Nunca me he considerado una persona desafortunada en la vida. Si lo habré hecho, seguramente fue en aquella etapa inmadura y compleja llamada adolescencia (y ya hablé de eso en un post anterior). Tengo momentos buenos y momentos malos como todos, y reconozco que suelo tener mala suerte para tonteras como los juegos de azar, las salidas a carretear y esa cosa rara llamada amor. Pero con todas las bendiciones y oportunidades que he podido disfrutar en mi existencia sería una imbécil con todas sus letras si tuviese ese ánimo emo, radioheyiano o morriseyano (que es básicamente la misma wea; deprimirse por tontos problemas burgueses que no le interesan a nadie pero uno cree que sí).
Sin embargo, hay un concepto que sí me da vuelta de vez en cuando en mi vida: loser. perdedora. Debe ser que crecí durante los noventa y quién no fue un “loser” durante esa década, si prácticamente toda nuestra cultura pop, el grunge, los simpson, la canción de beck, todo nos llevaba a la misma conclusión: somos losers. Y si bien ahora que lo pienso es un concepto tan ridículo como lo emo, en su momento fue mi bandera de lucha frente a esa inexplicable mala suerte cotidiana que me perseguía.
Eso, hasta que conocí el concepto que cambió mi vida: el Plinplin. Mi amiga Leyla me lo presentó, y si habría que definirlo podría decir que un “plin plin” son esas cosas que pintan para salir bien pero al final, irremediablemente, algo sucede que sale mal. Como el “casi casi gané” de Álvaro Peña, como la Ley de Murphy pero sin sentencias tan claras. Un plin plin es imprevisto, impensado, casi ridículo, de esa mala suerte que te hace sonreír de lo absurda que puede llegar a ser. De esas que cuando sucede, no te nace nada más que tirar un suspiro, y decir resignada “plin plin”.
Hoy me sentí muy plin plin. Después de un robo el fin de semana, que no fue ni terrible ni demasiado grave pero si con molestas consecuencias, me sentí cansada de contarle a la gente lo que me había pasado y ver en las miradas la misma mirada que veía siempre: “claro, por andar loqueando como siempre le habrá pasado”. Como si no me hubiese esforzado en madurar, en ser mejor persona, más responsable, más conciente y menos temeraria. Como si mi proceso de crecer no hubiese servido de nada porque siempre seré “la tontona que le pasan weas por andar potoloco por la vida”.
Pero ellos no saben que no es así, no es mala suerte ni irresponsabilidad ni desgracia. Que esto es sólo un plin plin. Uno más de tantos que vendrán. Y si hay una canción que me refleja es esta, el seguro futuro hitazo (si esq ya no lo es) del nuevo disco de Los Bunkers “Barrio Estación”, con el que he vuelto a creer en ellos y me han vuelto a tocar la fibra con sus letras. Porque como canta Francisco Durán, “rebobinar las horas, no es lo que más me importa. yo cuento con que estés aquí”. No tengo nada que esconder.
Gracias por leer. Esto es sólo un plin plin, eso a nadie se le puede olvidar.
► Los Bunkers – “Nada Nuevo Bajo El Sol”