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Juan 2018 (3)
Palabra/ Juan 1:35-51
V.C./ Juan 1:38

¿Qué buscáis?

“Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?”

En esta palabra Jesús les pregunta a los que le siguen, diciendo: “¿Qué buscáis?” Y a nosotros también nos pregunta Jesús: “¿Qué buscan?” A través de esta palabra vamos a meditar qué hemos buscado, siguiéndole a Jesús. Y vamos a aprender por qué tenemos que buscar sólo a Jesús.
También podemos ver que Jesús conocía a Natanael hasta por dentro de su corazón, y antes que lo viera por primera vez. Entonces, ¿desde cuándo nos conoce a nosotros Jesús? Y ¿qué significado tiene para nosotros el hecho que Jesús nos conoce desde antes de la fundación del mundo?
Oro que a través de esta palabra renovemos el interés y propósito de nuestro corazón, y le sigamos a Jesús con la convicción de su llamamiento irrevocable. Amén.

I. ¿Qué buscáis? (35-42)

La semana pasada aprendimos que Juan el Bautista dio testimonio de Jesús, diciendo que él era el Cordero de Dios que quitaba el pecado del mundo, y el que se arrepintiera y se bautizara en su nombre recibiría el perdón de pecados, y Jesús le bautizaría con el Espíritu Santo. Ahora, si vemos los versículos 35 y 36, el siguiente día estaba Juan con dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, les dijo a sus discípulos: “He aquí el Cordero de Dios.” ¿Qué les querría decir Juan con esta palabra? Él les estaba presentando a sus discípulos a Jesús para que le siguieran. Él les estaba diciendo: “He aquí el Cordero de Dios. Síganle. Ya andando.” Y si vemos el versículo 37, le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús.
Aquí podemos aprender la humildad que debemos tener como pastores de las ovejas. Juan podía decir a sus discípulos: “Ustedes son mis discípulos. Quédense conmigo hasta que muera yo.” Pero él no quiso tener a sus discípulos amarrados a sí mismo. Más bien les ayudó a mirar a Jesús y seguirle. Algunos pastores piensan que sus ovejas son ‘suyas’. Y si otros pastores reprenden a sus ovejas o les enseñan, se enojan. También dicen: “Esta universidad es mía, y esta ciudad es también mía. Aquí no prediquen la palabra.” Ellos son soberbios, y buscan su propia gloria.
Pero, las ovejas a quienes apacentamos no son de nosotros, sino de Dios. La BUAP y la ciudad de Puebla no son de nosotros. Más bien el Señor nos llamó a nosotros a servir a sus ovejas aquí. Siendo pastores de las ovejas, debemos ser humildes como Juan el Bautista. Tenemos que ayudarles a las ovejas a mirar a Jesús y seguirle. Y si otros pastores les ayudan a seguir a Jesús, lejos de enojarnos, debemos alegrarnos y agradecerles. Oro que seamos humildes como Juan, y a través de nosotros las ovejas conozcan a Jesús y le sigan para obtener la vida y la luz en él. Amén.

Ahora, vamos a ver el versículo 38. Volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: “¿Qué buscáis?” Y ellos le dijeron: “Maestro, ¿dónde moras?” Esta pregunta de los discípulos no significaba que ellos querían conocer la casa donde vivía Jesús. Ellos querían estar con Jesús, y aprender de él, y conocerlo.

Y ¿qué busca la gente, siguiéndole a Jesús? Muchos buscan solución de problemas y una vida más tranquila. Ellos buscan resolver problemas personales, o problemas familiares en Jesús. También quieren comportarse bien ante Dios, y tener una conciencia más tranquila. Algunos buscan sacar la carrera atorada. Y los que padecen de enfermedades buscan sanidad. Por otro lado, ya que nuestra iglesia es de los jóvenes, algunos vienen buscando su pareja. Y los que tienen negocio pueden seguirle a Jesús, buscando clientes en la iglesia. Los políticos pueden buscar votos. Y ¿los pastores? Pueden buscar tener a muchos discípulos, propia satisfacción y reconocimiento de la gente. Y, siendo nosotros pastores y misioneros auto sustentados, podemos buscar trabajo y dinero. También, viviendo en estos tiempos peligrosos, podemos buscar seguridad.
Y, cuando obtienen lo que buscaban, algunos se van, dejando de seguir a Jesús. Un joven quiso estudiar la Biblia, porque su vida era como una bola de hilo todo enredado, y él no sabía qué hacer con su vida. Pero, estudiando la Biblia, se le solucionaron sus problemas, y su vida se puso en orden. Entonces, él dijo: “Ya estoy completo”, y dejó de estudiar la Biblia. Y una joven vino a la iglesia, porque tenía miedo de hablar delante de la gente, y tenía sobrepeso. Ella recibió entrenamiento, y pudo superar esos problemas. Entonces dejó una cartita, y se fue. También algunos siguen a Jesús, buscando su pareja ideal, y al ver que no podría conseguirla, dejan de seguir a Jesús, sin decir ni siquiera adiós.

