El amor a Dios y al prójimo es el mejor testimonio y camino a la Santidad. Hoy
celebramos al Beato Manuel Domingo y Sol. Nacido en Tortosa
(Tarragona) en 1836, de su familia aprendió a vivir en la Fe con una
buena educación cristiana y humana. Siempre estaba dispuesto a tener
un corazón que amase a Dios y ayudase el prójimo. En plena
adolescencia, ingresó en el Seminario de su Diócesis, ordenándose
sacerdote a la edad de 24 años. En su primer tramo desempeñó
diversas tareas, siendo párroco, capellán de religiosas y
levantando diversos Conventos. En ese trato con la gente conoce a
muchos jóvenes que sienten la llamada a la vocación sacerdotal,
pero no pueden pagase estudios ni la estancia en el Seminario. Pero
más tarde, cuando
ve a un seminarista pidiendo en la calle para pagarse estudios funda
“los
operarios diocesanos” también
llamados Josefinos. El objetivo era formar futuros sacerdotes
expertos en Santidad de vida que estuviesen preparados para llevar a
Dios a los demás y ayudarles en sus necesidades cumpliendo desde la
caridad las obras de misericordia. Fundador de los Templos de la
Reparación a la Eucaristía, también levantó el Pontificio Colegio
Español en Roma por el que han pasado multitud de sacerdotes para
formarse y estudiar en la Ciudad Eterna. El
Beato Manuel Domingo y Sol murió en 1909. Algo más que le
caracterizaba era su amor a la Virgen María lo que le daba dulzura y
acogida a los que se le acercaban.