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El pueblo tomó la calle, una vez mas, guardián de la democracia. Fue voces, grito partido elevando un canto a la vida furioso y rotundo. Danzando bajo el sol de una estación equivocada profeta fue de la primavera.

Primavera que se anunció con el manto de mariposas que bajaron en plaza de mayo para bendecirnos. “Cuando un guerrero muere, su alma se convierte en mariposa para acompañar a los que aún siguen luchando” dice la leyenda. Y todos ellos marcharon también, los 30 mil marcharon para acompañar a los que sin voz hicieron cimbrar el sillón del presidente sordo que vulneró el sitio de la memoria llevando a ese lugar al promotor de los crímenes.

Es que la memoria está en el aire llenándonos los pulmones, dándonos vida. Memoria que no es ancla para quedarnos en el pasado, sino empuje para caminar hacia el futuro. Memoria que pone fuego en las palabras para denunciar el dolor y las injusticias y gritar por el periodismo silenciado. Memoria que corre abajo y se vuelve río de amor colectivo a punto de desbordar.

Esa fue la memoria que se rebeló en las plazas para despertar al que dormía mostrando que el triunfo reside en la unidad. Un solo cuerpo con múltiples colores haciendo un ceremonial sin tiempos. Lejos del poder de las mesas largas donde con comilonas fastuosas la farándula y los políticos junto a Macri y Obama brindaron en la vigilia del día mas doloroso que vivió nuestro País, mientras que en las calles estuvieron todos: los excluidos, militantes, despedidos, perseguidos, los niños, los viejos, los pibes baleados de la murga, los trabajadores de la biblioteca nacional, los científicos, el pueblo todo hijos de las heroicas madres de plaza de mayo.

Ellos, los 30 mil nos convocaron y marcaron el camino y caminamos en sus huellas. Huellas de amor y de lucha donde no hay grietas. La grieta está con los dirigentes y políticos que proyectan catedrales de consumo que humillan a la condición humana con políticas de exclusión. Pero con sus derroches y servidumbre al país del norte fueron derrotados ya el 24 a lo largo y ancho de la Argentina, sentenciados a quedar con sus castillos en el aire porque con los dirigentes o sin los dirigentes el pueblo ya empezó a caminar hacia la libertad.