Juan 2018 (17)
Palabra/ Juan 12:1-19
V.C./ Juan 12:14,15
El Rey montado sobre un asnillo
“Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, Montado sobre un pollino de asna.”
En la palabra que vamos a escuchar ahora sale la hermosa historia de lo que hizo María a Jesús. ¿Qué hizo ella para Jesús? ¿Por qué lo hizo? Y ¿cómo lo aceptó Jesús?
Pero, la historia más hermosa y maravillosa es de Jesús. ¿Quién es él? Y ¿cómo vino al mundo Jesús? Al oír esta palabra, podemos entender que Jesús es digno de lo que hizo María. Más bien, lo que hizo María para Jesús, y todo lo que hemos entregado a Jesús no es nada para él. Oro que a través de esta palabra conozcamos a Jesús más profundamente, y sigamos derramando todo lo de nosotros en sus pies, y seamos utilizados preciosamente en su obra de salvación. Amén.
I. María ungió los pies de Jesús (1-11)
Vamos a ver el versículo 1. Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania. En esa pascua, después de haber comido la última cena con sus discípulos, sería Jesús arrestado y condenado. Y el siguiente día sería crucificado. Jesús iba en rumbo a Jerusalén para ser sacrificado por nuestros pecados. Y antes de entrar en Jerusalén, vino Jesús a Betania. Allí estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de los muertos, como estudiamos la semana pasada.
Y si vemos el versículo 2, le hicieron una cena. Porque estaban muy agradecidos con Jesús por haber devuelto la vida a Lázaro. Marta servía. Ella habría preparado chiles en nogada, espagueti con carne molida, arroz en salsa roja y rica horchata. Y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús. Él muy emocionado les contaría su experiencia de haber muerto y resucitado: “Yo sufría mucho por la enfermedad. Pero de repente ya no sentía dolor, y salí de mi cuerpo. Y empecé a caminar hacia la luz que venia del cielo. No sé cuánto tiempo. Pero de repente oí la voz de Jesús, que clamaba: “¡Lázaro, ven fuera!” Y me desperté. Pero no podía moverme, porque estaba atado, vendado y envuelto. Y como pude, me levanté, y brincando, salí del sepulcro. Así me resucitó Jesús.” Y al oír el testimonio de Lázaro, todos se maravillarían, y creerían en Jesús. La cena estaba llena de emoción y gozo.
Pero, aconteció algo que perturbara ese ambiente. Miren el versículo 3. “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.” ¿Qué fue lo que hizo María? Ella trajo una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio. Una libra equivale a 453.6 gramos. De perfume sería una libra como medio litro. Y en esta palabra dice que ese perfume era de mucho precio. Si vemos el versículo 5, Judas Iscariote calculó que sería ‘de trescientos denarios’. ¿Qué tan grande era la cantidad de trescientos denarios? Cuando estudiamos la alimentación de cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños (Mateo 14:21), decía Felipe que necesitarían ‘doscientos denarios’ para darle a la multitud algo de comer. Entonces, con trescientos denarios podrían comer bien esa gran multitud.
Y en aquel tiempo un denario era el salario de un día de un jornalero. Entonces, para juntar trescientos denarios un jornalero tendría que ahorrar todo lo que ganara, sin gastar para nada, ni un chicle, durante todo el año, trabajando de lunes a sábado. Pero, los consultores financieros recomiendan ahorrar un 10% de lo que gana uno. Si fuera así, un jornalero tardaría diez años para ahorrar trescientos denarios. Pero, María, siendo mujer, y en esa sociedad paternal, no podría trabajar como jornalera. Entonces ella ahorraría lo que sobraba de las compras de despensas, o lo que ganaba, ayudando a las vecinas. Y de esta manera ella habría tardado casi toda su vida para ahorrar esa cantidad de perfume de mucho precio.
Y ¿para qué lo habría ahorrado ella? Esa gran cantidad de dinero no era simplemente para alguna emergencia. Más bien ella lo habría ahorrado, pensando en su futuro: para sus bodas, para su hogar, para poner un negocio, etc. En ese perfume ella no sólo ahorraba dinero, sino depositaba todos sus sueños y planes del futuro.
Pero, con ese perfume María ungió los pies de Jesús. Ella derramó en los pies de Jesús todo lo que ella había ahorrado durante toda su vida, junto con todos sus sueños y planes del futuro. Además, ella enjugó los pies de Jesús con sus cabellos. Para las mujeres los cabellos son su honra y gloria (1 Corintios 11:15). Por eso dedican tanto dinero y tiempo a arreglar sus cabellos. Pero María utilizó sus cabellos para limpiar los pies de Jesús. Ella entregó su honra y gloria a los pies de Jesús. Es realmente sorprendente lo que hizo ella a Jesús.
