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Juan 2018 (16)
Palabra/ Juan 11:1-44
V.C./ Juan 11:25,26

Jesús, la resurrección y la vida

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”

En esta palabra podemos ver el aspecto del ser humano que se encuentra bajo el poder de la muerte. Pero, dice Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida.” Y manifestó su gloria del Hijo de Dios a través de resucitar a Lázaro, que estaba muerto, y hedía ya.
¿Qué significa que Jesús es la resurrección y la vida? Y ¿cómo podemos recibir la resurrección y la vida de Jesús? Oro que en este tiempo creamos en Jesús, y sea glorificado él por medio de nosotros. Amén.

I. Miedo, quejas, dudas y tristeza (1-37)

Vamos a ver los versículos 1-3. Estaba enfermo uno llamado Lázaro, quien era de Betania, cerca de Jerusalén, Judea. Y sus hermanas Marta y María enviaron para decir a Jesús: “Señor, he aquí el que amas está enfermo.” ¿Qué tan grave se encontraba Lázaro? Luego podemos ver que dos días después murió él. Entonces, ¿por qué no habrían enviado sus hermanas desde antes a hablarle a Jesús? Si vemos en el capítulo anterior los versículos 31 y 40, los judíos querían apedrearle a Jesús, porque él dijo que él y Dios eran uno. Por eso Jesús se fue al otro lado del Jordán, al lugar donde primero había estado bautizando Juan, y se quedó allí. Y para no llamar a Jesús al peligro Marta y María habrían tratado de sanar a su hermano con médicos. Pero por ninguno había sido sanado. Más bien se empeoraba su situación cada día, y vieron que ya peligraba su vida. Por eso urgentemente enviaron para llamar a Jesús. Y ellas esperarían que viniera Jesús de inmediato, y sanara a su hermano. Ellas confiaban en el amor de Jesús, y creían que él tenía suficiente poder para sanar a Lázaro.

Pero, vamos a ver el versículo 4. Oyéndolo Jesús, dijo: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.” Jesús dijo que la enfermedad de Lázaro no terminaría en muerte. Entonces, ¿no moriría él? Sí llegaría a morir Lázaro. Pero a través de la muerte de Lázaro Dios manifestaría su gloria, y Jesús sería glorificado como el Hijo de Dios. Oyendo Jesús que estaba gravemente enfermo Lázaro, no se asustó, ni se apuró, sino dijo: “¡Qué bien, es una buena oportunidad para la gloria de Dios!”
Y en los versículos 5 y 6 dice que, aunque Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro, cuando oyó que estaba enfermo, ‘se quedó dos días más’ en el lugar donde estaba. Y ¿qué sucedió? Se murió Lázaro. A propósito, dejó Jesús que muriera Lázaro.

Y ahora Jesús quería ir a Betania con sus discípulos a resucitarlo. En eso se descubrió cómo estaban los discípulos bajo el poder de la muerte. Miren el versículo 7. Cuando murió Lázaro, dijo Jesús a sus discípulos: “Vamos a Judea otra vez.” Y en el versículo 8 le dijeron ellos: “Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?” ¿Cómo estaban los discípulos? Ellos estaban llenos de miedo a muerte. Aunque no estaban allí los judíos con las piedras en las manos para apedrearles, los discípulos tenían miedo todo el tiempo. Si veían a la gente con algo en la mano, se asustarían, pensando que tenía piedra para apedrearles. Y si oían a la gente correr, se espantarían, pensando que venían los judíos a matarles. Y tendrían pesadillas que los judíos los perseguían, y aunque corrían con toda su fuerza, por fin los alcanzaban, y se despertarían empapados de sudor frío. Por el miedo y estrés hasta se les quitaría el apetito. Y si comían algo, les daba mala digestión. Por eso, cuando Jesús les dijo que fueran a Judea otra vez, se asustaron, y no querían moverse de allí. Los discípulos estaban vivos. Pero tenían la cara de muertos, oscura y pálida.
Entonces, en los versículos 9 y 10, Jesús trató de animarlos, diciendo que Jesús, la luz del mundo estaba con ellos, y que anduvieran en esa luz. Y miren los versículos 11-13. Les dijo después: “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.” Entonces dijeron con alegría: “Señor, si duerme, sanará.” Jesús decía de la muerte de Lázaro. Pero ellos pensaron que hablaba Jesús de dormir y reposar. Entonces, sanaría Lázaro, y Jesús no necesitaría ir a Judea. Por el miedo a muerte, instintivamente buscaban ellos cualquier pretexto para no ir a Judea. Y al oír la palabra de Jesús, la interpretaron a su conveniencia.
Entonces, miren los versículos 14 y 15. Jesús les dijo claramente: “Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él.” Jesús les dijo que se alegraba, porque ellos aprenderían la fe de resurrección. Pero, miren el versículo 16. Dijo Tomás a sus condiscípulos: “Vamos también nosotros, para que muramos con él.” Por el miedo a muerte ellos no podían oír la palabra de Jesús. Y se resignaron. Ellos amaban a Jesús, y eran fieles con él. Ellos querían seguirle hasta muerte. Pero no le seguían con gozo y paz, sino con miedo y resignación.
Y la distancia del lugar donde estaban ellos a Betania eran como 17 km. Pero, si vemos el versículo 17, tardaron cuatro días para llegar a Betania. ¿Por qué tardarían tanto? Aunque Jesús les decía que ya fueran, ellos no se apurarían. Dirían: “Para el camino necesitamos preparar tortas. Tenemos que comprar bolillos, jamón, jitomate, etc.” Y cuando tenían las tortas, dirían: “Hay que comprar algo de tomar.” Y cuando tenían todo, diría Tomás: “Me duele la panza. Voy al baño.” Y por fin salieron hacia Betania. Pero caminarían lento. Muchas veces Jesús tendría que detenerse para apurar a sus discípulos que le seguían despacio. Por eso tardaron cuatro días para recorrer una distancia de 17 km.

