Hay orillas que nunca terminan
y se vuelven redondas
como la tierra.
Hay orillas que inspiran,
las del mar, por ejemplo,
las de una guitarra afinada
o las de una mujer decidida.
Quedarse en la orilla
suena a meta no alcanzada,
pero es necesario visitar otras latitudes.
Ir todo el tiempo por el centro
aunque sea ganando
deja de causar admiración...