Creo que una vez hablé sobre Divididos en este blog, pero lo hice apurada y creo que sin mucha inspiración. Bueno, intentaré reivindicarme esta vez, aprovechando el entusiasmo por este power trío argentino luego de su presentación en Valparaíso.
Es que Divididos es de esas bandas que me provoca una fascinación extraña, una de esas que te deja con la boca abierta y con los oídos desconcertados. No logro explicarme porqué me gustan tanto cada día mas, si precisamente cada día más me alejo de esa cosa del rock&roll, la rudeza y esos conceptos que le gustan a un montón de gente que mucha pasión y garra tendrá, pero que suelen manifestar una amplitud mental digna del cerebro de una pulga.
Pero creo que “la aplanadora del rock&roll” posee una mezcla única y rica en texturas que capta mi fascinación. En ese sentido, y pensando precisamente en esta calificación, recordé a otra de mis bandas favoritas, Black Rebel Motorcycle Club, en el sentido en que ellos tienen una fuerza tan brutal a veces, tan acelerada, tan aplastante...
pero sin embargo, de la misma forma que logra zamarrearte con el volumen y los riff, consigue un nivel de intimidad exquisito que muchas veces supera la dulzura. Es como la delicia de la honestidad, de un relajo que suena realmente honesto y, por lo tanto, bello. Divididos lo logra, Mollo canta tan bien las formas gruesas como las delicadas, e instrumentalmente el grupo puede pasearse con honores entre los decibeles extremos y la intimidad de un unplugged.
Ni hablar de la excelente fusión que hacen del rock más clásico con ese folclor argentino. Dios (si existe) debe saber lo demasiado que me gusta la mezcla de esa música primermundista que me fascina con el sabor de ese folclor latinoamericano que me roba el corazón. Y creo que estos argentinos lo hacen estupendamente, por lo que están en los altares de mis bandas “hibridas” favoritas, junto con Café Tacuba y Los Tres.
Pero lo que más me fascina sobre Divididos, es su capacidad de juntar potencia con belleza. Cuando mueves la cabeza y los pies de puras ganas que te dan de saltar, y de repente una de sus piezas musicales te transporta a algo superior, algo que se eleva por sobre la letra, los acordes, por sobre todo... creo que esta canción es un gran ejemplo de eso. Como explicando empíricamente que la estrechez mental es realmente una estupidez, y la belleza puede abarcarlo todo, y todos al final vamos hacia ella. Y eso es lo que me gusta al fin y al cabo.
► Divididos – “La Ñapi de Mamá”