las bendiciones de Dios son mucho dinero y buena salud, para que lo disfruten. Y para recibir estas bendiciones tienen que ofrendar.” Y otros salteadores predican, diciendo: “Dios ya nos perdonó. Ahora podemos vivir, haciendo lo que queremos. Esto es la libertad.” Pero, Jesús nuestro pastor vino a nosotros de tal manera como debe de ser, es decir, por medio de la verdad. Si vemos Mateo 4:17, cuando Jesús comenzó a predicar, dijo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” Jesús vino al mundo para darnos el reino de los cielos. Y para entrar en el reino de Dios el hombre tiene que arrepentirse de sus pecados, y recibir el perdón. Sin arrepentimiento, y sin recibir el perdón de pecados, el hombre nunca jamás puede entrar en el reino de Dios, ni recibir salvación. Jesús vino al mundo, y predicó esta verdad del evangelio. Porque somos sus ovejas, y él nos ama a nosotros.

Y ¿cómo nos ama Jesús? Miren el versículo 3. “A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.” Entrando en el redil de las ovejas, el pastor no grita, diciendo: “¡Bola de ovejas, afuera!” El pastor llama a cada una de sus ovejas ‘por nombre’. El pastor no llama a sus ovejas ‘por grupo’, ‘de manera colectiva’, sino ‘una por una’, ‘de manera individual’. “Blanquita. Te manchaste la patita. ¿Por dónde andabas? Orejona. ¿Hoy me vas a hacer caso? Comelona. Mírate. No deberías comer tanto ya. Molona. Ya no muerdas las patitas de otras.” El pastor conoce a cada una de sus ovejas: las características de su apariencia, su carácter, sus gustos, su fortaleza, su debilidad, etc. Y, esto significa que él ama y aprecia a cada una de ellas. Si vemos Lucas 15:4-7, Jesús refiere ‘la parábola de una oveja perdida’. En la parábola el pastor tiene cien ovejas. Y se le pierde una. Entonces, ¿qué hace? Él no se queda sentado, diciendo: “Es una de las cien. Aún tengo noventa y nueve.” El pastor deja las noventa y nueve, y va tras la oveja perdida. Porque él la conoce, y la ama. Si se perdiera otra, también haría lo mismo. Y al hallarla, se goza grandemente. El pastor conoce a cada una de sus ovejas, y la ama y la estima en gran manera.
De esta manera nos ama a nosotros Jesús nuestro pastor. Jesús conoce a cada uno de nosotros, y lo llama por nombre. Jesús conoce nuestra apariencia, nuestro carácter, nuestro testimonio de vida, nuestra fortaleza y nuestra debilidad. Jesús sabe qué carrera es la mejor para cada quien, qué tipo de trabajo es bueno, quién es su ayuda idónea, dónde es mejor para servir la obra de Dios, etc. A veces nos sentimos solos, porque nos damos cuenta de que aun las personas más cercanas de nuestro alrededor no nos entienden. Pero Jesús nos conoce mejor que nadie, aun mejor que nosotros mismos. Por eso en Salmos 139:2 y 3 dice: “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos.” En el mundo hay miles de millones de personas. Y en UBF hay muchos siervos de Dios. Y me he preguntado: “¿A mí me conocerá Jesús?” Pero, esta palabra dice que Jesús me conoce a mí, y me llama por nombre. Jesús me ama, y me aprecia.

Entonces, ¿cómo deberíamos seguirle a Jesús? Vamos a ver el versículo 4. “Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.” El pastor va delante de sus ovejas. Porque el pastor sabe que ellas le siguen. Si no le siguen, es porque no son sus propias. En Juan 8:47 dijo Jesús: “El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.”
Y las ovejas le siguen a su pastor, porque conocen su voz. ¿Ya han visto el video que nos mandó la pastora Gaby, titulado ‘Ovejas escucha sólo al pastor’? En ese video tres extraños intentan llamar a las ovejas, imitando el llamado del pastor. Pero, las ovejas no les hicieron caso, como si no hubieran oído nada. Pero, cuando su pastor las llamó, de inmediato empezaron a balar, y venir hacia su pastor. Y le seguían por dondequiera, porque conocían su voz. Ellas saben que, si le siguen, están protegidos de todo peligro: el ataque de lobos, la caída en hoyos o de barrancas, etc. Las ovejas saben que, si siguen la voz de su pastor, él las guía a delicados pastos y a aguas de reposo. Las ovejas conocen la voz de su pastor, y le siguen.
Así tenemos que seguirle a Jesús nuestro pastor. Jesús nos guía por medio de la verdad de la palabra de Dios. Jesús nos llama por nombre. Jesús nos conoce a nosotros mejor que nosotros mismos, y ama a cada uno de nosotros. Y Jesús nos guía por el mejor camino. Yo he seguido la voz de Jesús mi pastor durante treinta y tres años. Jesús me ha guiado conforme a la verdad de Dios. Él me ha disciplinado, y me ha enseñado humildad y fe. Y me ha utilizado en la obra de la misión mundial. También me ha alimentado y vestido junto con mi familia. Y me ha llenado de sus bendiciones. Yo conozco la voz de Jesús mi pastor. Por eso le sigo. Oro que cada día experimentemos a Jesús nuestro pastor, y lo conozcamos. Oro que con profunda confianza y amor le sigamos, y seamos guiados por él por el mejor camino. Amén.

