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Escribe Révérend en sus Memorias, una anécdota en la Quinta San Pedro Alejandrino, cuando la muerte por Tuberculosis era inminente… Cuenta Révérend:

El 13 de diciembre hubo una conferencia en la habitación del Libertador, de donde se saca la delicadeza de su olfato: Uno de sus más adictos amigos, el General J. M. Sardá se presentó para hacerle una visita de despedida. Sardá después de haber saludado, tomó un asiento cerca de la hamaca en donde estaba acostado el Libertador:

–General aparte un poco su asiento –Le dijo Bolívar.

Sardá se reculó algo.

–Un poco más –Insistió Bolívar.

Y así lo hizo.

–¡Más todavía! –Repitió Bolívar.

–Permítame Su Excelencia que no creo haberme ensuciado –Respondió Sardá, algo alterado, en respuesta a las palabras conminatoria de Bolívar.

–¡No es tal! –Replicó Bolívar– Es que usted hiede a Diablo

–¿Cómo a Diablo? –Protestó Sardá.

–Quiero decir a cachimba –Le respondió Bolívar.

–¡Ah! General tiempo hubo en que V. E. no tenía tal repugnancia cuando fumaba doña Manuela –Respondió con voz socarrona Sardá, que no se cortaba fácilmente, en remembranza a los tabacos que fumaba su compañera después de la comida.

–¡Sí! –Reflexionó Bolívar– Otros tiempos eran, amigo mío, ahora me hallo en una situación tan penosa, sin saber lo que es peor ¡Cuándo saldré de ella!

Si efectivamente Bolívar hubiera estado tuberculoso, donde el aire fresco y la buena ventilación son fundamentales para un paciente, es absurdo pensar que uno de sus subalternos cometiera la imprudencia, el irrespeto y la desfachatez de fumar tabaco en la habitación del enfermo y menos delante del médico de cabecera ¡Eso es sencillamente inadmisible! Entonces ¿Por qué toda estas mentiras que escribió Révérend? Porque la Tuberculosis fue la justificación para explicar la muerte de Simón Bolívar… y ocultar con una enfermedad un asesinato… Pero esta es otra de las historias que serán develadas en:
LA TUBERCULOSIS DE BOLIVAR

Investigación, Guión y Musicalización: Jorge Mier Hoffman

Ingeniería de Edición y Grabación: Amilcar Vizcaino

Lectura: Porfirio Torre