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Juan 2018 (13)
Palabra/ Juan 8:12-59
V.C./ Juan 8:31,32

La verdad os hará libres

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

En esta palabra dice Jesús: “Yo soy la luz del mundo.” Pero los judíos decían que su testimonio no era verdadero. Por eso Jesús les enseñó quién era él, y qué hizo para resplandecer al mundo con su luz de la vida.
También les dijo Jesús: “La verdad os hará libres.” Pero dijeron que ellos eran linaje de Abraham, y nunca habían sido esclavos de nadie. Por eso Jesús les hizo ver que ellos eran esclavos del pecado, e hijos del diablo. Y les enseñó quién era él, y cómo podrían ser libres del pecado, y tener vida eterna.
Oro que en este tiempo el Señor nos ayude a ser sinceros y humildes delante de él, no como los judíos hipócritas y soberbios. Oro que creamos en Jesús y permanezcamos en su palabra, y tengamos la luz de la vida, la libertad y la vida eterna. Amén.

I. Yo soy la luz del mundo (12-30)

Vamos a ver el versículo 12. “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” En esta palabra primero podemos ver que antes que viniera Jesús al mundo, los hombres andaban en tinieblas. ¿Por qué andaban en tinieblas? En Salmos 119:105 dice: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” La palabra de Dios es la luz para el hombre. Pero, si vemos Génesis 3:4-6, el ser humano desechó la palabra de Dios, desobedeciéndola. La mujer fue tentada por el diablo, y quería ser como Dios, juzgando el bien y el mal por sí misma, sin Dios. Por esa soberbia desechó la palabra de Dios, y también hizo a su marido desobedecerla. Y, ¿resultó lo que esperaban el hombre y la mujer? ¿Tuvieron su propia luz, y fueron iluminados? Lejos de tener su propia luz, ellos cayeron en tinieblas y en sombra de muerte (Isaías 9:2). En Romanos 1:21 dice: “Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.” El hombre y la mujer habían conocido a Dios. Pero no le respetaron como a Dios, ni le dieron gracias. Más bien se hicieron vanidosos y soberbios. Y llegaron a ser necios, y su corazón cayó en densa oscuridad.

Entonces, ¿qué tan necios se volvieron los hombres, y cómo viven en tinieblas y en sombra de muerte? En lugar de adorar a Dios glorioso e incorruptible, adoran a hombres y animales. Los hombres que no tienen la palabra de Dios adoran a los falsos Cristos, entregándoles su dinero y su corazón, y obedeciéndoles todo lo que les dicen. Y la gente adora a los futbolistas famosos, a los cantantes, a los actores, etc. A esos ídolos les entregan su mente, tiempo, dinero y corazón. Una mujer adoraba a su marido, hasta lavándole los pies. Pero se dio cuenta de que él la engañaba, y ella se volvió loca, y pasaba todo el tiempo, diciendo: “No se lo merecía.” Los jóvenes adoran a su novio o a su novia. Su mente y su corazón están ocupados por esos ídolos. Y la gente dice: “El dinero es mi dios.” También adoran el poder y la fama. Para esos ídolos ellos hacen lo que sea. Pero, adorando estas cosas, el ser humano nunca jamás puede obtener verdadera satisfacción y felicidad. En Juan 4:24 dice Jesús: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” El hombre es un ser espiritual, porque fue creado conforme a la imagen de Dios. Y sólo Dios, quien es Espíritu, puede darle al hombre verdadera satisfacción y felicidad. Pero aquellos que desechan la palabra de Dios, se vuelven tan necios que adoran a los ídolos, y viven con esa hambre y sed interior que nunca pueden saciar.
Y en tinieblas los hombres se entregan a pasiones vergonzosas e inmundicia, deshonrando sus propios cuerpos. Vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto (Efesios 5:12). Especialmente en Romanos 1:26 y 27 dice que el homosexualismo es pecado vergonzoso. También en 1 Corintios 6:9 dice que ni los afeminados ni los homosexuales heredarán el reino de Dios. Pero aquellos que desechan la palabra de Dios, caen en tinieblas, y no pueden ver qué es el bien y qué es el mal. Y andan insistiendo que el homosexualismo es el derecho humano, y es correcto.
También los que andan en tinieblas hacen cosas que no convienen. Contaminar el medio ambiente no nos conviene. Pero los hombres entenebrecidos lo han hecho. Ahora ni podemos respirar el aire a gusto, y muchos sufren por falta de agua, y la gente tiene miedo de comer mariscos por micro partículas de plásticos que echaron al mar. Y a los hombres no les conviene maltratar a sus esposas. Porque, si las maltratan, ellas y sus hijos sufren y se enferman, y los hombres no pueden tener familia feliz. Pero los hombres necios lo hacen. Hace diez días la hija menor del dueño de Korean Airline insultó y aventó agua a una persona en una junta de negocio. Por eso se evaporaron cuatro mil millones del valor de acciones de la empresa. Y toda la familia está sometida a la investigación fiscal por importaciones ilegales. La gente que anda en tinieblas no puede ver las cosas que no le convienen. Por eso las hace, y sufre. Y por toda esa maldad son dignos de morir, y sufrir el castigo eterno en el infierno. ¡Qué miserable es el hombre que anda en tinieblas y en sombra de muerte!