Entonces, ¿por qué lo habría hecho ella? Por supuesto que estaba agradecida con Jesús, porque salvó la vida de su hermano. Pero, por eso le hicieron una cena. Y si fuera sólo por agradecimiento, María habría vendido una cierta parte de su perfume, y le habría dado a Jesús el dinero para su viaje de predicación. Pero, ¿qué fue lo que hizo ella? María derramó en los pies de Jesús todo el perfume de gran precio, lo cual habría ahorrado durante toda su vida, depositando en él todos sus sueños y planes del futuro. Y los enjugó con sus cabellos, los cuales eran su honra y gloria. Lo que hizo ella a Jesús no era simplemente por agradecimiento, sino su corazón ardía por amor y adoración a Jesús. Porque a través de la resurrección de Lázaro ella vio la gloria de Jesús, el Hijo de Dios, y entendió su gracia de salvación.
En el capítulo anterior vimos que María sabía que Jesús amaba a ella y a sus hermanos. También creía que Jesús tenía poder para sanar enfermos. Y, según Marta, creían que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios (Juan 11:27). Pero, ellos no tenían ni menor idea de qué se trataba que Jesús era el Hijo de Dios. Pero, cuando Jesús resucitó a Lázaro, quien llevaba cuatro días en el sepulcro y hedía ya, María vio la gloria del Hijo de Dios. ¿Quién de los hombres puede resucitar a un hombre muerto que hiede ya? Ningún ser humano lo puede hacer, sino sólo Dios Todopoderoso. Y Jesús lo hizo. En ese momento vio María que Jesús no era un ser humano, sino Dios Todopoderoso mismo, quien vino al mundo en forma de hombre.
Y meditaría María sobre la palabra que le había dicho Jesús a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” A través de esta palabra ella entendería ‘para qué vino el Hijo de Dios al mundo en forma de hombre’. La semana pasada aprendimos que por el pecado el hombre fue condenado y sometido a la muerte: la muerte física, la muerte espiritual y la muerte eterna. También aprendimos que Jesús cargó todos nuestros pecados en su cuerpo, y sufrió los tres tipos de muerte en lugar de nosotros. Por eso Jesús nos puede dar la resurrección y la vida. Jesús nos da el perdón de pecados y la reconciliación con Dios. Y él nos hará vivir eternamente en el reino de Dios. María entendería este misterio de la salvación de Jesucristo. Y cuando ella entendió que Jesús era el Hijo de Dios, igual a Dios Todopoderoso, y él vino al mundo para darnos la resurrección y la vida, ardería su corazón por amor y adoración a Jesús. Ella llegó a amar a Jesús con todo su corazón, con toda su alma y con toda su fuerza. Por eso ungió los pies de Jesús con el perfume, con todo lo que ella tenía. Y hasta entregó ella misma a los pies de Jesús. Y la casa se llenó del olor del perfume.
Pero, vamos a ver los versículos 4 y 5. Dijo uno de los discípulos, Judas Iscariote: “¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?” Esta palabra suena como que él se preocupara de los pobres. Pero en el versículo 6 dice que él dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa de la ofrenda, sustraía de lo que se echaba en ella. Al ver el perfume de mucho precio derramado en los pies de Jesús, lo primero que pensó Judas Iscariote era ‘el dinero’. Con su boca él hablaba de los pobres. Pero dentro de sí diría: “¡Caray, si ella hubiera dado esos trescientos denarios en ofrenda, yo habría sacado treinta denarios, o hasta más! ¡Qué desperdicio!”
Aquí podemos ver el contraste entre María y Judas Iscariote. A través de la señal de la resurrección de Lázaro, María vio la gloria de Jesús, el Hijo de Dios, igual a Dios Todopoderoso. Y meditando sobre la palabra de Jesús, entendió que el Hijo de Dios vino al mundo para darles a los hombres la resurrección y la vida. En cambio, Judas Iscariote era uno de los doce apóstoles de Jesús, y le seguía todo el tiempo. Pero, nunca llegó a conocer quién era Jesús verdaderamente. Y María amaba y adoraba a Jesús con todo su corazón y con toda su fuerza, derramando en sus pies todo el perfume que tenía, y entregándose a sí misma a los pies de Jesús. En cambio, Judas Iscariote amaba el dinero, y a sí mismo. Y le criticaba a María, quien amaba y adoraba a Jesús con todo. Él, como dice el versículo 4, por fin llegó a entregarle a Jesús a los líderes religiosos por treinta piezas de plata. Y luego por la acusación del diablo se ahorcó, sin conocer a Jesús, ni creer en él.
