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Juan 2018 (8)
Palabra/ Juan 5:19-47
V.C./ Juan 5:24

El que honra al Hijo

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Le agradezco a Dios por darnos esta hermosa palabra del evangelio según Juan, que está llena de los conocimientos de Jesucristo, de Dios y de su salvación. Y en esta palabra que vamos a escuchar ahora Jesús revela ‘el corazón de Dios hacia el ser humano’. Dios espera una sola cosa del hombre, que le honre a Jesucristo y a Dios quien envió a su Hijo al mundo. Y ¿qué regalo da Dios al que le honra a su Hijo? Pero ¿qué consecuencia sufre el que no se humilla ante el Hijo de Dios y no le honra? Y, aun con todos los testimonios que tiene Jesús, ¿por qué no le honran los hombres y no creen en él?
Pero, oro que nosotros nos humillemos ante el Hijo de Dios y le honremos, y nos gocemos de la vida eterna que nos ha dado Dios en su Hijo. Y oro que, cuando regrese nuestro Señor Jesucristo, recibamos vida eterna en el reino celestial. Amén.

I. El que honra al Hijo (19-29)

La semana pasada estudiamos que Jesús sanó al hombre que había estado enfermo durante treinta y ocho años. Pero, los judíos no veían esta señal de Jesús, y procuraban matarle por quebrantar día de reposo. Y aún más procuraban matarle, porque decía Jesús que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios (18).
Entonces, vamos a ver los versículos 19 y 20a. A ellos les respondió Jesús, y les dijo que lo que hacía él no lo hacía por sí mismo, sino todo lo que Dios hacía, también lo hacía él igualmente. Todas las obras que hacía Jesús eran de Dios. Esas obras mostraban que Jesús era el Hijo de Dios, igual a Dios.

Y en el versículo 20b dice Jesús que Dios le mostrará mayores obras que sanar a los enfermos. ¿Qué son esas obras? Miren el versículo 21. “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.” Para empezar, ¿quiénes serían ‘los muertos’? Se refieren a ‘los muertos espiritualmente’. En Juan 1:4 aprendimos que en el Verbo estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Pero, el ser humano desechó la palabra de Dios, desobedeciéndola. Y perdió la vida y la luz. En este mundo los hombres andan vivos físicamente. Pero están muertos espiritualmente. Ellos no tienen paz para con Dios, y viven con miedo. Aunque estuvieran metidos en búnker nuclear, no pueden ser libres de ese miedo. Y ellos no logran obtener satisfacción y felicidad verdaderas. En el mundo ellos luchan por conseguir dinero, amor humano, conocimientos y poder, pensando que estas cosas les darían felicidad. Pero después de alcanzarlas lloran amargamente por hambre y sed que siguen en su interior. Y como estudiamos la semana pasada, en esta tierra maldita por el pecado del hombre ellos compiten por las oportunidades inciertas y limitadas. Ellos viven tensos, nerviosos, estresados, angustiados y enfermos de dependencia humana y fatalismo. ¿Sabían que en Ivy League (las ocho universidades más cotizadas en E.U.) luchan las autoridades contra los suicidios? También como los sepulcros inmundos, viven en tinieblas e inmundicia. Esto no es vida. Sobre todo, ellos sufrirán la muerte segunda en el infierno para siempre (Apocalipsis 21:8).
Pero, Dios tuvo misericordia de estos hombres muertos, y envió a su Hijo Jesucristo para darles vida. En Romanos 6:23 dice: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Jesucristo el Hijo de Dios les da a los hombres perdón de pecados, y los reconcilia con Dios. Jesús, quien es el agua viva, les da a los hombres satisfacción y felicidad verdaderas. Jesús da a los hombres una vida nueva, que es vivir por la fe, y vivir una vida en la luz de Dios conforme a su palabra. Y Jesús les da el vivir eternamente en el reino celestial. ¡Realmente esta es la obra más grande y maravillosa de Dios!