En lo anterior podemos ver un aspecto del hombre que está bajo el poder de la muerte. Es de miedo, preocupación, parálisis espiritual, resignación y seguir a Jesús sin gozo y paz. Y la verdad podemos ver este aspecto en nosotros mismos ante problemas. Los estudiantes, cuando les va mal en algunas materias de la escuela, pueden temer y preocuparse, pensando que las reprobarían, y tendrían muchos problemas en el futuro. Y los que trabajan, cuando tienen algún problema en su trabajo, o no les sale el trabajo como esperaban, pueden pensar que perderían el trabajo, o no podrían ganar dinero. Y se preocupan de cómo sustentar a su familia. Y por miedo y preocupación se paralizan nuestra mente y cuerpo, y no podemos ver otras posibilidades, ni podemos desafiar para solucionar problemas. Y, aunque le seguimos a Jesús, estudiando la Biblia, y sirviendo la obra de Dios, no tenemos gozo ni paz en nuestro corazón. Nosotros, que seguimos a Jesús batallamos por el poder de la muerte. Y ¿cómo sería el interior de la gente del mundo que no conoce a Jesús, ni tiene fe en él? Ellos piensan que tener miedo y preocupación, y andar sin gozo y paz es natural. Pero originalmente no era así la vida del hombre, sino es por el poder de la muerte.

Y no sólo en los discípulos de Jesús, sino en Marta y María las hermanas de Lázaro también podemos ver otro aspecto del ser humano que está bajo el poder de la muerte. Si vemos los versículos 17-20, vino Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Y ya que Betania estaba cerca de Jerusalén, como a 3 km, muchos de los judíos habían venido para consolar a Marta y a María por su hermano.
Y miren los versículos 20 y 21. Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle. Y dijo a Jesús: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.” Y si vemos el versículo 32, cuando Marta llamó a María, y ésta salió a donde estaba Jesús, también le dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.” ¿Qué podemos ver en ellas? Las hermanas de Lázaro estaban llenas de quejas. Ellas habían confiado en el amor y el poder de Jesús. Ellas habían enviado a llamar a Jesús. Pero, Jesús no había venido, y había muerto su hermano. Al ver a Jesús, ellas querrían gritarle, diciendo: “¿Por qué no habías venido? Ya se murió nuestro hermano.” Y surgirían dudas de Jesús en su corazón: “¿Por qué no habría venido Jesús? ¿Será por el peligro de los judíos? Entonces, ¿amará Jesús a sí mismo más que a nosotros? ¿Será falso todo lo que él había enseñado del amor de Dios? ¿O será porque no podía sanar a Lázaro? Pero, ¿qué estoy pensando? Todo esto no es cierto. Jesús nos ama, y tiene gran poder. Entonces, ¿por qué razón no había venido?” De esta manera los pensamientos de quejas y de dudas darían vueltas y vueltas en sus cabezas. Y llorarían sin cesar por tristeza.

