Es hora de unirnos y hacer juntos un gran abrazo a la tierra, un escudo de amor que la proteja de las traiciones y ambiciones de los que no tienen otro dios mas que el dinero, de los serviles a las multinaciones que quieren saquearla dejándonos miseria y devastación.
Si para extraer un gramo de oro demuelen cuatro toneladas de montaña hagamos con nuestra entereza y dignidad un tesoro mas precioso aún defendiendo la vida y el agua que permita tener un mañana para todos.
Es que la tierra está llorando y es nuestra única casa.
Alabado sea dice la Encíclica Papal entonando el canto de San Francisco de Asís y llamando a proteger la tierra, a escuchar el dolor que emerge desde su seno. Mensaje de la Iglesia que pretenden manipular los políticos que tienen intereses mineros.
Bosetti, Tere Luna, Macri, los que hablan y los que callan cómplices todos de la política donde lo único constante es el dinero y lo demás es considerado descartable.
Política de avaricia y muerte porque el oro no se come, el oro no se bebe, el oro no se respira.
¿De qué sirve tener todo el oro del mundo si destruimos la única casa que podemos habitar?
Hay valores mayores que el sistema económico al que responden los que nos gobiernan no ven.
Hablamos de la vida, hablamos de la tierra y hablamos del agua que éste liberalismo salvaje vestido de distintos colores no mira.
Como tampoco ven a los que excluyen. Política de lo descartable donde las vidas son números que pueden restar con trabajos precarizados y despidos. En éste sentido es necesaria en nuestra Provincia una ley de emergencia social que restituya el empleo a quien le fue quitado y pase a planta permanente a quienes son explotados con becas y pasantías, exigidos con las mismas obligaciones pero sin derecho a igual remuneración ni seguridad laboral. Una ley que contenga justicia social, una ley que mire rostros y no números, una política que escuche el grito de quienes están sufriendo el embate de la política liberal.
La palabra fue primero y en ésta ocasión es palabra de amor a la tierra y al pobre pronunciada por la Iglesia en la Encíclica Papal. Palabra que pronunciamos, palabra de dignidad. La verdad sigue los pasos de la palabra, de la del principio de los tiempos donde el hombre es guardián de lo creado y la de ahora donde el hombre sufre con la tierra por la devastación neoliberal.
Que de fuego sea la palabra que despierte al que duerme.
Que de fuego sea e incendie las mentiras.
Que queme las ambiciones y haga arder los corazones de los que aman la tierra.
del pueblo que resiste
Resistamos, entonces,
Indignemos a los que rinden culto a la destrucción, a los despidos, a la política neoliberal de la avaricia.
Rebelemos la historia para que tengamos un mañana
Que seamos un solo pueblo caminando, latiendo con un mismo corazón guardián de la misma y única casa. Que así sea.