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SE ALQUILA UN ASESINO
Por José Mallorquí

PROLOGO

«Bat» Foster, Alan Harte y «Kid» Dawson recibieron la noticia a los dos minutos y veinte segundos justos de ocurrir el fallecimiento de John Meredith. Ya tenían los caballos preparados, agua en las cantimploras, comida en las alforjas y cartuchos en las cananas, además de unas cuantas cajas de repuesto.
«Bat» frunció sus negras e hirsutas cejas, que alguien había comparado, años antes, con las alas de un murciélago. De ahí le vino a Foster el apodo «Bat» (Murciélago).
—¡Qué idiotez! —gruñó—. Además, estoy seguro de que lo ha hecho para fastidiarnos.
—Todo el mundo vio cómo Meredith se metía por su propia iniciativa entre las balas —observó «Kid» Dawson. Tenía diecinueve años y representaba cuatro menos. Barbilampiño, rubio casi albino, con una abundante cabellera peinada hacia atrás que le llegaba por debajo de la nuca, en un tiempo fue conocido por «Lady» Dawson. Para que dejaran de llamarle así tuvo que matar a tres hombres famosos por su hombría, por sus malos instintos y por su habilidad en el manejo del revólver. La demostración tuvo lugar en la taberna del «Caballo Rojo,» frente a un número suficiente de testigos que pudieron declarar, aun desconcertados por lo que habían visto, que fue Dawson el primero en sacar el arma, a pesar de lo cual tres famosos pistoleros cayeron ante él, tropezando con sus pieles y sus revólveres, mientras en el aire sonaban aún los últimos ecos del ofensivo apodo, que ya nadie volvió a pronunciar en San Dimas del Amarillo, Baja California. En adelante se olvidó lo de «Lady» y se sustituyó por «Kid,» después de asegurarse todos de que a Dawson no le molestaba que le llamaran así.