Ocetolt acaricia el grillete.
Recuerda cuando su madre, la sacerdotisa, le contaba que su nombre significa jaguar, por estar destinado a grandes sucesos: ser uno con la naturaleza.
Sonríe al escuchar las pisadas aceleradas; los gritos de los marineros al intentar desahogar la proa, sabe que no lo lograrán. Lo lamenta por las ratas que corren y suben por sus piernas intentando huir del galeón; por las ovejas que balan mientras el mundo se inclina.