Pero, Dios tuvo misericordia de los pecadores, que desecharon la palabra de Dios, y andaban en tinieblas y en sombra de muerte. Y envió a Jesucristo para que resplandeciera a los hombres. Por eso en Mateo 4:16 dice: “El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció.” Entonces, ¿quién es Jesús, y qué hizo para resplandecer a los que andan en tinieblas y en sombra de muerte?

Primero, Jesús es el Hijo de Dios, igual a Dios. Vamos a ver el versículo 13. Al oír la palabra de Jesús, le dijeron los fariseos que su testimonio no era verdadero, porque él daba testimonio acerca de sí mismo. Entonces en los versículos 14-18 Jesús les respondió, diciendo que él sabía de dónde había venido y a dónde iba. Es decir, Jesús no había venido de sí mismo, sino había venido de Dios, y volvería a Dios. Por eso, si vemos Mateo 3:17, Dios quien le había enviado dio testimonio de Jesús, diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Más bien, si Jesús dijera que no había venido de Dios, eso sería mentira. Sobre todo, miren el versículo 19. Dijo Jesús: “si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais.” ¿Cómo puede ser esto? Es porque Jesús es el Hijo de Dios, igual a Dios.

Segundo, Jesús fue levantado, clavado en la cruz, para darnos el perdón de pecados y la reconciliación con Dios. En los versículos 21-27 Jesús les decía una y otra vez que él se iba a Dios, y si ellos no creyeran que Jesús era el Hijo de Dios, el Cristo, morirían en su pecado (21,23,24). Pero ellos no entendían la palabra de Jesús, ni creían en él. Entonces, miren el versículo 28. Les dijo Jesús: “Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy.” Nosotros entendemos bien esta palabra. La semana pasada aprendimos que Jesús vino al mundo como el Cordero de Dios. Él quitó el pecado de todos nosotros, lo cargó en su cuerpo y fue castigado y crucificado por nuestros pecados en lugar de nosotros. Así fue levantado Jesús en la cruz. Y por su sacrificio y muerte nos dio el perdón de todos nuestros pecados, y la reconciliación con Dios (Romanos 5:10). Ahora podemos estar en la presencia de Dios, oír su palabra y guardarla en nuestro corazón.

Entonces, ¿qué debemos hacer para que la luz de la vida de Jesucristo resplandezca a nosotros? En el versículo 24 dice Jesús: “si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.” Debemos creer en él. Necesitamos reconocer nuestros pecados y tinieblas, arrepentirnos de ellos y creer que Jesús el Hijo de Dios sin pecado fue crucificado y levantado por nuestros pecados. Y en el versículo 12 dice Jesús: “el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Después de creer en Jesús, debemos vivir la nueva vida de seguirle a Jesús. Tenemos que amar la palabra de Dios, estudiarla y obedecerla con toda nuestra mente, con todo nuestro corazón y con toda nuestra fuerza.
Entonces podemos tener la luz de la vida de Jesucristo. A la luz de la palabra de Dios podemos saber el bien y el mal. Y entendemos que nuestro Dios el Creador es el único digno de nuestra adoración, y sólo él nos puede dar verdadera satisfacción y felicidad. Y en lugar de cometer pecados inmundos y vergonzosos, escondidos en la obscuridad, andamos en la luz de Jesús, confesándole nuestros pecados, y lavándonos con su sangre cada momento (1 Juan 1:8,9). Y podemos discernir qué cosas nos convienen y qué no, para alejarnos de las cosas que no nos convienen. Sobre todo, en nuestro Señor Jesucristo tenemos la esperanza de la resurrección y la vida eterna en el reino de Dios.

