La degradación ambiental, trae consigo afectaciones a la vida, la soberanía alimentaria, la igualdad, la propiedad individual y colectiva, las condiciones laborales, la vida familiar, la salud física y psicológica, la participación política, y los derechos étnicos. Es decir, hay una relación directa entre los derechos humanos y el ambiente sano, una batalla que decenas de organizaciones ambientalistas han emprendido para defender el territorio colombiano de la profundización del modelo extractivista y a su vez defender a las comunidades vulneradas por algunos proyectos mineros, petroleros y de hidroeléctricas.