“Mira, si aquí se construyera una pequeña presa —le decía y sus ojos brillaban— y al fondo una cruz que marque el final o el principio de ésta, ¿te imaginas? Las peñas, un puente, el agua cayendo en cascada y allá enfrente el mirador”, no dejaba de moverse, su pasión contagiaba.
Juan, su esposo, la pensaba, la veía, la escuchaba, así tan ella. Se inundaba de recuerdos, hacía ya tanto tiempo...