Pero, los dos discípulos que salen en esta palabra buscaban a Jesús mismo. Y ¿por qué debemos buscar a Jesús? En los últimos dos estudios hemos aprendido que Jesús es Dios eterno, y el Creador de todas las cosas. En Jesús hay la vida y la luz de los hombres. Jesús nos da la potestad de ser hechos hijos de Dios. A través de Jesús recibimos la gracia y la verdad de la salvación. Y Jesús el Cordero de Dios nos da el perdón de pecados y el don del Espíritu Santo. En Jesús hay todas las cosas que desea el ser humano. Por lo tanto, si tenemos a Jesús, tenemos todo, y si no tenemos a Jesús, aunque tuviéramos todas las cosas del mundo, no tenemos nada. Además, Jesús mismo es el tesoro mucho más valioso y apreciable que todas las cosas. Por esta razón debemos buscar a Jesús mismo.
Si vemos Lucas 17:11-19, diez hombres leprosos vinieron a Jesús, buscando sanidad. Jesús les dijo que fueran y se mostraran a los sacerdotes. Y mientras iban, fueron limpiados. Entonces, ¿qué hicieron ellos? Los nueve hombres se alegraron, y se olvidaron de Jesús, y se fueron. Pero uno volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Entonces Jesús le dijo: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado.” Él había venido a Jesús, buscando sanidad. Pero a través de su sanación él conoció a Jesús, y buscó a Jesús. Y Jesús le dio la salvación y la vida eterna.
Mali había vivido en sufrimiento. Y por la invitación de Moisés empezó a estudiar la Biblia. Ahora dice que se siente mejor. En la escuela también le va bien. Pero, a través de la palabra de Dios ella entendió que sin Jesús esta tranquilidad no es nada. Ahora ella está mirando a Jesús. Le agradezco a Dios porque él le abrió sus ojos espirituales, y le ayudó a buscar a Jesús mismo. Pero, aquellos, que buscan otras cosas, y al conseguirlas, dejan de seguir a Jesús, son tan necios que se aferran a las basuras, y abandonan el tesoro más valioso.
Ahora, ¿qué buscamos nosotros? Necesitamos hacernos esta pregunta no sólo cuando empezamos a seguir a Jesús, sino cada momento de nuestra vida. Nuestro interés y propósito debe ser Jesús mismo, y no otras cosas. Oro para que cada momento revisemos nuestro interior, y busquemos a Jesús, y en él obtengamos todas las bendiciones de Dios. Amén.

Y miren los versículos 39-41. Jesús les dijo: “Venid y ved.” Y ellos fueron, y se quedaron con Jesús aquel día desde como las cuatro de la tarde. Y ¿qué aconteció? Andrés, quien era uno de los dos, halló a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).” Andrés conoció que Jesús era el Mesías, a quien Dios había prometido enviar en las Escrituras. En tan solo menos de medio día lo conoció. ¿Cómo pudo conocer a Jesús en tan poco tiempo?
Andrés había sido discípulo de Juan el Bautista. Él ya se había arrepentido de sus pecados, y bautizado por Juan. Y estando con Juan, esperaba la manifestación del Cristo. Y cuando Juan le presentó a Jesús el Cordero de Dios, Andrés le siguió. Él buscaba al Mesías de todo su corazón. Y a él se dio a conocer Jesús a sí mismo. Jesús le declararía lo que decían de él en la ley y los profetas. Y al oír las palabras de Jesús, ardería el corazón de Andrés con gran emoción (Lucas 24:27,32). Y él conoció que Jesús era el Mesías.
En Jeremías 29:12 y 13 dijo Dios: “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” Al que le busca de todo su corazón se da a conocer Dios a sí mismo. Oro que busquemos a Jesús mismo de todo nuestro corazón, y lo conozcamos más profundamente, y en él tengamos todas las bendiciones de Dios. Amén.

II. Antes te vi (43-51)

Vamos a ver los versículos 43-45. El siguiente día Jesús fue a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: “Sígueme.” Luego Felipe halló a Natanael, y le dijo: “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.” Como Andrés, Felipe también buscaba al Mesías, y lo halló, e invitó a Natanael a conocerlo.
Pero, si vemos el versículo 46, Natanael le dijo a Felipe: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” Al oír esta palabra de Natanael, Felipe se daría cuenta de que Natanael tenía toda la razón. Porque, si vemos Miqueas 5:2, el Señor Dios eterno había de salir de Belén de Judea, no de Nazaret de Galilea. Pero, esta duda no pudo apagar la convicción y entusiasmo que tenía Felipe en su corazón. Por eso le dijo Felipe: “Ven y ve.” Y porque él hablaba con tanta emoción, Natanael fue a ver a Jesús.

