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La historia de los pueblos no se hace de a pedazos ni fragmentos, sino del amor colectivo donde los pocos ya no son pocos cuando se encuentran y se descubren en otros.

Es entonces cuando se dan cuenta que no son pocos ni están solos sino que son la mayoría y que los pocos son los de arriba que no les queda mas que darse por vencidos y obedecer.

Este es el mayor legado y enseñanza de los que resistieron el periodo de dictadura iniciada en el 76. Por eso vencieron y no morirán jamás. Sus palabras son un nosotros, sus rostros son los de todos.

Pueblo somos, pueblo nos hicimos en ellos. Con la rabia, la rebeldía y la resistencia nació el canto de amor a la Patria, canto de amor al hermano, al excluído, canto invencible, canto ultrajado hoy con la visita del Presidente del país promotor de sus desapariciones, de sus muertes y torturas. Canto nunca silenciado, nunca vencido y así como antes también hoy se elevará digno por encima del ruido y la verguenza de los presidentes que mirarán sus monumentos con ojos indignos. Se levantará y la fuerza del dolor y la rabia noble de los desaparecidos, presos, perseguidos, muertos triunfará.

Triunfará sobre los que quieren quitar la verdad de ese canto y hundir la bandera en el olvido.

Triunfará sobre los que apuntaron al corazón del pueblo pero que siguen apuntando aun hoy a nuestros chicos en los barrios humildes. Y es que la represión se ha legalizado en la medida en que el sistema se sigue profundizando. Cambiamos dictadura por democracia pero no se discute si se reprime o no sino cómo se reprime. 5 minutos les damos dice la política macrista quitándonos el derecho a la protesta y a la calle; ni un minuto pareciera decir el policía que con armas largas invade en un barrio pobre. Los nadies de antes son los nadies de ahora. Para los pobres no ha llegado la democracia. Muchos se crian solos, la vida los cria y les deja apenas una esquina donde el aparato represivo los provoca y levanta. Los códigos de contravención, la averiguación de antecedentes, la portación de caras son la sobrevivencia de aquella dictadura genocida de derechos para los que el liberalismo considera descartables y en desuso.

Pero en esas esquinas y calles también anda la memoria de nuestros muertos y desaparecidos y con ellos camina la rabia de quienes abajo son ahora para que los de arriba sean.
Que siga sonando entonces el canto de amor a la tierra, canto de amor al hermano, al excluído, canto invencible resuene en cada esquina y cada rincon de nuestra Patria y para todos sea.