Pero, no a cualquiera le da esta dádiva el Hijo de Dios. Miren los versículos 22 y 23. “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.” Dios estableció a su Hijo Jesucristo como el Dador de vida y Juez, para que todos honren a él y a Dios quien le envió.
Aquí Jesús revela ‘el corazón de Dios hacia los hombres’. Dios quiere que los hombres le honren al Hijo de Dios Jesucristo, y a Dios quien le envió al mundo. Desde el principio, cuando creó Dios los cielos y la tierra, esto ha sido el corazón de Dios hacia el ser humano. Si vemos Génesis 2:16 y 17, dice: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Dios le dio al hombre libertad sin límite, diciendo: “De todo árbol del huerto podrás comer.” Y ¿qué esperaba Dios del hombre? Una sola cosa esperaba Dios, que el ser humano respetara a Dios y obedeciera su palabra. Pero, el hombre no le glorificó a Dios, ni le dio gracias, sino le desobedeció (Romanos 1:21). Y perdió la vida.
Pero, por su amor y misericordia envió Dios a su Hijo amado Jesucristo al mundo. Y espera una sola cosa, que le honren los hombres. En Lucas 20:9-16 Jesús expone este corazón de Dios a través de una parábola. Un hombre plantó una viña, y la arrendó a labradores. Y a su tiempo envió a sus siervos a los labradores una, y otra, y otra vez para que le dieran del fruto de la viña. Pero los labradores les golpearon, y les enviaron con las manos vacías. Entonces el señor de la viña dijo: “¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto.” (Lucas 20:13) Esto es el corazón de Dios hacia los hombres. Dios espera una sola cosa de los hombres para darles vida eterna, que le honren a su Hijo amado Jesucristo y a Dios quien le envió al mundo.

Y ¿qué hace el que honra al Hijo de Dios, y qué regalo recibe? Miren el versículo 24. “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” El que se humilla delante del Hijo de Dios y le honra, oye su palabra. Y cree a Dios que le envió. ¿Qué significaría ‘creer a Dios que le envió a su Hijo al mundo’? Hace poco estudiamos Juan 3:16. Dice Jesús: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Dios amó tanto a los hombres pecadores que ha dado a su Hijo amado como el Cordero de Dios. Y lo sacrificó en la cruz por los pecados de los hombres. Y a todos los que creen en su Hijo Jesucristo les da Dios salvación y vida eterna. El que honra al Hijo de Dios oye este evangelio de Jesucristo, y lo cree. Y por oír la palabra de Jesús y creer en Dios ya tiene vida eterna. Ya ha pasado de muerte a vida.
Y miren el versículo 25. “De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.” Jesucristo el Hijo de Dios ya vino al mundo, y anunció su evangelio de salvación. Los muertos espiritualmente ya han oído la voz del Hijo de Dios. Pero sólo los que la oyen y creen, reciben vida eterna. Y ahora es el tiempo de gracia y de salvación (2 Corintios 6:2).

Pero, aquellos hombres muertos que no le honran al Hijo de Dios, ¿qué consecuencia sufrirán? Vamos a ver los versículos 26 y 27. “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.” En esta palabra podemos ver qué autoridad le dio Dios a su Hijo. Dios le ha dado a su Hijo Jesucristo el tener vida en sí mismo. Por eso Jesús puede darles vida a los muertos. Y también le dio Dios autoridad de hacer juicio. Jesucristo tiene autoridad no sólo para dar vida a los hombres, sino también para condenar y castigar.
Y ¿por qué le ha dado Dios a su Hijo Jesús esta autoridad de vida y juicio? En la última parte del versículo 27 dice: “por cuanto es el Hijo del Hombre.” Jesús decía que él era el Hijo de Dios. Por eso los judíos procuraban matarle. Pero aquí dice Jesús que él es ‘el Hijo del Hombre’. El significado de esta palabra lo explica precisamente en Filipenses 2:6-11. Jesús es el Hijo de Dios. Él es igual a Dios. Pero no se aferró al ser igual a Dios, sino se despojó a sí mismo, y tomó forma de hombre. Y estando en la condición de hombre, obedeció la voluntad de Dios, y se entregó a muerte en la cruz por nuestros pecados. Por esta razón Dios le exaltó hasta lo sumo, y le dio autoridad de vida y juicio. ¿Quién puede dar vida a los pecadores que merecen morir? Sólo Jesucristo quien murió en lugar de ellos por sus pecados. ¿Quién puede juzgar y condenar a los pecadores que no creen en el evangelio? Sólo Jesucristo quien sacrificó su vida por ellos, y ya les ha ofrecido vida eterna.
Y miren los versículos 28 y 29. “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” El hombre muere. Pero la vida del hombre no se acaba en la muerte. En Hebreos 9:27 dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” Cuando regrese el Señor Jesucristo, todos los que están en los sepulcros van a resucitar. Pero, no todos van a tener la misma resurrección. Los que hicieron ‘lo bueno’, saldrán a resurrección de vida. Pero los que hicieron ‘lo malo’ resucitarán para ser condenados. Aquí, ¿a qué se refieren ‘lo bueno’ y ‘lo malo’ respectivamente? ¿Qué será el criterio de vida y condenación en aquel día? Muchos creen que por hacer buenas obras: ayudar a los pobres, servir en la iglesia, ir de peregrinación, afligir su cuerpo, etc., estarán bien con Dios. Pero estas cosas no son ‘lo bueno’ que espera Dios de los hombres. ‘La buena obra’ que quiere Dios de nosotros es honrarle al Hijo de Dios, oír su palabra y creer en su evangelio de salvación. Entonces en aquel día cuando regrese el Señor Jesucristo resucitaremos para vivir eternamente en el reino de Dios. Pero los que hacen ‘lo malo’, es decir, que no le honran a Jesucristo el Hijo de Dios y no creen en él, por más buenas obras que hicieran, van a resucitar para ser condenados y castigados en el fuego del infierno eternamente. Acerca de esto en Marcos 16:16 también dijo Jesús: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

