EL VALLE DE LOS 13 AHORCADOS
Por José Mallorquí
CAPITULO PRIMERO
LA LEY DEL «LOBO»
Walter Brant y sus doce hombres, altos unos, bajos otros, enjutos y musculosos todos, con la violencia y la crueldad pintadas en sus impasibles semblantes, estaban sentados en lo alto de las cercas de troncos de los corrales de la pequeña hacienda de Looner, en el extremo de Valle Dulce.
Antiguamente el valle se había llamado del Dulce Nombre de María y hubo en él una ermita o capilla donde los franciscanos tenían como una pequeña misión. Todo había desaparecido, y el Valle del Dulce Nombre de María pasó a los Izquierdo, que lo compraron en los tiempos de la secularización de las Misiones. Tuvieron algo de suerte, pues la operación se hizo muy legalmente y recibieron todos los documentos que les legalizaban como legítimos propietarios de todo el valle, de sus abundantes y frescas aguas y de cuanto en él había. Pero los Izquierdo no quisieron permanecer en California cuando ésta pasó a ser norteamericana. Se marcharon a Méjico y dejaron a un representante suyo con orden de venderlo todo. El representante vendió fácilmente la casa de Monterrey, las haciendas en Los Angeles, San Luis Obispo, Santa Bárbara y Paso Robles; pero fracasó en lo que parecía más fácil: Valle Dulce. Atraídos por la fiebre del oro y decepcionados a tiempo, numerosos inmigrantes se habían establecido en el Valle, levantando en él ranchitos donde criaban ganado y campos donde cultivaban trigo y maíz.