Aquí podemos ver otro aspecto del ser humano que está bajo el poder de la muerte. Es de quejas, dudas y tristeza. Y este aspecto también lo podemos ver en nosotros. Cuando tenemos algún problema, por supuesto oramos a Dios. Con fe y anhelo le suplicamos. Pero, si el resultado no nos sale como nosotros le pedimos a Dios, de nuestro interior surgen quejas, dudas y tristeza: “Señor, confié en ti. Oré a ti con todo mi corazón. Pero, mira lo que pasó. ¿Dónde está tu promesa de estar conmigo hasta el fin del mundo? ¿Dónde están tu amor y tu poder? ¿No escuchas mi oración? Quizá, no soy nada para ti. Ahora, ¿qué hago?” Y andamos tristes, y deprimidos. Pero en esta palabra podemos ver que todo esto es el poder de la muerte. Pase lo que pase, no deben salir estas cosas de nuestro corazón, sino debemos tener fe, agradecimiento y gozo.

Así que la muerte no era el problema de Lázaro, quien estaba muerto, sino de los discípulos y de Marta y María, que estaban vivos. Ellos sufrían bajo el poder de la muerte. Entonces, ¿qué les dijo Jesús, y cómo les enseñó la fe de resurrección?

II. Yo soy la resurrección y la vida (25-26,38-44)

Vamos a ver los versículos 25 y 26. “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”
Primero, ¿qué significa que Jesús es la resurrección y la vida? La premisa de la resurrección es la muerte. Y ¿cómo llegó a morir el hombre? En el principio cuando creó Dios al mundo, no había muerte. Pero, si vemos el capítulo 3 de Génesis, el hombre cometió el pecado, desobedeciendo la palabra de Dios, y fue condenado a morir (Romanos 5:12).
Y en ese mismo capítulo podemos ver que hay ‘tres tipos de muerte’. Primero, es la muerte física. Dijo Dios al hombre: “pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Génesis 3:19) Muchos piensan que la muerte es un proceso del ciclo de la naturaleza. Pero, si la muerte fuera algo natural, ¿por qué le causaría al ser humano tanto miedo, tristeza, desesperanza y sentimiento de vacío? La muerte física no es natural, sino el castigo de Dios por el pecado.
Segundo, es la muerte espiritual. Por el pecado Dios echó al hombre fuera de su presencia (Génesis 3:24). Porque Dios es santo, y el hombre pecador no puede estar ante su presencia. Acerca de esto Romanos 3:23 dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Y sin Dios el ser humano, consiga lo que consiga, y haga lo que haga en este mundo, no puede obtener verdadera satisfacción y felicidad. Y buscando saciar el hambre y sed de su interior, el hombre comete todo tipo de pecados y maldad. También, como vimos en esta palabra, sin Dios el ser humano sufre por causa de miedo, preocupación, parálisis espiritual, quejas, dudas y tristeza. Vivir sin Dios no es vida. Esto es la muerte espiritual.
Tercero, es la muerte eterna en el infierno. En Génesis 3:24 dice que Dios puso una espada encendida para guardar el camino del árbol de la vida. Esto significa que el hombre pecador no puede tener la vida eterna en el reino de Dios, sino sufrirá la muerte eterna en el infierno. Muchos piensan que la vida del ser humano se acaba con la muerte física. Por eso fomentan ‘la muerte digna’, y la practican en algunos países europeos. Pero, Hebreos 9:27 dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” Los hombres mueren físicamente una sola vez. Pero después tienen que presentarse ante el tribunal de Dios, y si no creen en Jesucristo, serán condenados a sufrir eternamente en el infierno. Esto es la muerte eterna, y se llama ‘la segunda muerte’ (Apocalipsis 2:11). Por el pecado el ser humano estaba condenado a estos tres tipos de muerte.

Pero, en esta palabra declara Jesús, diciendo: “Yo soy la resurrección y la vida.” Y ¿por qué es Jesús la resurrección y la vida? En 1 Corintios 15:3 y 4 dice: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.” Jesús nuestro Señor vino al mundo como el Cordero de Dios, y cargó en su cuerpo todos nuestros pecados, y murió en la cruz por nosotros. Pero Jesús resucitó al tercer día. Y en Jesús resucitado ya no hay nuestros pecados, ni la muerte, que es el castigo por el pecado. Jesús resucitado nos da el perdón de pecados, y la salvación de la muerte. Por eso Jesús es la resurrección y la vida. ¡Qué buenas nuevas es esta palabra para el hombre que mora en la sombra de muerte!

