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Reflexión:
Comenzamos la reflexión de La Liturgia del día de hoy, poniéndonos en El Nombre del Padre, etc.

Queridos hermanos y hermanas:
El orden es la colocación de las cosas en el lugar que les corresponde; es el concierto y buena disposición de las cosas entre sí. Y teniendo en cuenta esto, es, pues, necesario saber de dónde viene el orden. Éste, en efecto, tiene que venir de una autoridad, de un ente superior, para que los demás puedan obedecer. Pero este orden que se propone debe ser dictado en razón a la verdad, pues, puede ser un orden inmoral ajustado a la mentira la que se propone.

Por tanto, obedecer el orden de las cosas, está sujeto a hacerlo en cuanto que el orden está establecido en honor a La Verdad Única y Universal. Si un líder lo propone así, su liderazgo y su tiempo de gobierno será duradero, pues, nadie puede negar lo que está en la verdad.

Si la orden viene de un superior, es porque los subordinados la acatan; pero tenemos Un Ser Superior a todos que Es Dios, y Es a Quien seguimos, porque no hay mayor que Él, nadie es superior a Él, y Siendo Él Superior a todo, todos se inclinan hacia Él. Por tanto, la orden que viene de Él es irrevocable, Única y Universal, pues, no solo es porque Él Es Superior, sino, que Sus leyes vienen de Él que Es La Verdad. Ya que Sus Leyes siempre le han dado a la humanidad lo suficiente para que pueda mantenerse el orden y la regularidad de las cosas a lo largo de la historia.

En La Primera Lectura el profeta Jeremías manifiesta el querer de Dios: "Ésta fue la orden que di a vuestros padres"…; es decir, que Dios ha dado una orden a seguir, esta orden fue manifestada a nuestros primeros padres, nuestros antepasados, para que el pueblo de Israel se pueda guiar en honor a La Verdad de Los Mandamientos de Dios; pues, si hay Un Solo Dios ¿por qué se debe tener otro dios que no Es el nuestro? Y si no se tiene otro dios, es porque aceptamos el nuestro, y si lo aceptamos, es porque aceptamos lo que Él nos pida.

¿Alguien puede haber en este mundo que diga: Yo reconozco a mi superior en mi empresa, él dice la verdad, pero yo no quiero hacer caso de sus políticas, solo porque no quiero? Por ello dice: «Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente.» Si existe esa persona, es porque ella es desobediente por soberbia, pues, no quiere hacer caso a la verdad, es decir, que el desobediente está en la mentira, está en el error, y corre el riesgo de ser retirado de la empresa y con ello da mal ejemplo a sus hijos y hermanos, así como dice La Escritura: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres.

"Escuchad mi voz. Nos dice a continuación La Primera Lectura, porque Dios quiere que el hombre escuche a Su Dios, que se deje guiar por Él, pues, Él Es el centro de la humanidad, y ella debe dirigirse a La Verdad, pues, guiándose por La Verdad, el hombre tiene la garantía de vivir correctamente para su salvación, por ello dice: "Caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien."

Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo… continúa La Voz de Dios, pidiendo la unidad entre Él y Su pueblo por la obediencia. Él se dona: Yo seré vuestro Dios, y pide al pueblo que se done: y vosotros seréis mi pueblo. Él en humildad se entrega como Dios y te elige para que tengas la dicha de tener un Dios: Yo Seré vuestro Dios. Tú en humildad recíproca debes entregarte porque Él se entregó primero y tengas la dicha de ser Su pueblo: Vosotros seréis mi pueblo. El mismo salmista dice hoy: Porque Él es nuestro Dios, / y nosotros su pueblo, / el rebaño que Él guía.

Ireneo Hausherr SI - Jesuita: Creer en Dios es creer en alguien que tiene todo en sus manos, es decir, no solamente en alguien Todopoderoso que ha creado el cielo y la tierra, todas "las cosas visibles e invisibles" abandonándolas después a su propio destino o querer, sino en alguien sin cuya intervención no se hace nada de cuanto se ha hecho, se hace o se hará a través de los siglos… porque, hermanos y hermanas, Dios todo lo puede, por ello es que pensamos, queremos y debemos hacer y obedecer la orden que Dios nos dio, pues, Él teniendo todo en Su Manos, todo lo hará en abundancia y mejor . En Dios tenemos nuestras esperanzas, porque el interviene en todo lo que se ha hecho, hace y se hará eternamente. Por tanto, si Él tiene el poder para hacer todo y todo perfecto, y todo perfecto eternamente, es porque en Él debemos anclarnos obedeciendo lo que nos pida, para que lo que hagamos, lo hagamos según Su voluntad, pues, una vez que hacemos cuanto Él quiere, todo será perfecto, pues, Su voluntad es perfecta.

