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Juan 2018 (9)
Palabra/ Juan 6:1-21
V.C./ Juan 6:11

Jesús alimentó a cinco mil

“Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.”

¿Qué sería lo que más estresa a los universitarios? Ellos tienen que leer de antemano los temas que van a ver en las clases, hacer tareas, preparar exposición, etc. Pero, lo que más les estresa serían los exámenes. Y estos son pruebas para ver si han adquirido los conocimientos necesarios de las materias.
En esta palabra que vamos a escuchar ahora Jesús le hizo una prueba a Felipe. Jesús quería ver si él tenía lo que Jesús esperaba de sus discípulos. ¿Qué fue el resultado de la prueba? Felipe no lo tenía. Pero Andrés sí. Y con las pocas cosas que le trajo Andrés alimentó Jesús a una gran multitud.
Oro que a través de esta palabra aprendamos lo que Jesús espera de nosotros, y seamos utilizados grandemente para alimentar a los universitarios como Andrés. Amén.

I. Jesús alimentó a cinco mil (1-13)

En la palabra que estudiamos la semana pasada Jesús andaba en Jerusalén. Ahora, si vemos el versículo 1, Jesús se encuentra en Galilea. Y fue con sus discípulos de Capernaum al otro lado del mar de Galilea (17). Y miren el versículo 2. Le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. ¿Qué verían ellos en esas señales de Jesús? En el estanque Bestesda de Jerusalén Jesús sanó al paralítico que había sufrido durante treinta y ocho años. Pero los líderes religiosos le querían matar a Jesús por sanarlo en día de reposo. A ellos no les importaba el sufrimiento de los enfermos. Ni siquiera tenían poder para sanarlos. Pero Jesús tenía gran poder para sanar cualquier enfermedad. Sobre todo, Jesús tenía tan grande amor y misericordia de los enfermos que los sanaba aun en día de reposo. Por su gran poder y amor le seguía la multitud.

Y ¿qué aconteció? Vamos a ver el versículo 3. “Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos.” Así que la multitud se encontraba en la llanura, y Jesús y sus discípulos en un lugar alto. Jesús hizo que sus discípulos miraran a toda la multitud. ¿Por qué haría así Jesús? Porque él les quería enseñar algo muy importante. Vamos a ver los versículos 5 y 6. “Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.” Jesús quería alimentar a la multitud. Y ya tenía pensado cómo hacerlo. Pero antes de hacerlo primero le probó a Felipe, para ver si él tenía lo que Jesús esperaba de sus discípulos. ¿Qué sería lo que esperaba Jesús de Felipe? Jesús esperaba que Felipe entendiera el corazón de Jesús que tenía compasión de la multitud, y quería alimentarla. Jesús esperaba que Felipe aceptara ese corazón de Jesús. También esperaba que, aunque Felipe no tenía tanto pan como para alimentar tan gran multitud, ni dinero, pero tuviera fe en Jesús.

Y ¿qué tenía Felipe? Miren el versículo 7. “Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.” El denario era una moneda de plata que se usaba para el pago de una jornada. Doscientos denarios serían la suma de los sueldos de casi siete meses. Y, si vemos el versículo 10, la multitud era de como cinco mil varones. Tomando en cuenta también a las mujeres y los niños, serían más de diez mil personas. Entonces, aun doscientos denarios de pan no bastarían no para que comieran hasta saciarse, sino para que tomara cada uno un poco.
Aquí podemos ver que Felipe era un cerebrito. Él era inteligente y rápido para observar la situación, analizarla y sacar la cuenta. Pero él no entendía el corazón de Jesús que quería alimentar a la multitud. Tampoco tenía fe en Jesús, y no lo tomaba en cuenta. Sólo analizó la situación, e hizo el cálculo de manera mecánica. Felipe no tenía lo que Jesús esperaba de él. Él reprobó esta prueba.

Pero, miren los versículos 8 y 9. “Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” ¿A quién le había hecho la pregunta Jesús? A Felipe, no a Andrés. Pero, oyendo la palabra de Jesús, Andrés entendió que Jesús quería alimentar a la multitud. Él aceptó ese corazón de Jesús. Y, mientras Felipe observaba la situación, la analizaba y calculaba lo que no tenía, Andrés fue a buscar lo que había allí en ese momento. Y encontró a un muchacho, que tenía cinco panes de cebada y dos pececillos. Andrés le hablaría, diciendo: “Mira. El Señor quiere alimentar a la multitud. Le llevamos lo que tienes. Y vas a ver cómo Jesús alimenta a esta gran multitud con estas cosas.” Así le llevó a Jesús el muchacho, y le dijo: “Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” Esos panes y pececillos eran el lonche del muchacho. Realmente no eran nada para una gran multitud de más de diez mil personas. Andrés también lo sabía. Pero, él tenía el corazón de Jesús que quería alimentar a la multitud. Y tenía fe en Jesús que, aunque no sabía cómo, de cualquier manera, Jesús podría alimentar a la multitud con esas pocas cosas. Andrés sí tenía lo que Jesús esperaba de sus discípulos.

