Dios
premia a los sencillos porque su única aspiración es servirle a Él
y al prójimo. Hoy celebramos a San Julián, cuya trayectoria siempre
fue, orar y servir como cristo dice en el Evangelio. Su nacimiento se
sitúa en Burgos en el año 1128. De familia humilde y muy sencilla,
su origen procede del mundo mozárabe.
Ahí aprendió a ser un buen
trabajador y una gran miembro de familia. Sus cualidades y su forma
de desenvolverse en el trabajo le marcaron totalmente. Pero en su
corazón anidaba la vocación religiosa. Hombre de oración, siempre
profundizaba en el amor a Dios y al prójimo.
Hecho, algunos le
vieron idóneo para altos cargos porque no era ambicioso, sino que lo
único que buscaba era hacer las cosas bien y con total pulcritud.
Todo esto le ayuda para prepararse y ordenarse sacerdote. Él ya se
sentía bien a los Ojos de Dios. Ya daba por hecha toda su vida.
Pero
no sabía que Dios se iba a servir de los acontecimientos históricos
y sociales para pedirle un paso más. El hecho es que Alfonso VIII en
una de sus empresas conquista Cuenca. Las ciudad era nueva y
necesitaba un ordenamiento jurídico, pero también espiritual y
pastoral.
Y hace falta un obispo, recayendo al final en Julián. Su
aceptación es más por obediencia que por gusto. Pero precisamente
por no tener pretensiones es el designado. San Julián, obispo de Cuenca muere en el
año 1208.