Y en esta palabra podemos ver que Jesús nos da ‘tres tipos de vida’. Primero, es la vida física. Dice Jesús: “el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” Jesús tiene el poder de la resurrección. Aunque muriéramos físicamente, si Jesús quiere, nos puede resucitar. Y, más que esto, Jesús nos puede hacer vivir en cualquier problema, en que no vemos ninguna salida y solución. Viviendo en este mundo, nos podemos encontrar con este tipo de problemas. En esos momentos nos sentimos ‘muertos’, y pensamos: “Ya se acabó todo.” Pero Jesús, quien tiene el poder de la resurrección, nos puede dar la salvación en cualquier situación.
Segundo, es la vida espiritual. También esta palabra significa que Jesús nos da la vida espiritual. Todos los hombres están destituidos de la gloria de Dios por su pecado, y están muertos espiritualmente. Pero Jesús nos da el perdón de pecados y la reconciliación con Dios. ¿Cómo sabemos que estamos reconciliados con Dios? Porque Dios nos da el don del Espíritu Santo, por el cual nosotros llamamos a Dios ‘Abba, Padre’ (Romanos 8:15). Y en nuestro Padre Dios, quien nos ama hasta sacrificar a su Hijo por nosotros, y es todopoderoso que resucitó a Jesús de entre los muertos, podemos ser salvos de miedo, preocupación, quejas, dudas y tristezas. En Jesús podemos tener fe, paz y gozo. Esto es la vida espiritual que nos da Jesús.
Tercero, es la vida eterna. Dice Jesús: “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” Esta palabra no quiere decir que no vamos a morir, y entraremos directamente en el reino de Dios. Por supuesto que vamos a morir una vez. Pero Jesús nos va a resucitar, y nos va a dar la vida eterna en el reino de Dios. En Juan 6:39 y 40 dice Jesús repetidamente: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” Y en Apocalipsis 2:11 dice Jesús: “El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.” Jesús, quien sufrió la muerte por nuestros pecados, puede salvarnos de la muerte eterna, y darnos la vida eterna en el reino celestial.

Y ¿cómo podemos recibir la resurrección y la vida de Jesús? Vamos a ver los versículos 25 y 26 de nuevo. Hay una palabra que se repite tres veces en estos dos versículos. Es ‘creer’: ‘el que cree en mí’, ‘todo aquel que vive y cree en mí’ y ‘¿Crees esto?’ Jesús ya sufrió la muerte por nuestros pecados. Jesús murió en la cruz. Fue desamparado por Dios. Y estuvo tres días bajo el poder de la muerte. Jesús pagó ya todo el precio por nosotros. Por eso no necesitamos pagar nada para recibir la salvación. Lo único que nos pide Dios es creer en Jesús. Si tan sólo nos arrepentimos de nuestros pecados con un corazón sincero y humilde, y creemos que Jesús murió por nuestros pecados y resucitó, podemos recibir la resurrección y la vida de Jesús.

Y en los versículos 38-44 Jesús manifestó su gloria del Hijo de Dios. Si sólo se tratara de hablar, falsos profetas y falsos Cristos también hablan en su locura. Pero Jesús no solamente dijo que él era la resurrección y la vida, sino lo demostró a través de resucitar a Lázaro. Miren los versículos 38-42. El sepulcro donde habían puesto el muerto era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Entonces dijo Jesús: “Quitad la piedra.” Y le dijo Marta: “Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.” El cuerpo de Lázaro ya estaba en descomposición. Pero Jesús le dijo: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?” Entonces quitaron la piedra. Y Jesús oró a Dios para que la gente creyera que Dios le había enviado.
Y miren los versículos 43 y 44. Jesús clamó a gran voz: “¡Lázaro, ven fuera!” Y ¿qué aconteció? El que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. ¡Jesús resucitó a un muerto que llevaba ya cuatro días en el sepulcro, cuyo cuerpo ya hedía por putrefacción! Nuestro Señor Jesús es la resurrección y la vida, no sólo de palabra, sino de poder.

Conclusión: Por el pecado el ser humano se encontraba bajo el poder de la muerte: la muerte física, la muerte espiritual y la muerte eterna. Todos los hombres tenían que morir una vez, y mientras vivían en este mundo, sufrir por causa de miedo, preocupación, parálisis espiritual, quejas, dudas y tristeza, y por fin ser echados en el infierno para la muerte eterna.
Pero, nuestro Señor Jesucristo murió por nuestros pecados, y resucitó al tercer día. Jesús puede hacernos vivir en esta vida en medio de cualquier problema. Jesús nos da el perdón y la reconciliación con Dios, y nos hace vivir en fe, paz y gozo. Y Jesús nos resucitará, y nos dará la vida eterna en el reino de Dios. Y sólo necesitamos creer en él.
Oro que creamos en Jesús ante cualquier problema y situación, y su gloria sea manifestada por medio de nuestras vidas. Oro que creamos en Jesús, quien es la resurrección y la vida, y en el día postrero resucitemos para vivir eternamente en el reino de Dios. Amén.