Así es que el hombre en ello tiene su garantía de todo cuanto necesite en esta vida y que servirá de provecho en la otra, porque el hombre hace lo que Dios quiere y Dios dispone de hacer todo cuanto es bueno para el hombre porque Él Es Perfecto y ha tomado la obra obediente de Sus hijos, las cuales servirán para la salvación de cada uno de nosotros y que se cumpla El Plan de Salvación de Dios para la humanidad: Hágase Tu Voluntad en la tierra como en El Cielo ¿Qué más podemos querer si no que todo sea para nuestro bien? por ello dice: "Caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien."

Ireneo Hausherr SI - Jesuita: En resumen, Dios-Caridad creó para hacer felices a otros, es decir, seres inteligentes que le hacen el honor de aceptar libremente su gran designio de alabanza, de la gloria de su gracia (Ef 1, 12, 14) perfectamente uno en sus dos aspectos: «glorificación del Creador por la beatificación de sus criaturas», "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad" (Le 2, 14)… Este gran resumen: «glorificación al Creador por la beatificación de sus criaturas»; quier decir, dar gloria a Dios, que Dios sea glorificado por nosotros, no porque Él lo necesite, sino, porque es consecuencia de que hemos sido salvados por Él, pues, si el hombre está alegre porque ha sido librado de la ignorancia y la condena eterna, y es porque se lo debe a Dios, por tanto el hombre debe corresponderle a Dios semejante favor glorificándolo: honrándolo, alabándolo, adorándolo con todo tu ser: espíritu, alma y cuerpo. Ya que tú salvándote eres beatificado; es decir, eres salvado y esa salvación te da la felicidad, y eres respetable y venerable por quienes pueden ver en ti el ejemplo de rectitud que Dios te pidió y tú obedeciste. En consecuencia: glorificas al Creador por tu beatificación, es el resumen y la consecuencia de la obediencia del creyente vista de parte de Dios. Así mismo dice el salmista hoy: Venid, aclamemos al Señor, / demos vítores a la Roca que nos salva; / entremos a Su presencia dándole gracias, / aclamándolo con cantos.

Todo lo que Dios quiera hacer, el hombre debe obedecer. Porque obedeciéndole el hombre logra toda la felicidad, porque está logrando su perfección: Ser semejante a Dios que lo creó. Ese es el fin del hombre, lograr su perfección conforme al designio de Dios: que el hombre recupere la gracia perdida en Adán pecador, quien fuera regenerado por la gracia que manó de La Cruz redentora, más exactamente, del costado de Cristo. Para ello, el hombre debe aceptar todo lo que Dios hace, y que para el hombre aunque sea bueno o malo, debe seguir en obediencia, en cuanto que lo malo sirve para purificar el alma del hombre, ponerlo a prueba en la obediencia y elevarlo a un mejor y mayor convivir con Dios; todo lo que el hombre le pueda servir a Dios, en cuanto le pidiera su colaboración que Él vio por conveniente.

Obedezcamos como El Hijo obedeció al Padre; pues, siendo Dios Hijo y sentado a la derecha, y a Quien El Padre todo puso bajo Sus pies, pues, hizo a Sus enemigos estrado de Sus pies; Él obedeció perfectísimamente La Voluntad del Padre: Para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad" (Heb 10, 5-7). Ireneo Hausherr SI - Jesuita: Este es el único motivo de la Encarnación, este es el programa completo de Cristo para la glorificación del Padre, para Su propia gloria y para la salvación del mundo, "que estaba perdido por falta de obediencia".

Si también Satanás está en guerra civil, ¿Cómo mantendrá su reino?... nos dice El Sagrado Evangelio de hoy, en donde un mismo rey no puede entrar en guerra con su pueblo, porque dejaría de existir, es el caso de una guerra civil; pues lo mismo pasa con lo que dicen los judíos a Jesús: Hecha a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios… ¿Cómo puede Belzebú, príncipe de los demonios, atentar contra otro demonio? Si ello hace, está propiciando la destrucción de su reino, pues, está combatiendo contra sí mismo. Por tanto, esa afirmación de los judíos, es producto de sus soberbias que los hace sentir mal, porque no pueden hacer otra cosa. Los judíos, en efecto, solo han hablado porque les ha causado incomodidad que Jesucristo haya echado un demonio, pero entraron en contradicción, pues, nadie puede atentar contra sí mismo, porque se auto aniquilaría.

