Así suenan en latín las palabras con las que el sacerdote despide a los fieles.
Estas palabras, traducidas literalmente, significan sencillamente “Vayan, ya terminó”. Parece ser que en la Antigüedad se usaban para disolver cualquier asamblea de personas reunidas.
Pero en el uso cristiano, poco a poco, se fue asociando el “missa” con la “missio” de la Iglesia.
Más que palabras de despedida, esta fórmula es un mandato misionero. Así como al finalizar su tiempo entre nosotros, y antes de volver al Padre, Jesús deja a la Iglesia la tarea de la Misión, así también, al finalizar la Eucaristía, el sacerdote, en nombre de Cristo, nos envía al mundo. “La misa acaba, comienza la misión”, dice un canto.