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Si tengo que hablar de lo mejor de mi año 2007, es casi un deber religioso tener que mencionar con letras especiales a Death Cab For Cutie.

El año pasado llegaron a mi vida como un montón de e-mails que me mandaba un amigo recomendándome uno de los mejores discos (según él) del 2005: Plans. Como soy una chica poco curiosa en general y como nunca llego a las bandas sin tener una referencia desde otra banda o desde algún single en la radio, durante meses no bajé los mp3’s que estaban almacenados en mi cuenta de gmail.

Hasta que un día melancólico del terrible 2006, escuchando la radio una melodía de guitarra de palo y dulce voz me atrapó. Sorpresa la mía cuando el locutor al final de la canción dice “lo que escuchabas era Death Cab For Cutie y I Will Follow You Into The Dark”. Entonces corrí hacia el computador, revisé los mails en cuestión, y sin dudar mucho bajé (después de meses) el Plans completo. Y se convirtió, con el pasar de los meses y los sentimientos, en mi disco favorito no sólo del año, sino de la década (uff).

Esque Death Cab For Cutie me devolvió la fe en el pop-rock, ese estilo que tanto amo pero que tan aburrida y fastidiada me tenía debido a la constante repetición de fórmulas gastadas que uno escucha en la radio. Las canciones de Ben Gibbard mezclan la simplicidad dulce del que canta con la intención de hacer feliz o dar consuelo a si mismo (y de paso a los demás), con una riqueza musical que debe mucho a bandas como Sigur Ros, Radiohead y R.E.M. Y la mezcla perfecta entre melodías increíbles y letras entrañables es de lo mejor que me ha pasado este año.

Si cuando escucho canciones como esta, realmente creo que la belleza existe,
y que cabe y se engrandece maravillosamente en una canción pop
► Death Cab For Cutie – “Transatlanticism”