Un día le dijo su padre que tenían que marchar. Después de un viaje infernal los dos llegaron a la costa y allí en la noche junto con otros muchos, muchos más, subieron a un cascarón de madera vieja que con trabajo se echó al mar. Era muy de mañana cuando se despertaron en medio de un gran jaleo. Había humo, había gritos. Había fuego en el barco. Consiguieron subir a cubierta cuando la madera crujió de pronto envuelta en llamas. Su padre le agarro con fuerza, pero el mar con más fuerza los agarró y los arrastró al fondo.
Sobre la tierra de la isla de Lampedusa reposan 300 cadáveres, la mayoría sin identificar. En un centro de acogida se hacinan 114 supervivientes. Faltan por sacar del fondo unos 45 cuerpos y unos cuantos se han perdido para siempre.
Y mientras en algún remoto lugar de África una madre espera…
Siglo XXI.