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MATEO
Introducción
Muchos años antes del nacimiento de Jesucristo, el pueblo de Israel había sido gobernado por el rey David. El pueblo de Israel recordaba a David como el mejor rey que había tenido, y esperaba que se cumpliera la promesa de Dios, de que un día un descendiente de David reinaría sobre ellos y devolvería al pueblo su antigua grandeza. A ese descendiente que habría de venir se le conocía como el Mesías, o Cristo, palabras que en los idiomas hebreo y griego podrían traducirse como «el rey elegido por Dios».
En este evangelio, se da al pueblo de Israel la buena noticia de que el Mesías ha nacido (capítulos 1,2), y que es nada menos que Jesús de Nazaret, el hijo del carpintero José y de su esposa María (Mat 13:53-56). En efecto, de principio a fin Mateo insiste en que Jesús cumple todas las promesas de Dios, tal como aparecen en la ley de Moisés y en los escritos de los Profetas. Esto puede verse en las frases que constantemente repite Mateo en todo su evangelio: «Todo esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por...» (Mat 1:22-25; Mat 21:4); «...porque así lo anunció el profeta...» (Mat 2:5); y «Así se cumplió lo que Dios había dicho por medio de...» (Mat 2:15, Mat 2:17, Mat 2:23; Mat 4:14; Mat 12:17; Mat 27:9).
Además de reconocer a Jesús como el Mesías prometido, Mateo también lo presenta como un gran Maestro. Entre las muchas enseñanzas de Jesús se destacan el gran discurso conocido como el «sermón de la montaña» (capítulos 5–7), los siete ejemplos (capítulo 13), y sus discursos finales (capítulos 23–25). Pero la verdad central del evangelio de Mateo es la respuesta de Pedro, el pescador. Jesús preguntó a sus discípulos: «Y ustedes, ¿qué opinan? ¿Quién soy yo?» Y la respuesta de Pedro fue una confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios que vive y da vida» (Mat 16:15-16).
Uno de los nombres de Jesús, con el que se cumple lo anunciado por el profeta Isaías, es Emanuel, que quiere decir «Dios está con nosotros» (Mat 1:22-25). Mateo nos dice que Jesús mismo nos asegura esto cuando al despedirse de sus discípulos dice: «Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo» (Mat 28:20).