Les voy a contar una historia. Un estratega se presentó a un hombre poderoso. Y éste le preguntó al estratega: “¿Cuántos hombres has visto en el centro de la capital?” El estratega le respondió: “He visto dos hombres.” Pero la ciudad era grande, y su población era numerosa. Los que estaban allí se burlaron de él. Pero él siguió, diciendo: “En esta ciudad sólo hay dos tipos de hombres: el que es útil para usted, y el que es inútil para usted.” Como esta historia, podemos ver en esta palabra que delante de Dios sólo hay ‘dos tipos de hombres’: el que honra a su Hijo Jesucristo, y el que no le honra. A Dios no le importa si eres judío o mexicano, católico o cristiano, inteligente o lento, rico o pobre, buena onda o mala onda, etc. Dios espera y ve una sola cosa de los hombres: si le honran a su Hijo Jesucristo o no.
Le agradezco a Dios, porque él nos ha ayudado a humillarnos delante de su Hijo Jesucristo, honrarle, oír su voz y creer en él. Y sólo por honrarle a su Hijo y creerlo nos ha pasado Dios de muerte a vida. Aunque somos pequeños, por honrarle a su Hijo Jesucristo podemos agradarle a Dios. Oro para que cada momento le honremos a Jesucristo el Hijo de Dios, gocemos de vida eterna, y cuando regrese él, salgamos a resurrección de vida. Y le pido a Dios que llame a muchas ovejas a nuestra conferencia de semana santa con este corazón humilde que honra al Hijo de Dios, y reciban vida eterna en Jesucristo. Amén.

II. No tenéis amor de Dios (30-47)

Ahora, los hombres muertos que no le honran al Hijo de Dios Jesucristo, ¿por qué no le honran y no creen en él? ¿Sería por falta de pruebas y evidencias de que Jesús vino de Dios el Padre? En lo siguiente Jesús habla de los testigos que dan testimonio acerca de él.

Primero, Juan el Bautista (31-35). Si Jesús solo diera testimonio acerca de sí mismo, y nadie más, su testimonio no es verdadero. Los falsos Cristos también dan testimonio de sí mismos, diciendo: “Yo soy el Cristo.” (Mateo 24:5) Pero su testimonio es falso y mentira. Porque cualquier loco lo puede decir.
Pero acerca de Jesús otro dio testimonio, Juan el Bautista. En Juan 1:29 dice que Juan el Bautista vio a Jesús que venía a él, y dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” También él dio testimonio, diciendo que vio al Espíritu Santo que descendía del cielo, y permaneció sobre Jesús, y supo que él era el Hijo de Dios que bautizaba con el Espíritu Santo (Juan 1:32-34). Y su testimonio era verdadero. Porque Juan el Bautista no vino por sí mismo, sino fue enviado de Dios para dar testimonio de la luz verdadera (Juan 1:6,7).

Segundo, las obras que hacía Jesús (36). En el versículo 36 dice Jesús que él tiene mayor testimonio que el de Juan. Son las obras que Dios le dio para que cumpliera. Esas mismas obras dan testimonio de Jesús, que Dios le ha enviado.
La semana pasada estudiamos que Jesús sanó al hombre que había estado enfermo durante treinta y ocho años. Pero aun esta obra queda pequeña comparada con otras obras que hacía Jesús. Nuestro Señor Jesucristo abrió los ojos a un hombre que nació ciego (Juan 9:30-38). Jesús resucitó a los muertos, y reprendió al viento y al mar y los calmó, y echaba fuera demonios. Ciertamente las obras que hacía él daban testimonio de que él era el Hijo de Dios, igual a Dios Creador todopoderoso. Por eso, si vemos Juan 3:2, cuando Nicodemo vino a Jesús, siendo él fariseo, uno de los judíos, confesó, diciendo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.”