Alabemos a nuestro Dios y le demos gracias por su gran amor y misericordia, que nos envió a su Hijo Jesucristo, y lo levantó en la cruz para darnos la luz de la vida. Oro que guardemos nuestra fe en Jesucristo firmemente, y le sigamos obedeciendo todas sus palabras. Oro que el Señor nos guarde para que andemos en su luz de la vida hasta que entremos en su reino celestial. Amén.

II. La verdad os hará libres (31-59)

En el versículo 30 dice que, hablando Jesús estas cosas, muchos creyeron en él. Y vamos a ver los versículos 31 y 32. “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” En esta palabra podemos ver un flujo secuencial. Para empezar, ‘permanecer en la palabra de Jesús’ es quedarnos en ella, no entrar y salir. Es vivir en ella. Es amarla, estudiarla, meditar sobre ella y pensar, hablar y actuar conforme a ella todo el tiempo. Una oveja le dijo a la pastora Ester: “¿Cómo pueden hablar de Dios todo el día?” Y yo le preguntaría: “Cuando andas enamorada de alguien, o algo te gusta mucho, ¿no piensan en esa persona o en esa cosa todo el tiempo?” Permanecer en la palabra de Jesús es amarla de esta manera.
Y seremos verdaderamente sus discípulos. Esta palabra implica que hay ‘falsos discípulos’. Son aquellos que dicen que creen en Jesús. Pero no aman la palabra de Jesús, ni viven conforme a ella, sino aman las cosas del mundo, y hacen lo que quieran. Pero los que aman la palabra de Jesús y permanecen en ella son verdaderos discípulos de Jesús.
Y ¿qué significaría ‘conocer la verdad’? Esta palabra no se refiere a obtener los conocimientos o la información ‘acerca de la verdad’. Conocer la verdad se trata de tener relación personal con la verdad. Es experimentarla, creer en ella y amarla. Una mujer le predicó la palabra a su suegra. Y cuando la viejita iba a recibir el bautismo, la nuera le dijo que cuando el pastor le preguntara quién era Jesús, le dijera: “Es mi Cristo.” Llegó la hora, y el pastor el preguntó a la señora: “¿Quién es Jesús?” Y la mujer le dijo: “Es el Cristo de mi nuera.” Esa señora no conocía la verdad. Pero el que conoce la verdad la ama, y no anda queriendo conocer otro camino, como un cantante famoso de alabanzas.
Y, si conocemos la verdad, la verdad nos hace libres del pecado. En esta palabra podemos entender que en cuanto a la libertad no existe ‘la libertad absoluta’ para el hombre. El hombre es ‘siervo de Dios’, o es ‘esclavo del pecado’. Al principio el hombre quería ser libre de Dios, y desechó su palabra. Pero llegó a ser esclavo del pecado. Ahora para ser libre del pecado el hombre tiene que ‘conocer la verdad y ser ocupado por la verdad’. Esto es la única manera de ser libre del pecado. Por lo tanto, para ser libre del pecado nuestra lucha no es contra el pecado, sino por entregarnos a la palabra de Jesucristo. En Romanos 6:13 dice: “ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” El hombre puede ser libre del pecado, sólo cuando conoce la verdad y se entrega a la verdad.

Pero, vamos a ver el versículo 33. Le respondieron: “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?” Los judíos tenían el fuerte orgullo de ser descendientes de Abraham. Porque, si vemos Génesis 17:7 dijo Dios a Abraham: “Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.” Este pacto perpetuo era espiritual por medio de la fe de Abraham. Pero los judíos creían que por ser descendientes de Abraham y tener la circuncisión en su cuerpo eran el pueblo de Dios, y libres del pecado.
Pero, miren el versículo 34. Jesús les dijo clara y tajantemente: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.” Jesús les dijo que no importaba ser descendientes de Abraham, ni ser israelitas, ni tener la circuncisión. Lo importante ante Dios era lo que hacían ellos en su vida real. No importa ser católicos, o cristianos, o pastores, o misioneros. Si el hombre hace la verdad, es siervo de Dios. Pero si hace pecado, es esclavo del pecado. Por eso, en Mateo 3:8 y 9 dijo Juan el Bautista: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.”
Pero, si vemos los versículos 39 y 41, los judíos insistían que su padre era Abraham, y eran hijos de Dios. Por eso en los versículos 39-47 Jesús les hace ver por qué eran esclavos del pecado e hijos del diablo. Primero, ellos no hacían las obras de Abraham. Ellos procuraban matarle a Jesús, quien les hablaba la verdad de Dios. Segundo, ellos no eran hijos de Dios, porque no amaban a Jesús, quien había salido de Dios. Tercero, ellos no entendían la palabra de Jesús. Porque no eran de Dios, y no podían oír las palabras de Dios.

