Bendecir –entendida esta palabra en su sentido más profundo- sólo puede hacerlo quien puede crear. Sólo Dios puede bendecir. Al bendecir Dios contempla su creación y la llama por su nombre. Su amor todopoderoso se dirige al corazón y al núcleo esencial de la criatura. De la mano de Dios fluye a raudales la fuerza santa y buena que hace crecer.
Sólo Dios puede bendecir, pues bendecir es disponer sobre lo que es y actúa; es una palabra enérgica del Señor de la creación, aprobación y promesa del Señor de la Providencia. (...)