II. Jesús, el buen pastor (7-18)

Ahora en los siguientes versículos nos enseña Jesús: ‘quién es él’, ‘qué hizo por nosotros’ y ‘qué nos ha dado’.

Primero, Jesús es la puerta. Vamos a ver el versículo 7. “Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.” ¿Qué significa que Jesús es la puerta? Para empezar, ¿qué es la puerta? Si un muro no tiene la puerta, no hay acceso al otro lado. Así que la puerta es ‘el acceso y el camino’.
Y ¿a qué es la puerta Jesús? Jesús es la puerta al Padre Dios, y a la salvación y la vida eterna que hay en Dios. A través del templo de Jerusalén nos enseña esto Dios de manera visual. En el templo de Jerusalén había el Lugar Santo y el Lugar Santísimo, y un velo en medio que separaba estos dos lugares. En el Lugar Santo los sacerdotes ejercían su oficio para servir a Dios. Pero en el Lugar Santísimo había el arca del pacto, que simbolizaba la presencia de Dios. Y allí sólo el sumo sacerdote, sólo una vez al año y sólo con la sangre de animales de sacrificio podía entrar. En Hebreos 9:8 dice que con esto el Espíritu Santo daba a entender que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo. Pero nuestro Señor Jesucristo derramó su sangre en la cruz por todos nuestros pecados. Y con su sangre entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, abriéndonos el camino, haciéndose la puerta al Padre Dios. En Mateo 27:51 dice que, cuando murió Jesús en la cruz por nosotros, derramando su sangre, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Así abrió Jesús la puerta, el camino a Dios, y a la salvación y la vida eterna en Dios. Por eso en Juan 14:6 dice Jesús: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”

Entonces, ¿qué tenemos que hacer, y qué recibimos por medio de Jesús? Miren los versículos 9 y 10. “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Jesús fue crucificado por nuestros pecados, y se hizo la puerta al Padre Dios. Y lo que debemos hacer es ‘entrar por él’. ¿Qué significa ‘entrar por Jesús, quien es la puerta al Padre Dios’? Es creer que Jesús cargó todos nuestros pecados en él, y fue crucificado, y derramó su sangre, su vida en la cruz. Entonces Dios nos da el perdón de pecados, la salvación y la vida eterna. Pero, aunque Jesús derramó su sangre, y se hizo la puerta al Padre, si el hombre no entra por Jesús, no puede ser salvo. Si no se arrepiente de sus pecados y no cree en Jesús, aunque ahí está la puerta al Padre Dios, no puede ser salvo el hombre, sino será condenado.
Y, después de entrar por Jesús y ser salvos, entrando y saliendo, es decir, viviendo en Jesús, podemos hallar pastos y tener la vida en abundancia. En el capítulo 8 de este evangelio aprendimos que, si le seguimos a Jesús, tenemos la luz de la vida (Juan 8:12). A la luz de la palabra de Dios podemos discernir el bien y el mal. Y andamos por el camino justo y seguro. La gente del mundo, que no tiene la luz de Jesús, anda en tinieblas, y comete pecados y errores, y sufre. Y ni siquiera entiende por qué. Pero viviendo en la luz de Jesús, somos libres de todos esos problemas y sufrimientos. Esto es la vida abundante en Jesucristo. También aprendimos que, si permanecemos en la palabra de Jesús, conocemos la verdad, y la verdad nos hace libres (Juan 8:31,32). Viviendo conforme a la palabra de Jesús, somos libres de pecados y de tentaciones del mundo. Los hombres del mundo que no creen en Jesús son esclavos de los pecados y los deseos mundanales. Ellos son arrastrados por los pecados viles y vergonzosos, y persiguen las cosas vanas del mundo. Y por fin terminan arruinando su vida, y sufren por causa del vacío en su interior. Pero en Jesús podemos ser libres de las tentaciones de pecados y de las cosas vanas del mundo. Y podemos vivir una vida agradable a Dios, y tener verdadera satisfacción y felicidad. Esto es tener la vida en abundancia en Cristo Jesús.

