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Un año atrás (pueden revisarlo si quieren), hablé sobre terapeútica que puede ser la música triste, a propósito de la maravillosa Cat Power y eso de que nunca se puede estar más triste que ella. Bueno, ahora voy a hablar de otro paradigma de la bella tristeza, el señor Bill Callahan, conocido melómanamente como Smog.

Para escribir esto estuve leyendo un poco por internet alguna información de él. Lo conocí hace algunos años cuando tuve la suerte de que llegara a mis manos la BSO de "High Fidelity". Ahi sale Smog con Cold Blooded Old Times, una cancion bastante pop y movida para lo que es realmente el resto del catálogo de este cantautor.

Porque las canciones de Smog son de esas ideales para tomarse un café mirando la ventana mientras llueve o caen hojas otoñales. Y para suspirar mientras uno apoya la cabeza cansada en un almohadón. Me imagino a Bill Callahan como un tipo tímido, de esos cantautores que tienen más de folk que de rock, que hablan con más confianza a través de una guitarra que de su voz, y que es tan avergonzado de todo que simplemente no preguntó a nadie cómo se grababa una canción, y lo hizo con su casetera de la forma más rústica posible (detalle que a mi me encanta por lo demás).

Smog no es musicalmente alucinante como pueden ser otras bandas como Sigur Ros o mis amados Death Cab For Cutie. Es más, todo el mundo reconoce que las canciones son más bien lánguidas y repetitivas, como un estado latente de melancolía mental. Y yo creo que ahí precisamente radica la mayor gracia de Smog/Bill Callahan: sus canciones son ideales para esos momentos en que uno no quiere ni pensar, ni reflexionar sobre lo que pasa ni tratar de cambiar algo que no es cambiable. Simplemente, es dejarse estar, apoyar la cabeza, y vivir una emoción tan hermosa como desconcertante, sabiendo que ese tipo ronco que te canta parece estar tan melancólico y existencialista como tú.

de muestra, una delicia,
► Smog - A Guiding Light