Cuando era niña, mis abuelos vivían con nosotros. A pesar que mi abuelita era una viejecita encantadora, yo prefería a mi abuelo, hombre grande y tosco con quien construí una hermosa complicidad. Él fue mi confidente, mi maestro, mi guía y mi mejor amigo; con él descubrí que el cielo está lleno de personas y objetos, que a los animales se les cuida y a la gente se le ama.