Pero, si vemos el versículo 48, no sólo no creían en Jesús, sino le deshonraban, diciendo que Jesús era samaritano, y tenía demonio. Realmente ellos merecían morir en su hipocresía, soberbia y pecados. Pero, vamos a ver el versículo 51. “De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.” Con misericordia y paciencia los invitó Jesús a arrepentirse de sus pecados y guardar su palabra para ser libres del pecado y tener vida eterna.
Pero, en los versículos 52-57 podemos ver que los judíos no entendían la palabra de Jesús. Y ahora por esta palabra empezaron a agredirle, diciendo: “¿Eres tú acaso mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? ¿Quién te haces a ti mismo?” Y miren el versículo 58. Jesús les declaró, diciendo: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.” ¿Qué significa esta palabra? Jesús es antes de Abraham. Incluso en Colosenses 1:17 dice: “Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” En Juan 1:1-3 aprendimos que En el principio era el Verbo, y el Verbo era Dios. Y todas las cosas por él fueron hechas. El Verbo de Dios es Dios mismo, y es el Creador. Y ese Verbo de Dios fue hecho carne y habitó entre los hombres (Juan 1:14). Jesús es ese Verbo que vino al mundo hecho carne. Jesús es Dios el Creador. Por eso dijo Jesús: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Y por la misma razón también dijo que él era la verdad (Juan 14:6).

Entonces, ¿cómo puede el hombre ser libre del pecado y obtener la vida eterna? Necesita reconocer con sinceridad y humildad que es esclavo del pecado, y merece morir. Y debe arrepentirse de sus pecados, y creer en Jesús, y permanecer en su palabra. Tiene que hacer la lucha por entregar su mente, corazón, tiempo, fuerza y todo a la palabra de Jesús. Entonces puede conocer la verdad, y la verdad lo hace libre del pecado, y le da la vida eterna.

Nosotros éramos esclavos del pecado. Hacíamos pecado, obligados por el poder del pecado. Y merecíamos morir y sufrir eternamente en el infierno. Pero el Verbo, Dios el Creador vino al mundo hecho carne. Y en su carne llevó todos nuestros pecados inmundos y viles, y fue muerto en la cruz. A través de su muerte Jesús nos salvó, y nos llamó a permanecer en su palabra. Somos débiles y pecaminosos. Pero hasta ahora Jesús nos ha ayudado a permanecer en su palabra, y a conocer la verdad. Y él nos ha hecho libres del pecado y de la muerte. Por esta maravillosa gracia le alabamos a nuestro Padre Dios y a nuestro Señor Jesucristo. Oro que, mientras vivamos en este mundo, sigamos haciendo la lucha por permanecer en la palabra de Jesús, y conocerlo cada día más profundamente. Oro que nuestro Señor Jesús nos ayude a servir a Dios, libres del pecado, y a tener vida eterna en su reino celestial. Amén.

Conclusión: ‘La luz y la libertad.’ Son los tesoros que el ser humano ha buscado desde la antigüedad. Dicen que el gran poeta alemán Goethe clamó justo antes de morir: “¡Luz, más luz!” Él había buscado la luz por toda su vida, y murió sin encontrarla. Y algunos budistas se someten a tremenda disciplina de meditación para ser libres. Pero un monje budista, quien era considerado como el Buda encarnado, murió, diciendo: “Estoy cayendo en el infierno por haber engañado a la multitud.”
Pero en esta palabra nuestro Señor Jesús nos dice: “Yo soy la luz del mundo. La verdad os hará libres.” Oro que guardemos con firmeza nuestra fe en Jesús, y permanezcamos en su palabra. Oro que, aun en medio de este mundo que mora en tinieblas y en sombra de muerte, nosotros andemos en la luz de la vida, libres del pecado y de la muerte. Oro que por medio de nosotros la gloria de la luz y la verdad de Jesús sea manifestada a muchos universitarios para su salvación. Amén.