Y en esta palabra podemos ver a otros hombres similares a Judas Iscariote, en contraste de María. Eran los líderes religiosos. Si vemos Juan 11:47, cuando Jesús resucitó a Lázaro, algunos fueron a los fariseos, y se lo dijeron. Entonces los principales sacerdotes y los fariseos dijeron: “¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales.” Ellos sabían que Jesús hacía muchas señales. Entonces, ¿qué tenían que hacer? Tenían que creer que Jesús era el Hijo de Dios, y arrepentirse. Pero, viendo las señales que hacía Jesús, no creyeron en él. Y lejos de creer en Jesús, ellos acordaron matarle (Juan 11:53). Además, en los versículos 9-11 de esta palabra dice que no sólo a Jesús, sino a Lázaro también querían matar, porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús. Y ¿por qué querían matar a Jesús? Según ellos, si todos creyeran en Jesús, vendrían los romanos, y destruirían el templo y la nación (Juan 11:48). Pero eso era su pretexto y justificación. Porque hasta Pilato sabía que los líderes religiosos tenían envidia a Jesús (Mateo 27:18). Antes de que viniera Jesús, ellos habían disfrutado poder y autoridad sobre el pueblo, y beneficios económicos. Amaban ellos ese privilegio. Pero vino Jesús, y el pueblo le seguía. Entonces se vieron en el peligro de perder su privilegio. Por eso querían matarle a Jesús.
Y, ¿qué dijo Jesús, al ver que Judas Iscariote criticaba a María por lo que hizo? Vamos a ver los versículos 7 y 8. “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.” Jesús defendió a María. Y dijo que María derramó el perfume en los pies de Jesús para el día de su sepultura. ¿Acaso sabría María que dentro de seis días sería crucificado Jesús? Probablemente no. María ungió los pies de Jesús con su perfume, simplemente porque le amaba y adoraba con todo su corazón y con toda su fuerza. Pero Jesús lo aceptó, y lo utilizó preciosamente en su obra de salvación.
En nuestra iglesia UBF podemos ver a muchos pastores y misioneros que han derramado en los pies de Jesús el perfume de sus capacidades, oportunidades de éxito en el mundo, su juventud, su futuro y su vida. El misionero Samuel C. Lee derramó su sueño de obtener el doctorado en E.U., y sirvió a los universitarios coreanos con la palabra de Dios. La misionera Mother Barry ungió los pies de Jesús con su juventud, su sueño de bodas y sus riquezas, y ha servido la obra de la Misión Mundial. El 2 de mayo el misionero José Song, quien había servido la obra de Dios en un país comunista con mucho sufrimiento, murió por enfermedad. Él derramó su vida en los pies de Jesús. Nosotros también hemos derramado en los pies de Jesús nuestra juventud, nuestras oportunidades de conseguir las cosas del mundo y nuestro futuro. Y entre nosotros, los que llevan poco tiempo estudiando la palabra de Dios, han tomado la decisión de ungir los pies de Jesús con su juventud y su futuro.
Y la verdad, cuando ungimos los pies de Jesús con todo lo que tenemos, lo hacemos simplemente porque amamos y adoramos a Jesús. Y no sabemos el significado y la importancia de lo que hacemos para él. Y otros nos critican. Nuestros padres se enojan, y lloran, porque entregamos nuestra vida a Jesús, y no buscamos lo que busca la gente del mundo. Y nuestros parientes y amigos se burlan de nosotros, diciendo que desperdiciamos nuestra vida, y estamos lavados de cerebro.
Pero en esta palabra podemos ver que nuestro Señor Jesús nos defiende. Sobre todo, Jesús acepta todo lo que derramamos en sus pies, y lo utiliza preciosamente en su obra redentora. Nuestra juventud y nuestra vida derramadas en los pies de Jesús no son desperdicio (1 Corintios 15:58). Más bien la vida de la gente del mundo que busca sólo las cosas vanas del mundo, y vive sólo para sí misma es un desperdicio. Oro que sigamos amando y adorando a Jesús con todo lo que tenemos, y nuestra vida no se desperdicie en este mundo, sino sea utilizada preciosamente en la obra de salvación de Jesús. Amén.
