Juan 2018 (10)
Palabra/ Juan 622-71
V.C./ Juan 6:54
Jesús, el pan de vida
“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”
La semana pasada estudiamos que Jesús alimentó a cinco mil hombres con los cinco panes de cebada y los dos pececillos que le trajo Andrés por fe. Entonces, en la palabra que vamos a escuchar hoy la gente buscaba a Jesús para que le siguiera dando panes y peces. Pero, Jesús le dijo que él mismo era el pan de vida. Y aunque la gente no creía en él, Jesús todavía le dijo que tendría que comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna.
Nosotros por la palabra de Dios hemos creído en Jesús. Hemos comido la carne de Jesús y bebido su sangre. Pero, oro que a través de esta palabra renovemos nuestra fe en Jesús, y nuestra vida espiritual de comer su carne y beber su sangre cada día. Y oro que en esta conferencia de semana santa las ovejas coman la carne de Jesús y beban su sangre, y tenga vida eterna. Amén.
I. Yo soy el pan de vida (22-46)
Vamos a ver los versículos 22-25. El día siguiente, después que Jesús había alimentado a una gran multitud con tan sólo cinco panes de cebada y dos pececillos, la gente buscaba a Jesús. Ellos habían visto que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. Entonces, ¿dónde podría estar Jesús? Y mientras estaban ellos perplejos, otras barcas procedentes de otro lado arribaron a ese lugar. Ellos habrían de haber oído la señal de Jesús, y también vinieron en busca de Jesús. Y cuando vio la gente que Jesús no estaba allí, suponiendo que estaría con sus discípulos, fueron a Capernaum. Y hallándole allí, le dijeron con mucho gusto: “Rabí, ¿cuándo llegaste acá?” Ellos buscaban a Jesús, utilizando su razón, discutiendo entre ellos y yendo de un lado a otro. Pero, ¿por qué lo buscaban con tanto esmero y diligencia?
Vamos a ver el versículo 26. Jesús les dijo: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.” La gente buscaba a Jesús no porque había visto su gran poder y creía que él era el Hijo de Dios, sino porque quería que Jesús le diera otra vez panes y peces hasta saciarse.
Pero, Jesús vino al mundo no para darle al hombre el pan, sino vida eterna (Mateo 4:4). Por eso en el versículo 27 les dijo Jesús: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.” Entonces los hombres le preguntaron: “¿Qué debemos hacer? ¿Qué son las obras de Dios que tenemos que hacer para que nos des esa comida?” (28) Y miren el versículo 29. Jesús les dijo: “Esta es la obra de Dios que creáis en el que él ha enviado.”
Y, ¿entendieron ellos la palabra de Jesús, y creyeron en él? Vamos a ver el versículo 30. “¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?” ¿Acaso no había hecho Jesús ninguna señal para que vieran que él era el Hijo de Dios, y creyeran en él? Jesús había convertido agua en vino en Caná de Galilea (Juan 2:1-11). Jesús había sanado al hijo de un oficial del rey de una enfermedad mortal (Juan 4:43-54). Jesús había levantado al paralítico de Betesda, quien había padecido durante treinta y ocho años (Juan 5:1-18). Y justo el día anterior Jesús había alimentado a cinco mil hombres con cinco panes de cebada y dos pececillos (Juan 6:1-15). Y ellos le estaban pidiendo otra señal para creer en él.
Pero, si vemos el versículo 31, podemos ver qué era lo que realmente ellos le estaban pidiendo a Jesús. “Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.” Ellos no entendieron la palabra de Jesús, ni creían en él, y solamente le seguían pidiendo pan. Como en el tiempo de Éxodo sus padres comieron el maná en el desierto, ellos querían que Jesús les diera pan del cielo, sin que ellos trabajaran en la tierra.
Y ¿qué les dijo Jesús? Miren los versículos 32 y 33. “De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.” El pan que comemos para mantener nuestra vida física proviene de la tierra, de abajo. Y aunque el maná fue dado del cielo, no era el verdadero pan del cielo. Porque el maná también era la comida material que perecía igual que cualquier pan que sale de la tierra. Entonces, ¿por qué les habría dado Dios a los israelitas el maná desde el cielo? El maná es la sombra y figura de Cristo Jesús, quien descendió del cielo, de parte de Dios, y da vida al mundo. Jesús es ‘el verdadero pan del cielo’.
