Los
Santos siempre han vivido con sencillez cada momento de su vida. Eso
les ha hecho grandes a los ojos de Dios. Hoy celebramos a San
Ildefonso, que fue siempre un sencillo servidor del Señor y de los
demás. Nace a principios del siglo VII, ingresando, en el Monasterio
de Agalí, uno de los más emblemáticos en la España visigoda.
De
él sería Abad. Aquí comienza a estudiar, perfeccionándose después
en Sevilla, y aprendiendo mucho de San Isidoro. Siempre tuvo gran
devoción por la Sagrada Escritura. De hecho hizo reflexiones
sencillas sobre Ella con el fin de que la gente la entendiese mejor y
se acercase más plenamente a Dios.
Ordenado Diácono por San Eladio
en Toledo, en el año 659 será obispo de esta Diócesis. Siempre
destacó por su profunda espiritualidad y sus escritos teológicos. Gran devoto de María, defiende en sus obras la Virginidad de la
Madre de Dios.
Entonces la Virgen se le aparece, regalándole una
Casulla, bordada por Ella Misma para que la usase en las
celebraciones marianas. De hecho le nombró su Capellán Mayor. Todo
esto ocurrió el 18 de diciembre, día en que este Santo fijó a
Nuestra Señora de la O para vivir un poco más a Santa María Madre
del Verbo Encarnado.
Y es que el Misterio de la Encarnación quedaba
diluido en marzo debido a que siempre coincide con la Cuaresma, la
Semana Santa y, a veces, hasta la Octava de Pascua. San Ildefonso
muere en el año 667 y sus reliquias reposan en la Catedral de
Zamora.