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Hoy
nos encontramos en el Domingo de La Palabra. Fue instituido por el
Papa Francisco en 2020 para conmemorar los 1600 años de la muerte de
San Jerónimo, autor de “La Vulgata”. Precisamente la Palabra de
este día nos lleva al arresto de Juan que se corre por toda Galilea. 

Es cuando el Maestro empieza a predicar ya invitar a la conversión
porque se ha cumplido el plazo y está cerca el Reino de Dios.
También celebramos la Conversión de San Pablo. En los Hechos de los
Apóstoles, aparece Saulo, custodiando las ropas de los que se
pusieron a lapidar al Diácono San Esteban y aprobando su muerte. 

Durante la violenta persecución a la Iglesia, este judío celoso de
la Ley Mosaica, estaba dispuesto a perseguir a cuantos siguiesen al
Hombre de Nazareth. Pero un día, cuando marchaba por el camino hacia
Damasco, con una gran lista de cristianos a los que detener, se
encuentra con el Señor Jesús, como él mismo alegará ante el
Sanedrín, preguntándole: “Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues?”. 

Al preguntarle Pablo quién eres, le contestará: “Yo soy Jesús
Nazareno a quien tú persigues”. Desde ese momento, siguiendo la
recomendación del Señor, se hace bautizar por un sacerdote anciano
llamado Ananías, que le incorpora para la causa del Reino de los
Cielos. 

Después se acerca a saludar a los Apóstoles y empieza su
misión en la Comunidad Eclesial. Una vez más, la Providencia Divina escribe recta con renglones
torcidos, cambiando de Saulo perseguidor por Pablo, Apóstol de los
gentiles.