Pero, si vemos el versículo 34, ellos seguían sin entender la palabra de Jesús, y le dijeron: “Señor, danos siempre este pan.” Ellos seguían pensando en el pan para llenar su barriga. Entonces en el versículo 35 les dijo Jesús: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.”
Aquí podemos aprender que hay dos tipos de panes: ‘el pan material de este mundo que perece’, y ‘el pan espiritual del cielo que nos da vida eterna’. La gente que sale en esta palabra buscaba a Jesús por el pan para saciar su estómago. Y no sólo por esto, sino por muchas razones busca la gente a Jesús. Algunos buscan a Jesús para que les ayude con sus problemas financieros. Los que emprenden su negocio le claman a Jesús, diciendo: “Señor, aunque mi principio es pequeño, mi postrer estado sea muy grande.” (Job 8:7) Y otros buscan a Jesús, porque están enfermos, o tienen conflictos en su familia o en su trabajo. También lo buscan para salir adelante en la escuela, o para conseguir una pareja. La gente piensa que, si consiguiera estas cosas, sería satisfecha y feliz. Y por supuesto que Jesús le puede dar todas estas cosas, porque él es Dios el Creador todopoderoso.
Pero, estas cosas son el pan material de este mundo que por fin perece. Al comer este pan, cuando consigue la gente estas cosas que desea, siente satisfacción. Pero esa satisfacción no es espiritual, ni permanece a vida eterna. Todas estas cosas del mundo perecen, y el hombre vuelve a tener hambre y sed en su interior.
En cambio, Jesús es la comida que a vida eterna permanece. Jesús es el verdadero pan del cielo. Él es el pan de vida, el pan espiritual, que le da al hombre vida eterna. Y sólo Jesús le puede dar al hombre verdadera satisfacción y felicidad. El que come este pan, ya no tiene hambre y sed de las cosas mundanales. Con esto podemos saber que, si uno ya ha comido el verdadero pan del cielo, o no.
Ahora, y cada día tenemos que hacernos una pregunta: “¿Qué es lo que buscamos, siguiendo a Jesús? ¿El pan material de este mundo que perece, o el pan espiritual que nos da verdadera satisfacción y vida eterna?” Oro que no seamos necios como la gente de esta palabra y como otros muchos, sino prudentes, y no busquemos el pan material de este mundo que perece, sino el pan que nos da vida eterna, a Jesús mismo. Oro que cada día renovemos este propósito y meta en nuestro corazón, y participemos en la conferencia de semana santa con el deseo de conocer más a Jesús y ganarlo. Amén.
En lo anterior vimos que Jesús le declaró a la gente, diciendo: “Yo soy el verdadero pan del cielo, el pan de vida.” Y ¿cómo fue la reacción de ellos? Si vemos el versículo 36, la gente no creía en Jesús, aunque había visto muchas señales de él. Y lejos de creer, en los versículos 41 y 42 dice que murmuraban de él los judíos, diciendo. “¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?” Intencionalmente miraban ellos sólo el aspecto humano de Jesús, y no creía que Jesús había venido del cielo, de parte de Dios para darle al hombre vida eterna.
Hoy en día la gente sigue siendo igual que estos judíos. Una persona hizo entrevista a algunos judíos acerca de Jesús. Y ellos dijeron: “Jesús nació de un padre. Él era un judío. Jesús es el fundador del cristianismo. La gente que no puede pensar por sí mismo depende de Jesús.” La gente no ve las señales que hizo Jesús, sino sólo su aspecto humano, y no cree en él. Entonces, ¿qué les dijo Jesús a aquellos que no creían en él?
II. El que come mi carne y bebe mi sangre (47-71)
Si vemos los versículos 47-51a, Jesús les reiteró, diciendo: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre.”