Y ¿qué hizo Jesús? Jesús dijo a sus discípulos que hicieran recostar la gente para comer. Y miren el versículo 11. “Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían.” Jesús tomó aquellos panes, y dio gracias. Jesús no menospreció esas pocas cosas que le llevó Andrés. No dijo Jesús: “Andrés. Ay Andrés. ¿Cómo crees que podemos alimentar a esta multitud con estas cositas?” Jesús apreció aquellos panes, y dio gracias por el corazón de Andrés y por su fe. E hizo un milagro. De la cesta donde puso los cinco panes de cebada y los dos pececillos sacaba Jesús panes y peces sin fin, repartiéndolos entre los discípulos, y ellos entre los que estaban recostados. Jesús le dio a la multitud panes y peces no para que cada uno tomara un poco, como decía Felipe, sino cuanto querían, hasta saciarse.
Y, si vemos los versículos 12 y 13, cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos que recogieran los pedazos que sobraron. Les ordenaría esto para que, recogiendo los pedazos, ellos experimentaran personalmente el gran poder de Jesús, y aprendieran cómo podrían ser utilizados en la obra de Dios.

En esta palabra podemos aprender qué es lo que quiere Jesús de nosotros. Jesús no espera que le llevemos muchas cosas. Él sabe que no tenemos tantas cosas. Solamente quiere Jesús que aceptemos su corazón que quiere alimentar a los universitarios con la palabra de Dios, y tengamos fe en él. Jesús quiere que con este corazón y fe le llevemos las pocas cosas que tenemos. Entonces, él toma esas pocas cosas que le entregamos por el amor de él y por fe, y las utiliza para alimentar a muchos universitarios.

Así lo ha hecho Jesús en la historia de nuestra iglesia UBF. Al principio nuestros padres de fe no tenían los estudios de la teología de una carrera universitaria. Tampoco tenían el título de pastor, ni el de predicador. Y eran pastores y misioneros auto sustentados. Es decir, ellos no servían la obra de Dios de tiempo completo. Estudiaban, trabajaban, cuidaban a su familia, y servían la obra de Dios. Realmente tenían ellos pocas cosas para entregarle a Jesús.
Pero ellos tenían el corazón de Jesús que quería alimentar a todos los universitarios del mundo con la palabra de Dios. Porque al final de cada evangelio dice Jesús: “Id, y haced discípulos a todas las naciones. Predica el evangelio a toda criatura. Vosotros sois testigos de estas cosas. Apacienta mis ovejas.” Ellos entendieron este corazón de Jesús, y querían alimentar a los universitarios de Corea y del mundo con la palabra de Dios. Y tenían fe que Jesús mismo haría esa obra. Con este corazón de Jesús y por fe ellos le entregaron las pocas cosas que tenían: de los conocimientos de la Biblia, del tiempo, de dinero, de capacidades personales, etc. Entonces, Jesús no las menospreció, sino las tomó y con esas pocas cosas ha hecho gran obra de Dios. Ha enviado más de 1,500 misioneros a como cien países del mundo, y está alimentando numerosos universitarios con la palabra de Dios.

Cuando Jesús nos llama para que alimentemos a los universitarios con la palabra de Dios, podemos pensar en lo que ‘no tenemos’, como Felipe. Podemos decir: “Aún no he leído la Biblia entera. No tengo tanta fe como Andrés. No soy bueno para hablar y enseñar. No tengo mucho tiempo. Y dinero, menos.” Pero, lo que Jesús espera de nosotros no es que le llevemos muchas cosas. Jesús quiere que tengamos su corazón y fe en él. Y quiere que le llevemos las pocas cosas que tenemos. Entonces, Jesús toma esas pocas cosas de nosotros, y nos utiliza para alimentar a muchos universitarios.
La verdad todos, y cada uno de nosotros tiene algo, aunque sean pocas cosas. Oro que obedezcamos a esta palabra, y aceptemos el corazón de Jesús que quiere alimentar a los universitarios de la BUAP, y de México, y del mundo, y tengamos fe en él. Oro que con este corazón y fe le llevemos lo que tenemos, aunque sean pocas cosas. Entonces, Jesús toma nuestras vidas con aprecio, y nos utiliza a nosotros para alimentar a muchos universitarios.

Dentro de dos semanas vamos a tener nuestra conferencia de semana santa. Nosotros deseamos que a través de esta conferencia los líderes crezcan más espiritualmente, y las ovejas acepten a Jesús como su Salvador y comiencen la vida nueva en él. Y creemos que nuestro Señor Jesús está trabajando en medio de nosotros. Con este corazón y fe estamos haciendo las pocas cosas que podemos hacer. Hemos alquilado un lugar bonito dentro de lo que podemos. Preparamos las palabras, los testimonios de vida, danzas y comidas, entregándole a Jesús lo que tenemos, y lo que podemos hacer. Oro para que Jesús tome nuestras vidas, y haga su gran obra en esta conferencia.