Si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por parte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces… es decir, si los hijos de los judíos echaban demonios, tendría que ser por el poder de Dios, y si el poder de Dios estaba con ellos, ¿por qué seguía dominado el pueblo judío por el imperio romano? Y es que ninguno en el pueblo judío echaba demonios, no había poder para hacerlo, porque era un pueblo que se había apartado de Dios por sus infidelidades y sus injusticias que provenían tanto de sus jefes como del mismo pueblo. Por tanto, con un pueblo corrupto, los hijos cada vez serán más corruptos, y estos hijos son los que serán el claro juicio ante Dios para sus mismos padres que pervirtieron a generación tras generación. Y así dice El Divino Maestro: «Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.»

El poder de echar a los demonios viene de Dios, y lo pone en Su Hijo Jesucristo, por ello dice: «si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.» Había llegado Jesucristo y dio señales de que Era El Mesías prometido, tal como lo dijeron los profetas. El Reino de Dios es manifestado por la misericordia de Dios que desea restaurar el orden de las cosas, lo que el hombre desordenó por el pecado y que producto de ello y la continua desobediencia del pueblo judío hacia Dios, muchos males acarreaban al pueblo. Esos males que El Divino Redentor estaba quitando al pueblo, no solo echando demonios, sino, con Su Sagrado Evangelio del Amor, para que los males del alma que son acechados por los demonios para la perdición del hombre, sean retirados y el hombre pueda gozar de La Luz que Cristo hace resplandecer para que el hombre no viva en tinieblas.

Cuando Cristo echa a los demonios con el dedo de Dios, quiere decir, que con Ése mismo dedo con el que Dios escribió los Mandamientos de La Ley (Ex. 31, 18), con Ése mismo dedo, Cristo que Es Dios, estaba escribiendo El Reino del Padre en el mundo, para que el mundo lo contemple y se salve. El dedo de Dios con el que hizo a Adán y creó a la humanidad y hace todo cuanto existe, con Ése mismo dedo, Cristo nos ha enseñado La Revelación del Padre.

Los judíos que creían aún ser elegidos a grandes cosas, tenían que dar el paso de la humildad y la obediencia, pero sus soberbias tenían a sus almas embotadas de odio y de rechazo a todo lo que viniera en contra suya, de sus propios intereses de dominio imperial. Por lo contrario, El Señor Jesús dice: Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros… queriendo decirnos que los judíos tenían sus propios tesoros de injusticia, soberbia, infidelidad, etc. y ése era el reinado que habían conseguido por sus desobediencias a Dios. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín… Ése Hombre más fuerte Es Jesús que quita demonios a los habitantes de Israel y vence al demonio, y vence a los soberbios de corazón, le quita las armas del pecado en el que estaba sometido el hombre; pecados que los judíos los tenían como armas de fiar para seguir construyendo una vida de error y de condena. Pero Cristo con el dedo de Dios, vence a los demonios, los saca de los poseídos, y reparte el botín que son los tesoros del Reino de Dios que hoy Cristo nos da con la gracia del Sacramento de La Confesión y que perdona todas nuestras faltas. Terminado el arrepentimiento, el hombre queda expedito para abrir las manos y pedir al Padre que le dé según Su voluntad las riquezas de Su Reino para lograr su salvación.

Dios hace y el hombre es un ser hecho: Dios lo hace todo e hizo al hombre. Si Dios te hizo ¿Quién tiene más poder? ¿El que hizo o el que fue hecho? Si tú has sido hecho por Dios, a Él te le debes, porque le debes la vida. Por tanto, entrégale tu vida y obedece todo cuanto Él te pida para que Él haga de ti Su obra maestra, lleno de Amor y Sabiduría y puedas lograr tu salvación. De acuerdo con la ley aplicada en primer lugar a Cristo obediente hasta la muerte: "Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla cuanto hay en los cielos y en la tierra y en los abismos y toda lengua confiese que Jesucristo Es El Señor, para gloria de Dios Padre" (Flp 2, 9-11).

Y para el cristiano que obtiene la victoria de la fe y de la sumisión por obedecer: "Al vencedor Yo le haré columna en el templo de mi Dios y no saldrá ya jamás fuera de él y sobre él escribiré el nombre de Dios y el nombre de la ciudad de mi Dios... y mi nombre nuevo" (Ap 3, 12-13; cfr. 2, 17; 3, 5.) Por eso, El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama." Dice El Señor.

Queridos hermanos y hermanas, que Dios nos bendiga y La Santísima Virgen nos proteja, y que fructifique sobreabundantemente la liturgia de hoy en nuestras vidas.

Los dejo con el mensaje de la importancia de comulgar todos los días o cuanto menos los domingos y fiestas de guardar:
El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene Vida Eterna, y Yo lo resucitaré el último día. Dice el Señor (Jn. 6,54)

En el nombre del Padre, etc.