Luego de la Doxología y el solemne Amén, comienza la tercera parte de la Liturgia Eucarística: el Rito de la Comunión. Su inicio es la Oración del Señor.
El Padrenuestro es la oración más perfecta, por el sencillo motivo de que nos fue enseñada por el mismo Jesús. Cuando los apóstoles, viéndolo pasar horas enteras en soledad, le dijeron “enséñanos a orar”, Jesús les dijo: “cuando oren, digan...” Los santos nos han dejado meditaciones de una enorme belleza en torno a la oración dominical.
¿Cuál es el sentido de rezarla en este momento? Evidentemente el vínculo más explícito entre su contenido y el momento de la Misa es la cuarta petición: “danos hoy nuestro pan de cada día”. Petición que se puede entender -y así lo hizo siempre la Iglesia- doblemente: como referida al sustento necesario para vivir la vida temporal, pero también al alimento espiritual.