Mayo de 1979 fue caluroso; ese día vestía el uniforme de deportes de la escuela: short y playera blanca. Hacíamos un trabajo artesanal de tejido con palma, para el día de las madres. Para que no se quiebre la palma debe permanecer húmeda, así que nos organizamos para ir por agua. Cuando fue mi turno, la maestra me alcanzó, me llevó al baño y me dijo que permaneciera ahí. Me prestarían una falda porque me había manchado. Pero sobre todo para informarme que, a partir de ese momento y para evitar accidentes, no podría ir vestida de modo tan inconveniente a la escuela...