Y miren el versículo 51b. A la gente que no creía en él le dijo Jesús algo todavía más difícil de creer. “Y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.” Jesús decía que él era el pan de vida, y el que comiera de él viviría para siempre. Y ahora dice que él daría su carne para que el hombre la coma y tenga vida eterna. ¿Qué está diciendo Jesús? ¿Cómo que él daría su carne para que la gente se la coma? Efectivamente, si vemos el versículo 52, los judíos no entendían esta palabra. Ellos contendían entre sí, diciendo: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Ellos pensaban que la palabra de Jesús era en el sentido literal.
Y vamos a ver los versículos 53 y 54. Ahora habla Jesús no sólo comer su carne, sino hasta beber su sangre. “De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” Y en los siguientes versículos 56-58 Jesús habla otras tres veces más de comer su carne y beber su sangre.
Entonces, ¿significaría esta palabra literalmente que Jesús daría su carne para que los hombres se la coman, y su sangre para beber? No es así. Entonces, ¿qué significa esta palabra? Si vemos Mateo 26:26-28, dice: “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” En estos versículos se aclara el significado de la palabra de Jesús. Comer la carne de Jesús y beber su sangre significa ‘creer que el cuerpo de Jesús fue rasgado y su sangre fue derramada en la cruz por nuestros pecados para darnos perdón de pecados y vida eterna’. El que cree este evangelio de Jesucristo tiene verdadera satisfacción y felicidad, y vida eterna. Y Jesús le resucitará en el día postrero para que viva eternamente en el reino de Dios.
En Romanos 3:23 dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Todos los hombres nacen sin conocer a Dios. Por eso llegan a cometer pecados, y viven alejados de Dios. Y sienten esa hambre y sed en su interior. También por este pecado original, aunque los hombres andan vivos físicamente, pero están muertos espiritualmente. Y están condenados a sufrir muerte segunda en el fuego del infierno.
Pero, nuestro Señor Jesús descendió del cielo. Jesucristo fue enviado de parte de Dios para cargar todos nuestros pecados en su cuerpo, y ser castigado y sacrificado en lugar de nosotros. Por nuestros pecados el cuerpo de Jesús fue lastimado y rasgado. Por nuestros pecados su sangre fue derramada en la cruz. Y sólo por creer en él nos da Dios perdón de pecados, verdadera satisfacción y felicidad y vida eterna. En los versículos 29, 35, 40 y 47 lo dice Jesús repetidamente. Por esta razón Jesús es el pan de vida.
¿Qué cosa de este mundo nos puede limpiar de todos nuestros pecados inmundos: educación, cultura, disciplina o ciencia? Sólo la sangre de Jesús derramada en la cruz nos puede limpiar perfectamente delante de Dios. ¿Qué cosa de este mundo puede saciar nuestro interior: dinero, amor de novio o novia, conocimientos, poder o fama? Sólo Jesús, quien nos reconcilió con Dios a través de su sacrificio en la cruz, nos puede dar verdadera satisfacción y felicidad. ¿Qué cosa de este mundo nos puede dar el vivir eternamente? Los necios lo buscan en el desarrollo de ciencia y tecnología. Pero sólo Jesús quien murió crucificado por nuestros pecados y resucitó al tercer día nos puede resucitar en el día postrero y llevarnos al reino de Dios para que vivamos eternamente. Por eso Jesús es el pan de vida.
Nosotros ya hemos comido la carne de Jesús y bebido su sangre. Nosotros ya tenemos vida eterna por fe en Jesús. Pero, mientras vivamos en este mundo lleno de pecados y tentaciones, necesitamos comer la carne de Jesús y beber su sangre cada día y cada momento (Juan 13:10). Oro que comamos la carne de Jesús y bebemos su sangre cada día, confesando nuestros pecados delante de Dios. Oro que en esta conferencia de semana santa todas las ovejas participantes puedan comer la carne de Jesús y beber su sangre, y tengan vida eterna.
Pero, vamos a ver los versículos 60-66. Al oír las palabras de Jesús, muchos de sus discípulos dijeron: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?” Y aunque en el versículo 63 les explicó Jesús que sus palabras eran de lo espiritual, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.
