UNA DE LAS EMOCIONES MÁS DEVASTADORAS son los celos. Son el tipo más antiguo de pecado (Isaías 14:14) y pueden herir no solo las relaciones interpersonales (2 Corintios 12:20), sino también nuestra salud física (Proverbios 14:30).
Los celos tienden a ser personales; apuntan a una persona que se percibe como un rival o una amenaza. Como resultado, los celos a menudo causan violencia, ya sea psicológica (abuso verbal, calumnias, críticas) o físicas. ¿Quién no ha sentido, en algún momento, la miseria que esta emoción trae consigo?
Esta lección proporciona ejemplos de personas que permitieron que los celos impactaran en su conducta: Satanás, los hermanos de José, el rey Saúl y los sumos sacerdotes de los tiempos del Nuevo Testamento. El resultado siempre fue desastroso. Cuán fascinante es que, para comenzar, todas estas personas gozaron de una condición y privilegios elevados. Pero, todos cayeron en la trampa de odiar a alguien por lo que era o por lo que tenía.
Dios nos advierte que nos alejemos de ese sendero erróneo y anima a sus hijos a amar a su prójimo hasta gozarse con él por sus dones, sus logros y sus posesiones como si fueran los propios.