Cada día me convenzo más que uno vive las cosas cuando tiene que vivirlas, que uno escucha las canciones cuando tiene que escucharlas y que uno ve las películas cuando tiene que verlas.
Después de mucho tiempo sin poder verla, estrenaron en el cable normal Stranger Than Fiction, una película que hace mucho tiempo me tincaba ver por las buenas críticas a su historia. La estrenaron el domingo pasado, pero no quise verla. Entonces me dije "ok el miercoles", pero hoy quería hacer otras cosas en la noche. Busqué en la revista de programación del cable cuando más la repetían, pero ninguno de los horarios me convenció. Entonces dije "ok, entonces la veo ahora".
Y no pudo ser mejor.
Justamente hoy, por alguna extraña razón, todo me recordaba al verano más aburrido pero determinante de mi vida, el del 2005,
y esta película no hizo sino recordarme el sueño eterno que tengo desde niña, el ser escritora y dar vida con mis historias,
el emocionarme con dar muerte a un personaje, en involucrarme con un relato a tal punto de que duele.
Hoy fue un día normal pero extraño. Tan común, tan ordinario, pero tan extraordinario a la vez. Creo que hoy efectivamente comenzó mi año, o al menos, descubrí como debo comenzarlo, con lo fundamental, con lo básico que me mueve en este mundo: mis sueños.
Y me recordé de esa canción que tanto escuchaba en esa época que volvió a mi hoy, de quizás la banda que más me transporta a mis años universitarios y a esa etapa que irremediablemente va quedando atrás
una canción que se volvió un eterno deja vu en días de extraña lluvia de verano
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