Me arrebataron mi nombre en el desierto, Juan.
Garras de odio me lo quitaron a jirones
y lo arrojaron entre los muéganos congelados
de una noche sin luna.
Me lo hicieron pedazos
en medio de un silencio de siglos,
de horas sin infinitas
cargadas de dolor y humillación,
ante cada sílaba ensangrentada
que se perdía en aquella oscuridad maldita...