Aquí una cosa nos llama la atención. Aquellos que no entendían las palabras de Jesús, ni conocían a Jesús, ni creían en él y por fin volvieron atrás no eran la multitud, sino ‘sus discípulos’. Ellos le seguían a Jesús. Se llamaban discípulos de Jesús. Pero, ellos no buscaban a Jesús mismo, el pan de vida, sino el pan material de este mundo que perecía. Y por fin volvieron atrás, y ya no andaban con Jesús.
Entonces, ¿se espantaría Jesús, y se pondría triste? Vamos regresar a ver el versículo 37. “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.” También miren los versículos 44 y 45. “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.”
Jesús tenía fe que dependía de Dios la obra de salvación de los hombres. Jesús respetaba la soberanía de Dios en la salvación de los hombres. Y hacía su obra conforme a la voluntad y obra de Dios. Cuando vio Jesús que los judíos no creían en él, supo que en ellos no había la voluntad y obra de Dios. Y si alguien viniera a él y creyera en él, Jesús lo aceptaba, a cualquiera, porque en él veía la voluntad y obra de Dios.
¿Qué podemos aprender aquí de Jesús? Nosotros hemos creído en Jesús. Esto no es porque somos más inteligentes o mejores personas que otros que no creen en Jesús. Es porque Dios nuestro Padre nos ha hablado, enseñado y traído a su Hijo Jesucristo. Entonces, a Dios nuestro Padre le debemos dar gracias. Y si una oveja no cree en Jesús y por fin vuelve atrás, aunque le hemos enseñado la palabra de Dios durante años y hemos orado por ella, es porque la voluntad y obra de Dios no hay en ella. Entonces, no debemos espantarnos, ni ponernos tristes. Tenemos que encomendarla en las manos de Dios, y buscar a otras ovejas en quienes hay la voluntad y obra de Dios. Esto es la fe y actitud que debemos tener como siervos del evangelio de Jesucristo.
Ahora, volvemos a ver el versículo 67. Muchos de sus discípulos ya no andaban con Jesús, y quedaron sólo los doce. Y les dijo Jesús: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” Cuando muchos discípulos habían seguido a Jesús, los doce habrían estado muy emocionados y orgullosos de Jesús. Pero ahora que todos se fueron, ellos se encontrarían confundidos e inseguros. Jesús vio que ellos necesitaban revisar su interior y su propósito por el que seguían a Jesús. Por eso, desafió a ellos, diciendo: “¿Queréis acaso iros también vosotros?”
Y ¿cómo le respondieron? Miren los versículos 68 y 69. “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” Ellos conocían quién era Jesús, y creían en él. Ellos tenían vida eterna en Jesús. Por esta razón le seguían a Jesús, no por el pan material que perecía. Al oír la respuesta de Pedro, se alegró Jesús, porque vio la voluntad y obra de Dios en ellos (70,71).
Conclusión: En el mundo la gente busca el pan material de la tierra, de abajo que perece. Y aun dentro de la iglesia hay los que siguen a Jesús, buscando el pan de la tierra que perece.
Pero Dios nuestro Padre nos ha enseñado quién es Jesús, y nos ha ayudado a creer en él. Nosotros hemos creído que nuestro Señor Jesucristo descendió del cielo, de parte de Dios, y cargó en su cuerpo todos nuestros pecados, y fue crucificado derramando toda su sangre para darnos perdón de pecados y vida eterna. Nosotros hemos comido la carne de Jesús y bebido su sangre. Le agradecemos a Jesús nuestro Señor, porque entregó su cuerpo y su sangre en la cruz para darnos vida eterna. Le agradezco a Dios nuestro Padre, porque nos ha hablado, enseñado y traído a su Hijo Jesucristo. Oro para que cada día comamos la carne de Jesús y bebamos su sangre. Oro que Dios utilice nuestras vidas para traer a sus ovejas a Jesucristo para que coman la carne de él y beban su sangre, y tengan vida eterna. Oro que en esta conferencia de semana santa Dios nos haga ver su voluntad y obra en sus ovejas. Amén.