Tercero, el Padre Dios (37a). En Mateo 3:17, cuando Jesús fue bautizado por Juan para cargar nuestros pecados y ser sacrificado en la cruz, Dios mismo dio testimonio de él, diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Dios mismo dijo que Jesús era su Hijo amado.

Cuarto, las Escrituras (39). Los judíos escudriñaban las Escrituras, porque creían que en ellas podrían obtener la vida eterna. Ellos no sólo las leían, sino las estudiaban y las memorizaban. Y las ataban en su mano, y las traían en una cajita frontal entre sus ojos (Deuteronomio 6:8).
Pero, ellos no sabían una cosa fundamental de las Escrituras, que ellas daban testimonio de Jesucristo. En Génesis 3:15 ‘la simiente de la mujer’ a quien le enviaría Dios al mundo para salvar al hombre se refiere a Cristo Jesús. En 2 Samuel 7:12 y 13 el Hijo de David, el Rey eterno se refiere a Jesucristo. En Isaías 53:1-7 el Cordero que cargaría el pecado de todos nosotros y sería sacrificado habla de Jesús. Dicen que en el Antiguo Testamento han encontrado más de trescientas profecías, que dan testimonio acerca de Jesús, y se cumplieron por medio de él. Por eso, cuando Jesús resucitó de entre los muertos, apareció a dos discípulos que iban a Emaús, y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían (Lucas 24:27).

Pero, aunque hay tantos testigos que dan testimonio, que Jesús es el Hijo de Dios, ¿por qué no le honran los hombres, y no le creen? Miren el versículo 38. Ellos no creen en Jesús, porque no tienen la palabra de Dios, morando en ellos. También vamos a ver el versículo 42. Ellos no le honran al Hijo de Dios, porque no tienen amor de Dios en ellos. Entonces, si ellos no tienen la palabra de Dios, ni amor de Dios, ¿qué tienen en su corazón? En el versículo 44 Jesús les reprende, diciendo: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” En Génesis 15:6 dice la palabra de Dios que Abraham creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. La palabra de Dios dice que el hombre es salvo por medio de la fe en su Hijo Jesucristo (Romanos 3:20-22). Pero los judíos trataban de obtener la justicia por medio de las obras de la ley por su propio esfuerzo. Y hacían esas obras delante de los hombres para ser vistos por ellos. Ellos no tenían la palabra de Dios, sino su propia idea acerca de la salvación. Y no amaban a Dios, sino la alabanza de los hombres. Por eso no le honraban al Hijo de Dios, ni le creían. Y no sólo los judíos, sino todos los hombres que no le honran a Jesucristo el Hijo de Dios, ni le creen, tienen su propia idea y aman la gloria humana. Y por esta soberbia ellos viven bajo la condenación, y cuando regrese nuestro Señor Jesús, ellos saldrán a resurrección de condenación.

Conclusión: Le agradecemos a nuestro Señor Jesucristo, porque a través de esta palabra nos ha revelado el corazón de Dios. Desde el principio Dios esperaba del ser humano una sola cosa, que le honrara. Pero el hombre no tuvo respeto de su Creador, y desechó la palabra de Dios, y perdió la vida y la luz. Pero por su amor y misericordia envió Dios a su Hijo Jesucristo, esperando de los hombres una sola cosa, que le honraran. Y a todos los que le honran a su Hijo, y creen en él les da Dios perdón de todos sus pecados y vida eterna. Pero, los que tienen su propia idea de salvación y aman la gloria humana no le honran al Hijo de Dios, ni le creen. Y ellos sufren bajo condenación y muerte en este mundo, y en el último día serán condenados a sufrir eternamente en el infierno.
Ahora conocemos qué es el corazón de Dios y su voluntad hacia nosotros. Oro que cada momento de nuestra vida le honremos a Jesucristo el Hijo de Dios, y a nuestro Padre Dios, quien nos amó de tal manera que ha dado su Hijo amado. Oro que con nuestra humildad y respeto le agrademos a Dios, y gocemos de vida eterna en este mundo, y cuando nuestro Señor Jesús regrese, entremos en el reino de Dios juntamente con él. Amén.