Recuerdo, como si no hubiese pasado ningún día desde entonces, que confundí las estaciones de Metro Los Héroes con Los Leones y por eso llegué tarde a un encuentro. Recuerdo después llamar desde un teléfono público a un celular que me dio amablemente las instrucciones para enmendar el error, las que anoté desesperadamente en la mano con mi delineador de ojos . También recuerdo perfectamente ese eterno viaje en micro amarilla 201 hacia La Dehesa, y que me bajé dispuesta a caminar mil pasos con tal de encontrar la famosa casa. Y la encontré, me hicieron pasar y bajando las escaleras estaba el ruido sonando, pero apenas abrí la puerta el ruido dejó de ser tal, porque ya tenía más color de prospecto de canción. Y fue así como entré.
Esa fue la primera vez que vi a Jirafa Ardiendo en su etapa Pulmonía. Incluso el encuentro quedó registrado en unas fotos amateurs que saqué camuflada entre tantos instrumentos (http://www.fotolog.com/jirafa/9681278). Un par de meses antes por fin había podido ver a esta banda que me gustaba tanto desde hace un buen rato, y en una casualidad de esas que suceden en la vida de fan musical, generé una buena onda inesperada con el vocalista Ale Pino desde el momento mismo que se me ocurrió preguntarle sobre sus gustos musicales y me menciona Beatles y R.E.M... (creo que tengo una conexión inmediata con todo fan de rem en el mundo. es muy potente), y eso propició que yo pudiera estar esa fría tarde en La Dehesa en ese ensayo donde conocí los primeros bosquejos de un disco que se ha hecho esperar.
Después pasó mucha agua bajo el puente. Jirafa Ardiendo mutó de formaciones, sonidos, acumuló experiencias y procesos difíciles, pero siempre con la meta de dar vida y forma final a esas canciones que en ese entonces eran solo melodías sin letra ni nombre ni parafernalia. Recordar esas veces que iba a verlos ensayar me provoca una nostalgia increíble, no sólo por el hecho de recordar que vi a una de mis bandas favoritas en ese lugar de privilegio, que conocí esas canciones desde su feto mismo, sino también porque, tal cual el proceso de ellos llega a su fin con el inminente lanzamiento de su nuevo disco Pulmonía, también se cierra una etapa para mí, para mi vida, para este viaje extraño pero apasionante llamado vida.
La niña despistada que se perdió en la capital esa tarde ahora es una mujer en incipiente estado de adultez, ya no me pierdo con tal facilidad (aunque a veces pareciera que sí) y he contestado muchas de las preguntas que entonces se cobijaban en mi cabezota preguntona. Todavía guardo y miro con cariño los recuerdos de esos años, las pequeñas joyitas que cayeron a mi resguardo (gracias Ale), y me parece increíble todo lo que ha pasado desde entonces hasta ahora. Sigo yendo frecuentemente a los conciertos, pero ya aprendí que muchas veces no se puede, que la vida común apremia, que el rock&roll debe esperar. Pero a pesar de todo, ese mismo espíritu melómano que me movía a los 21 me sigue inspirando lo mejor de mí a pocos meses de cumplir mi primer cuarto de siglo, y la sonrisa, aunque más desgastada, sigue entusiasta igual, para entregarse a quien la quiera recibir. Siempre.
Ya no soy una “Oruga”, como esa canción maravillosa que tanto amo de ellos,
sino más bien me siento en estado de crisálida,
a pocos segundos de tener que echarme a volar.
Este 5 de abril Jirafa Ardiendo lanza su nuevo disco Pulmonía en el Cine Arte Alameda. Obviamente, iré, y aunque deba cruzar casi todo Chile para hacerlo, lo haré gustosa. Este para mí, no es sólo el lanzamiento de un disco más, sino también significa un fin de etapa, una hoja escrita más, un nuevo motivo para comenzar. Y lo haré con esas canciones maduradas al fin, de la misma forma que espero verme yo también madurar.
Creo que la niña despistada que iba en la 201 así lo querría. Y se iría feliz por la calle cantando sin pudores esta hermosa canción.
► Jirafa Ardiendo – Lectura Veloz
(un nuevo clásico de mi vida, en versión programa La Llave Inglesa)