Segundo, Jesús es el buen pastor. Vamos a ver el versículo 11. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” Jesús dice que él es el buen pastor. Y ¿por qué es Jesús el buen pastor? Porque Jesús dio su vida por las ovejas.
Entonces, ¿por qué tuvo que dar Jesús su vida por las ovejas? Miren los versículos 12 y 13. “Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas.” Aquí podemos ver que había venido el lobo. ¿A qué se refiere ‘el lobo’? El lobo es Satanás. En el principio el diablo engañó al ser humano para que desobedeciera la palabra de Dios. Y el hombre quedó esclavizado bajo el poder del pecado y de la muerte. Por esta razón los hombres cometen pecados inhumanos y viles. Y el mundo se ha llenado de toda maldad e injusticia. Y el hombre está destinado a morir, y no sólo esto, sino a sufrir eternamente en el infierno. Así se encontraba el hombre en la boca del lobo, sufriendo, y muriendo.
Y Jesús nuestro buen pastor vino al mundo para enfrentar al lobo, y salvar a sus ovejas. Pero, para salvarlas de la boca del lobo Jesús tenía que dar su vida en lugar de sus ovejas. Jesús tenía que morir en la cruz por nuestros pecados. Y esa muerte era indeciblemente dolorosa. Si vemos Mateo 26:38, en la noche anterior de su crucifixión dijo Jesús: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte.” Jesús estaba tan angustiado por la crucifixión que se sentía ya morir. La muerte en la cruz era tan dolorosa y agonizante. Pero, Jesús no huyó de la muerte en la cruz. Jesús dio su vida en la cruz por nosotros, sus ovejas. Si Jesús hubiera huido de la crucifixión, ¿cómo estaríamos ahora nosotros? Estaríamos destrozados, viviendo en pecados viles y en tinieblas, y sufriríamos por causa del miedo a la muerte y a la eterna condenación. Pero Jesús nuestro buen pastor no huyo, sino dio su vida en lugar de nosotros, y nos salvó de la boda del lobo.

De tal manera nos amó Jesús nuestro pastor. ¿Qué tanto le importamos nosotros a Jesús? Le importamos más que su propia vida. Por eso Jesús dio su vida para salvarnos a nosotros de la boca del lobo. Miren los versículos 14 y 15. “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.” Dios conoce a Jesús, y Jesús conoce a Dios. Pero esto no quiere decir que Dios y Jesús se conocen de vista, o tienen cierta información uno de otro. Esta palabra significa que Dios y Jesús se conocen hasta lo más profundo uno del otro, y el amor de entre dos es inseparable. Y dice Jesús que de esta misma manera él nos ama a nosotros. Por eso puso su vida por nosotros. También vamos a ver los versículos 17 y 18. “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” Jesús dio su vida, no porque fue obligado, ni forzado. Jesús puso su vida por su propia voluntad. En Getsemaní Jesús hizo la lucha de oración por dar su vida para obedecer la voluntad de Dios, y para salvarnos a nosotros. Por eso Dios lo ama. Y por esta razón Jesús es nuestro buen pastor.

Ahora, vamos a ver el versículo 16. “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” En esta palabra ‘este redil’ se refiere a Israel. Y ‘otras ovejas que no son de este redil’ son todos los demás pueblos del mundo. Todos los hombres del mundo son ovejas de Jesús. En Ezequiel 34:11 dijo Dios: “He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré.” Y Dios el Creador mismo vino al mundo en forma de hombre a buscar sus ovejas. Es Jesús. Por eso los israelitas, y todos los demás pueblos del mundo son sus ovejas.
Jesús conoce a cada uno de los hombres del mundo, y lo aprecia. Y Jesús derramó su sangre en la cruz, y abrió la puerta al Padre Dios no sólo para los israelitas, sino para todos los hombres de la tierra. Jesús dio su vida no sólo para los de Israel, sino para salvar a todos los pueblos del mundo. Por eso dice Jesús: “aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” Por esta razón Jesús nos ordena, diciendo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15). También dice el Señor: “recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:8)
Oro que aceptemos este corazón y anhelo de nuestro Señor Jesús, y vayamos a los campos de la BUAP, a todo México y a todo el mundo para traer sus ovejas. En la conferencia bíblica internacional que vamos a tener en E.U. veremos a las ovejas de Jesús que hayan venido de todos los continentes de la tierra. Pero, aún faltan países y universidades por ir a buscar las ovejas de Jesús. Oro que a través de esta conferencia podamos ver la obra de Jesús en el mundo, y tengamos fe y visión para ir al mundo a buscar sus ovejas y traerlas a Jesús. Amén.

Conclusión: Jesús es nuestro pastor, quien vino al mundo a predicarnos la verdad del evangelio. Jesús nos llama por nombre. Él conoce a cada uno de nosotros, y lo ama y aprecia. Y Jesús derramó su sangre en la cruz por nuestros pecados para hacerse la puerta y el camino al Padre, y para darnos la salvación y la vida eterna. Jesús nuestro buen pastor no huyó de la muerte en la cruz, sino dio su vida para salvarnos de la boca del lobo. Jesús nos ama y nos estima más que su propia vida.
¿Quién nos conoce y nos ama tanto como Jesús nuestro buen pastor? Le alabamos y le damos gracias a Jesús, porque él es nuestro buen pastor. Y, si Jesús nos conoce y nos ama tanto, es racional que le sigamos con profunda confianza y amor. Oro que seamos buenas ovejas de Jesús, que le sigamos por dondequiera, y permanezcamos en su palabra, gozándonos de la vida en abundancia.
También hoy aprendimos el deseo anheloso de nuestro Señor Jesús. Él quiere traer a todas sus ovejas a su rebaño. Oro que aceptemos este corazón de Jesús, y nosotros vayamos a buscar sus ovejas y traerlas a él. Oro que dentro de diez años salgamos a otras universidades a traer las ovejas de Jesús a su rebaño. Amén.