II. El Rey montado sobre un asnillo (12-19)
Vamos a ver los versículos 12 y 13. El siguiente día Jesús entró en Jerusalén. Y ¿cómo le recibió la gente? Grandes multitudes que habían venido a la fiesta de la pascua, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!” ‘Hosanna’ significa ‘sálvanos’. Ellos recibieron a Jesús como el Salvador, el Señor y el Rey de Israel. ¿Por qué le recibieron así? En los versículos 17 y 18 dice que daba testimonio la gente que estaba con Jesús, cuando llamó a Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. Por eso la gente salió a recibirle a Jesús.
Pero, miren los versículos 14 y 15. “Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito: No temas, hija de Sion; He aquí tu Rey viene, montado sobre un pollino de asna.” ¿Quién es Jesús? Él es el Señor y el Rey de Israel. Jesús es igual a Dios Todopoderoso, quien resucitó a Lázaro que estaba en el sepulcro y hedía ya.
Pero, siendo el Señor y el Rey, Jesús no montó sobre un caballo alto y fuerte, sino sobre un asnillo. En el día postrero vendrá Jesús con gran poder y gloria para juzgar a los vivos y a los muertos (2 Timoteo 4:1). Acerca de su segunda venida en Marcos 13:26 dice: “Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.” Pero, la primera vez que vino Jesús al mundo, vino humilde, en forma de hombre, igual que nosotros, y montado sobre un asnillo. ¿Por qué vino así Jesús? En Juan 3:17 dice Jesús: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” Vino Jesús humilde al mundo para salvarnos a nosotros. En Filipenses 2:6-8 dice acerca de esta gracia maravillosa de Jesucristo. Jesús es en forma de Dios, igual a Dios. Pero se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Porque el hombre desobedeció la palabra de Dios, y por su pecado estaba condenado a la muerte. Y vino Jesús al mundo, como el Cordero de Dios, para cargar todos nuestros pecados, y sufrir la muerte en lugar de nosotros para salvarnos. Por eso Jesús nuestro Señor y Rey vino al mundo en forma de hombre, igual que nosotros. Y estando en la condición de hombre, Jesús se humilló a sí mismo, y murió en la cruz para darnos la resurrección y la vida eterna. Algunos necios dicen que la fe cristiana es un invento de los hombres. Pero, de entre los hombres tan soberbios y egoístas, ¿quién habría podido imaginarse de lo que haría Jesús? Y ¿quién puede entender del todo lo que hizo Jesús para salvarnos a nosotros? Realmente es maravilloso nuestro Señor Jesucristo, y asombroso lo que hizo él por nosotros.
Y al pensar en lo que hizo Jesús por nosotros, nos damos cuenta de que no era nada el perfume de mucho precio que derramó María en los pies de Jesús. La honra y gloria de los cabellos de María tampoco era nada para nuestro Señor Jesús. Y todo lo que hemos derramado en los pies de Jesús: nuestra juventud, esas oportunidades para ganar las cosas del mundo, nuestro futuro, nuestra vida, nuestro dinero, nuestro sufrimiento para servir al Señor, todo esto no es nada comparado con lo que hizo Jesús por nosotros. Nuestro Señor Jesús es digno de mucho más que estas cosas. En Apocalipsis 5:12 dice: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.” Nuestro Señor Jesucristo es digno de todas las riquezas y toda la gloria del mundo. Alabemos y adoremos a nuestro Señor Jesús, quien, siendo el Señor y el Rey, vino humilde montado sobre un asnillo, y cargando todos nuestros pecados en su cuerpo, fue castigado y sacrificado en lugar de nosotros para salvarnos. Amén.
Conclusión: Lo que hizo María para Jesús es hermoso. Ella ungió los pies de Jesús con el perfume de mucho precio que ella habría ahorrado durante toda su vida, y los enjugó con sus cabellos.
Pero, lo que hizo Jesús por nosotros es incomparablemente más hermoso y asombroso. Jesús, siendo Dios Todopoderoso, el Señor y el Rey, vino humilde al mundo en forma de hombre, montado sobre un asnillo, para cargar todos nuestros pecados en su cuerpo, y sufrir la muerte en la cruz para salvarnos a nosotros, y darnos la resurrección y la vida. Al ver esta gloria y gracia de nuestro Señor Jesús, nos damos cuenta de que no son nada para él el perfume de mucho precio de María, sus cabellos, nuestra juventud, nuestras oportunidades para ganar las cosas del mundo, nuestra vida, y cualquier otra cosa. Pero nuestro Señor Jesús acepta lo que derramamos en sus pies, y lo utiliza preciosamente en su obra de salvación. Oro que amemos y adoremos a Jesús nuestro Señor y Rey, quien vino montado sobre un asnillo. Oro que nuestra vida no se desperdicie en el mundo, sino sea utilizada para la preciosa obra de salvación de Jesús. Amén.