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A veces me gusta pensar… porqué todo salió así.

Cuando me reencuentro con el pasado de forma agradable y a veces ni tanto, cuando reflexiono sobre la millonada de eventos que he visto desfilar por mi historia en construcción, cuando siento que el paso del tiempo ha sido tan intenso pero a la vez pareciese haber fluido tan veloz que necesito parar de vez en cuando para asimilarlo.

Y me pongo a recordar. Recordar cómo hubiese sido todo si mis planes hubiesen resultado, si hubiese funcionado esa manía casi obsesiva que tenía por organizarlos y planificarlo todo, y que ahora comprendo como un mecanismo de defensa contra la tormentosa inseguridad de que la vida me sorprendiese tal cual lo hizo.

Recordar todos los momentos que viví con mis seres queridos a la distancia, como en historias paralelas que no se toparon durante siglos pero que anduvieron en rieles similares de sentimientos que se repetían en distintas locaciones, pero en símiles realidades.

Recordar cómo aprendí a atesorar mis lecciones, cómo hice que mis dolores se convirtiesen hoy en palabras sabias que ayudan a mis amigos, cómo logré que todo aquello que me atormentaba cambiase de color y se iluminara, sin necesariamente cambiar mi esencia personal.

Y después de preguntarme todo esto, sonrío. Supongo que es el cambiar de etapa, el comienzo del resto de mi vida, el año de la rata, quien sabe! Las ganas de sonreír me nacen cuando finalmente comprendo que todo aquello que “recuerdo” no es más que un “recordatorio” no de un pasado muerto con aroma dulce, sino una historia inconclusa que sigue andando incierta, fortuita, a veces insegura, pero a paso firme, hoy adornada por hermosos colores de invierno que llenan reflexiones que tienen todo para congelar, pero que sin embargo estos días me han entregado el más reconfortante de los calores: la satisfacción de aprender, haber aprendido y seguir aprendiendo.

Y no hay un ápice de nostalgia depresiva en esta reflexión. Los días frios y nublados parecen más iluminados por eso, como una sonrisa en un rostro helado que pudiese derretir todo atisbo de pesimismo
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Invierno 2008. Gracias por eso.
► Death Cab For Cutie – “I Was A Kaleidoscope”