Dos preguntitas
Natacha y su papá caminan de la mano, rápidamente pues llegan tarde a la escuela.
-- Oye, pa, te quiero hacer una pregunta.
-- Mejor no.
— ¿¡Por qué, pa!?
— Porque cada vez que empiezas así hay que agarrarse la cabeza.
— Bueno, oye, quiero hacerte una pregunta.
— Tú hazla y después vemos.
— ¡Papá, no seas así! ¡Me vas a chivear!
— No, cero. Y no vayas más despacio que no llegamos.