En las fronteras de Venezuela como en muchos países de Latinoamérica, se vive intensamente el fenómeno migratorio, causada por la aguda crisis política y humanitaria. Pero, más que una estadística, quien tiene la experiencia de conocer a Dios y sentirse amado por él, también tiene una oportunidad de servir y amar en el encuentro con el inmigrante al “acoger, proteger, promover e integrar” (Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2018).