Y también en nuestra vida personal esta palabra es el secreto para superar nuestro límite humano y realizar grandes obras. Nancy anda cargada de los trabajos de la maestría. Entonces, imagínense, ¿cómo andaría la pastora Gaby? Ella no sólo estudia la maestría, sino también tiene que atender a su bebé y a su marido, y apacentar a las ovejas. Ellas gritarían, diciendo: “No tengo tiempo. Me falta sueño. No tengo fuerza. Necesito más cerebro.” Y Moisés diría: “Creo que yo no nací para bailar.” Y yo ando diciendo: “Los que quieren ir a la conferencia internacional en E.U., ¿de dónde sacarían tanto dinero?”
Pero, si creemos en Jesús, y le entregamos lo poco que podemos hacer, Jesús lo toma, y hace su obra grande y maravillosa en nuestra vida. No necesitamos andar preocupados o desesperados, mirando lo que no tenemos. Debemos mirar a Jesús, y creer en él, y entregarle las pocas cosas que tenemos con todo nuestro corazón y con toda nuestra fuerza. Entonces, nuestro Señor Jesús hará su obra milagrosa, y manifestará su gloria por medio de nuestra fe. Oro que obedezcamos a esta palabra también en nuestra vida personal, experimentemos la obra milagrosa de Jesús, y su gloria se manifieste por medio de nosotros. Amén.

II. Jesús andaba sobre el mar (14-21)

Vamos a ver los versículos 14 y 15. Aquellos hombres vieron la señal que Jesús había hecho. Y quedaron maravillados, pero no tanto por el poder de Jesús, sino por los panes y peces que Jesús les había dado. Y querían apoderarse de él y hacerle rey. Porque, si lo tuvieran por su rey, diariamente podrían comer panes y peces hasta saciarse.
Pero, en Mateo 4:4 Jesús rechazó la tentación del diablo, diciendo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” Jesús vino al mundo no para darle al hombre pan, sino la palabra de Dios para que tuviera vida eterna. Por eso Jesús se apartó de los hombres, y volvió a retirarse al monte él solo.

Y si vemos los versículos 16 y 17, sus discípulos lo esperaron hasta el anochecer. Y dado que Jesús no había venido a ellos, descendieron al mar, y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum.
Y ¿qué aconteció? Vamos a ver los versículos 18 y 19. Se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. Y los discípulos habían remado como veinticinco o treinta estadios, que son como cinco o seis km. Ellos estaban batallando contra el viento fuerte. Entonces, vino Jesús andando sobre el mar, y se acercaba a la barca. Estaba ya oscuro. Y de repente vieron a una persona andando sobre el mar. Ellos pensaron que era un fantasma, y tuvieron miedo (Mateo 14:26). Pero, si vemos los versículos 20 y 21, Jesús les dijo: “Yo soy; no temáis.” Entonces, ellos con gusto le recibieron en la barca, y llegaron en seguida a la tierra adonde iban.

En este corto pasaje podemos aprender una cosa muy importante. ¿Quién es Jesús que andaba sobre el mar? ¿Quién puede librarse de la ley de la gravedad? Ningún ser humano lo puede hacer. Porque el hombre es una parte de la naturaleza. Sólo Dios el Creador todopoderoso lo puede hacer. Porque el Creador es sobre la naturaleza y sus leyes, que él Creó. Jesús, quien andaba sobre el mar, es Dios el Creador todopoderoso.
También lo podemos ver en la señal que Jesús alimentó a una gran multitud con cinco panes de cebada y dos pececillos. Esos panes y pececillos no eran nada para alimentar a una multitud de más de diez mil personas. Pero, de la Nada sacó Jesús tantos panes y peces para saciar esa gran multitud. Sólo Dios el Creador lo puede hacer. En Romanos 4:17 dice que Dios llama las cosas que no son, como si fueran. Jesús es Dios el Creador todopoderoso.

Por lo tanto, para Jesús no importa lo que tenemos. No le importa si tenemos mucho o poco. Porque él mismo tiene el poder. Jesús puede alimentar a todos los universitarios del mundo de la Nada, y puede hacer obras milagrosas sin nada. Por eso nos pide solamente que aceptemos su corazón y tengamos fe en él, y le llevemos las pocas cosas que tenemos. Y por medio de nosotros hace sus obras grandes y maravillosas, y manifiesta su gloria.

Conclusión: Jesús le probó a Felipe para ver si tenía el corazón de Jesús que quería alimentar a la multitud, y la fe en él. Felipe reprobó la prueba. Él no los tenía. Pero, Andrés tenía lo que esperaba Jesús de sus discípulos. Por eso le llevó a Jesús cinco panes de cebada y dos pececillos. Entonces, tomó Jesús esas pocas cosas, dio gracias por el corazón y fe de Andrés y alimentó a una gran multitud con esas pocas cosas de Andrés.
Jesús quiere alimentar a los universitarios de la BUAP, de México y del mundo con la palabra de Dios por medio de nosotros. Y Jesús quiere hacer sus obras maravillosas en nuestra conferencia de semana santa, y en nuestra vida personal. Oro que aceptemos este corazón de Jesús, y tengamos fe en él, y le entreguemos las pocas cosas que tenemos. Oro que Jesús utilice nuestras vidas para hacer sus obras milagrosas, y manifieste su gloria. Amén.