Y vamos a ver los versículos 47 y 48. Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.” Entonces le dijo Natanael: “¿De dónde me conoces?” Él le querría decir: “¿Me has visto? Yo nunca te he visto.” Era la primera vez que se encontraban Jesús y Natanael. Pero Jesús ya lo conocía, y hasta por dentro de su corazón. Por eso quedó sorprendido Natanel. Y si vemos el versículo 48b, Jesús le dijo: “Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.” Es decir, Natanael se encontraba en un lugar debajo de una higuera, quizá meditando la palabra de Dios acerca del Mesías. Y Jesús estaba en otro lugar. Pero Jesús vio a Natanael. ¿Cómo pudo ver Jesús a Natanael, estando en otro lugar, y conocerlo hasta lo que había en su interior? Ningún hombre lo puede hacer, sino sólo Dios. Jesús es Dios. Por eso, si vemos el versículo 49, asombrado le dijo Natanael: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.” Él creyó que Jesús era Dios, y el Mesías prometido en las Escrituras.
Entonces, miren los versículos 50 y 51. “¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.” Los ángeles son siervos de Dios. Y ¿por qué subirían y descenderían ellos sobre Jesús? Porque Jesús es Dios, y los ángeles le sirven. Jesús le declaró a Natanael que en adelante vería la gloria de Jesús como Dios el Señor.

Aquí podemos aprender ‘desde cuándo nos conoce Jesús’. ¿Nos conocerá Jesús desde que nos invitaron a estudiar la Biblia? ¿Qué dice la palabra de Dios? En Efesios 1:4 dice: “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.” También en Jeremías 1:5 dice Dios: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.” Jesús Dios nuestro Creador nos conoció antes de la fundación del mundo, y antes que nos formara en el vientre de nuestra madre. Y nos escogió para que seamos salvos y utilizados como maestros de la Biblia en todas las naciones. No es que un día a Jesús se le ocurriera llamar a algunos, y viendo entre todos escogiera a nosotros, a ver si le servíamos. Jesús nos conoció antes de la creación del universo.
Él nos conoce por fuera, y por dentro. Él conoce el carácter de cada uno de nosotros. Jesús conoce nuestros talentos, habilidades y capacidades. Nuestro Señor Jesús conoce lo que tenemos, y lo que no. Él conoce en qué somos buenos, y en qué malos. Él conoce nuestra fortaleza y debilidad. Él nos conoce a nosotros del todo. Y, conociéndonos a nosotros, nos escogió para que seamos hechos sus hijos y obreros.

Y ¿qué significado tiene esta verdad para nosotros? En Romanos 11:29 dice: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.” La gracia de salvación y el llamamiento de Jesús para con nosotros son irrevocables. Si Jesús nos conociera desde algún momento de nuestra vida, y nos llamara a ver si le sirvamos, al conocer nuestros pecados, debilidades y faltas, podría despedirnos, diciendo: “Es que no te conocía bien.” Pero Jesús nos conoció del todo, y nos escogió, y nos llamó. Además, Jesús el Cordero de Dios ya fue sacrificado por todos nuestros pecados, errores y faltas una vez para siempre (Hebreos 10:12). Así que nuestro Señor Jesús nunca se decepciona de nosotros, ni se arrepiente de habernos llamado. Él será fiel con nosotros, y se responsabilizará de nosotros durante toda nuestra vida, y hasta que entremos en el reino de Dios.
Cada uno de nosotros tiene sus pecados, debilidades y faltas. Pero no necesitamos tratar de encubrirnos o tener miedo de que nos descubran. Porque Jesús ya nos conoce. Y a pesar de todo nos escogió y nos llamó. Además, él derramó su sangre por nosotros. Lo que tenemos que hacer es confiar en la fidelidad de Jesús, y seguirle a él hasta que entremos en el reino de Dios para la vida eterna.

Conclusión: Jesús nos pregunta, diciendo: “¿Qué buscan?” En Jesús hay todas las cosas, y Jesús es más que todas las cosas. Por lo tanto, debemos buscar a Jesús mismo. Y, si buscamos a Jesús de todo nuestro corazón, él se da a conocer a nosotros, y nos da todas las bendiciones de Dios que hay en él. Oro que cada momento hagamos esta pregunta a nosotros mismos, y busquemos sólo a Jesús de todo nuestro corazón.
Y le agradezco y alabo a Jesús, porque él nos conoció desde antes de la fundación del mundo, y nos escogió y nos llamó. Sólo por la gracia y misericordia de Jesús ahora somos hijos de Dios y sus obreros. Y él será fiel con nosotros hasta que entremos en el reino de Dios para la vida eterna. Oro que tengamos esta confianza, y le sigamos a Jesús y sirvamos su obra del evangelio hasta que él nos lleve a su reino eterno. Amén.